Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

lunes, 27 de abril de 2026

Música y amor


No necesito su aprobación/ ni el vil metal con que me tientan

Cada vez que veo a los Aterciopelados, recuerdo aquella primera vez. Un cuarteto rocker, excitante, casi punk, con una cantante altísima y de pelo cortísimo, que hipnotizaba y enamoraba y golpeaba con sus canciones. Recuerdo también aquel primer piso de un boliche por Almagro, de techo bajo, tanto que estiraba la mano y casi lo podía tocar. Y recuerdo que aquella noche hacía tanto calor que todos sudábamos, ellos allá arriba del escenario, nosotros abajo, y en ese recuerdo hasta aquel techo estaba todo sudado. Estoy hablando del siglo pasado, estoy hablando de hace mas de treinta años atrás, lo decía el cartel del fondo del escenario del show con el que volvieron a tocar anoche en Buenos Aires, celebrando los 30 años de La pipa de la paz. Fue el disco con el que dieron la vuelta olímpica por el éxito de su hermoso, fascinante y encantador Bolero falaz, pero al rocker joven que era yo entonces le gustará siempre aquel primer disco difícil de conseguir, con un título inmejorable para un debut (Con el corazón en la mano), y especialmente su sucesor El dorado, que llegó en el momento perfecto, con las canciones necesarias para conquistar si no a la latinoamérica rockera unida al menos a ese publico fascinado por ese sueño bolivariano llamado MTV, que quedó impactado ante la visión del video iniciático de Bolero falaz, que dejaba queriéndolo ver una y otra vez, y que lograba encapsular gran parte de lo que les llevo contando, pero ademas sumaba una postal de Bogotá que intrigaba al punto de querer viajar para conocerla, y last but not least la canción tenía ese inesperado y perfecto “y te cagaste de risa” que sonaba tan porteño y propio, tan irreverente y al mismo tiempo tan a tono con los tiempos, con aquellos tan nuevos tiempos de los noventa, que hacia que todo el combo fuese irresistible. Todo esto pensaba anoche durante el show con el que volvieron a tocar en Buenos Aires, celebrando un disco repleto de hermosas canciones, con Hector y Andrea acompañados por una banda que los arropó hermosamente, todos con su correspondiente vestimenta de la que salía un rostro de bebé del medio del pecho –Andrea tenía dos, a la altura de las tetas–, como las que escondía el fondo de aquellas tazas de ceramista de sus comienzos, como el que sale del pecho deforme del futuro encarnado en Total recall, aquella fantasía de liberación marciana firmada por Verhoeven. Hubo varios problemas de sonido y especialmente de cables anoche, lo que impidió que fluyera el show naturalmente, pero eso al mismo tiempo permitió que el recital fuese otra cosa, que no se nos escurriese profesionalmente entre los dedos, y en cambio que existiera un ida y vuelta, una conversación que lo convirtió en lo que era, un encuentro con ese grupo que entiendo que, a su manera, siempre desafió a una industria que nunca supo muy bien qué hacer con ellos. Esa Cosita seria que sigue siendo Aterciopelados con Andrea al frente (“No tengo pelos en la lengua/ ya superé el qué dirán”), mas punk ahora que entonces, con su feminismo en la mano y de armas tomar. Pero además porque esa ausencia de pelos en la lengua, de superar el qué dirán, le permiten  firmar una canción como la que cerró anoche el show, su último simple, en el que pone en escena crudamente su último encuentro con la muerte, con el cáncer por el que tuvo que pasar por una masectomía bilateral, como lo explicita en La teta pirata. No creo haber escuchado un tema tan literal sobre el tema, al punto de convertirse en un exorcismo emocionante. Al presentarlo en Vorterix, Andrea dijo –después de contar todo lo que tuvo que atravesar, todo lo que después cuenta también en el tema– que estaba feliz, porque estaba viva. Y habiendo tenido tantos amigos en los últimos tiempos que no pueden decir eso, que ya no están, no sólo celebro que Andrea esté acá, y pueda decirlo. Sino que además me quedo con el tramo final del tema, una suerte de inesperado y necesario viva la vida, que en su final repite y repite, como se repitió anoche y espero se repita en todos los shows de una gira que durará todo el año (que arrancó el viernes en Chile, y mañana será el turno de Montevideo), como un salmo el deseo de música y amor, música y amor, música y amor. Sin los cuales todo esto, el mundo, los días, las noches, las canciones y hasta estas líneas, no tendrían el más mínimo sentido. Y agradezco, por más punk que se haya sido y se siga siendo en el corazón, haber vivido lo suficiente como para entenderlo. 


jueves, 5 de febrero de 2026

Música Cretina 2026 #1

ESTO NO ES UN PROGRAMA

1-1-2026

Lado A

“Taxista, llévame al cielo/ busco trabajo y quizás en el cielo lo encuentre”

1.- Pau Riba, Taxista
2.- John & Jackie, Little girl
3.- Lucho Macedo y Su Sonora, Caramelos
4.- Boo Boos, The toughest bitch I know
5.- Bertrand Belin, Berger
6.- Pascal Comelade c/PJ Harvey, Green eyes
7.- Polgar 3, Cada tanto

Lado B

“Me gusta cómo saludás/ me gusta cómo te portás mal”

8.- Natalie Bergman, Dance
9.- Count Five, Out in the street
10.- Nous Étions Une Armée, Heureux comme un roi
11.- Silvia & Salvador, Muerte chiquita
12.- The O’Jays, Lipstick traces
13.- Gepe c/Cristián Heyne, Noche D sol
14.- Men I Trust, Purple box
15.- Marisa Monte, Doce vampiro (Rita Lee)
16.- Laura Canoura, Qué pasa con estos humanos

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lunes, 5 de enero de 2026

Marisa Monte, "Doce vampiro" (Rita Lee)

Ahí las tienen, dos reinas, dos cretinas honorarias desde siempre. Las dos presentes en el primer no-programa de esta nueva temporada. ¿Ya lo escucharon? ¿Ya le dieron play? ¿Ya llegaron al momento en que suena Marisa homenajeando a Rita? La imagen que acompaña estas líneas –una captura de video, en realidad– es de unos 30 años atrás, cuando Rita Lee convocó a Marisa Monte a cantar Mamae natureza en su show A marca da Zorra. Es una delicia, dos minutos hermosos, búsquenlos y disfruten: vean a la veinteañera Marisa deslumbrada por compartir escena con su ídola, que la celebra de la mejor manera, casi casi a lo Bowie ante Mick Ronson en su etapa Ziggy: las dos muertas de risa y de cariño. Fast forward ahora y Marisa convoca la memoria de Rita al versionar uno de sus clásicos, Doce vampiro, en sus shows presentando su disco Portas, y lanzándolo como simple en honor a la ídola que ya no está. Una versión breve e hipnótica, que subraya la hasta entonces velada filiación del tema con Breathe de Pink Floyd: así es como suena, así es como seduce, así es como clava los colmillos, buscando esa sangre que –como dice la letra– se bebe caliente, como un licor. En su indispensable y criminalmente aún sin traducir autobiografía, Rita confiesa haber escrito el tema recién salida de la cárcel, vuelta a vivir en casa de sus padres y embarazada de su primer hijo, soñando con las visitas de fin de semana de Roberto de Carvalho, que terminaría siendo su compañero de toda la vida. La versión original de Doce vampiro apareció su disco Rita Lee de 1979, el del tatuaje-logo, que lleva sólo su nombre en la portada pero la foto de la contratapa no la deja mentir: aparece en toda la gloria de su segundo embarazo, apoyada en un Roberto inmortalizado en su pose más rockera: es el primer disco que crearon codo a codo y está lleno de clásicos que los acompañaron por siempre. El homenaje que Marisa le dedicó a Rita versionándola en sus shows en vivo, se completó con una invitación al sobreviviente Roberto, que después de una década sin subir a un escenario rompió el luto a los 71 años acompañándola no solo en esa versión, sino haciendo también Manía de voce y Ja sei namorar: la fiesta siempre está garantizada. No solo eso: es necesaria e indispensable con los tiempos que corren. Por eso les pido, en este primer lunes de un año aún por estrenar, en que el mundo amanece verdaderamente nuevo y amenazante, háganse un favor y dejen sonar el flamante no-programa. Si hay un nuevo orden también hay y una nueva temporada de la música que todo lo cura, o al menos ayuda a olvidar. Esa que es cretina, claro que sí. 


sábado, 3 de enero de 2026

Pascal Comelade c/PJ Harvey, "Green eyes"

Veo a la gente irse/ camino por esta triste ciudad

La que canta es la de la foto, y el que está a su lado es quien toca el piano. Se los presento, aunque con ella no hace falta: se trata de una joven Polly Jean Harvey, acompañada por el franco-catalán Pascal Comelade. Dos cretinos honorarios, presentes en el primer no-programa de este año nuevo que por más nuevo que sea no deja de cambiar día tras día, mecacho. La velocidad de las cosas, titulaba un escritor amigo de la casa. Lo cierto es que por mas veloz y efímero que demuestre ser todo, a la vez siempre estamos hablando de lo mismo, y sino repasen el verso con el que arrancan estas líneas, que por más que haya sido escrito –y cantado– en los últimos años del siglo pasado, es imposible no pensar en el aquí y el ahora. Los que conocen de ida y vuelta la obra de la gloriosa PJ saben que una de las perlas fuera de sus discos es un tema desgarrador y hermoso que firmó con Comelade: Love too soon. Además de formar parte de la banda de sonido de una película de Hal Hartley (¿alguien lo recuerda?), titulada The book of life, es una canción incluida en L’argot du bruit –algo así como “La jerga del ruido”–, un disco de Comelade que tenía no uno sino dos temas con la Harvey. El que suena en este nuevo Música Cretina es el otro, el inquietante y al borde del estallido Green eyes, en el que la voz cantante –de ojos verdes– habla de un amante que no se atreve a sostenerle la mirada. Me llamaba Magdalena/ era tanto lo que mis ojos habían visto, canta Polly Jean desde aquel disco fechado en 1998, reeditado en el 2015 y cuyos mejores temas –los dos de los que ella participa, por supuesto– son rescatados en la antología del catalán y francés Les memoires d’un ventriloque, donde desfilan también las voces de Miossec, Robert Wyatt, Paul Riba, Albert Pla y Accidents Polipoétics, entre otros. La Harvey ha contado que conoció a Comelade allá por 1992, cuando salió de gira teloneando a Gallon Drunk (¿alguien los recuerda?), que antes de sus shows hacían sonar la musica del buen Pascal. Así fue como quedó prendada de su particular poética y sonido de juguete, al punto de empezar a mencionarlo en las entrevistas, y así fue como le llegó la invitación para grabar juntos. L’argot du brut fue desde siempre uno de los tesoros de mi discoteca, y como para que no queden dudas de por qué está ahí es que descansa entre los discos de ella. Recién buscaba una foto de ellos dos en el librillo interno para ilustrar estas líneas y sólo encontré un hermoso retrato de PJ firmado por Comelade. La foto con la que abre este posteo la robé de un video que descubrí en YouTube, y el verso que disparan estas líneas hablan del desasosiego de un presente desangelado, que ni los dientes nos muestra, porque sabe que no tenemos nada para darle. Solo queda la música, y la poesía. Y ni siquiera por cretinas pueden salvarnos, solo permiten matizar el dolor y el vacío de un mundo que ya nos nos tiene en cuenta, ni nos puede sostener la mirada.  


viernes, 2 de enero de 2026

John & Jackie, "Little girl"

Hay año nuevo, quién lo diría, y también hay una nueva temporada de Música Cretina, ustedes lo pidieron así que acá estamos. Pero si estamos es gracias a tipos como el de la foto, capturado en plena faena en el estudio de grabación, haciendo lo que más sabe hacer. El hombre en cuestión se llama Gene Maltais, y es algo así como un personaje secreto del rockabilly de los años ’50, y también podemos darle el status de héroe por dos cosas mas: primero, porque uno de sus temas es que más hizo por darme ganas de hacer un nuevo no-programa. Y segundo por ser el único nombre reconocible –y por lo tanto suponemos que el responsable– de una versión algo más movida del show orgásmico que catapultó a la fama internacional a Serge Gainsbourg con Jane Birkin... ¡pero editada una década antes! Atribuida a unos desconocidos John & Jackie, Little girl es impresentable de muchas maneras, pero también resulta irresistible. Y una canción más Cretina no se consigue. Llegué a ella gracias a Andrés Perruca y un desquicio de libro titulado Vida de un pollo blanquecino de piel fina, un derroche de páginas y de buen gusto musical, nada raro viniendo del que fuese conocido como el baterista de El Niño Gusano, otros cretinos honorarios si los hay. Aparece como parte de una enumeración de canciones con susurros y gritos de placer femeninos, pero sus intépretes no aparecen por ningún lado, incluso en esta era digital e interconectada. Hagan la prueba, si no me creen: los únicos John & Jackie que asoman googleando son los Kennedy: ¿Alguien les habrá hecho escuchar alguna vez este simple? El que sí aparece Maltais, que figura como autor del tema, y que no llegó mucho más lejos que un par de simples aquí y allá, en sellos diversos, antes de ir agotando su estrella y, suponemos, dedicarse a ganarse la vida de una manera mucho más honrada. O menos, depende de cómo se lo mire. Acá lo miramos con buenos ojos, qué duda cabe. Gracias a él y a sus temas perdidos –y rescatados– en el tiempo tenemos un nuevo Música Cretina, listo para estrenar, después de un año de silencio. Y qué año. Así que ya es hora de que la música nos salve, si hay algo que nos pueda salvar. Y, como digo siempre, si es Cretina, mucho mejor.    

martes, 18 de noviembre de 2025

De rojo a verde, por Martín Pérez

Esta es la mirada que seguramente tenía Homayoun Ershadi al volante de su auto, mientras estaba esperando que cambie el semáforo en una esquina de Teherán. ¿En qué estaría pensando aquel día de mediados de los ’90 este arquitecto, hijo de un padre que había trabajado para el ejército iraní, que estudió para su título en la universidad de Venecia, y que había ejercido su oficio en su país hasta el ascenso de la Revolución Islámica? ¿Recordaría los primeros días de exilio con su familia en Vancouver, llenos de dudas pero también de promesas? ¿Se estaría cuestionando la decisión de haber dejado Canadá para volver a Irán luego de separarse de su mujer, dejando a sus hijos allá? ¿Quizás estaba pensando en la próxima exposición que estaba por inaugurarse en la galería de arte que abrió con sus hermanos en su regreso a Teherán? ¿O simplemente disfrutaba de dejar su mente en blanco por primera vez en mucho tiempo, solo prestándole atención a esa luz roja que pronto iba a ser verde? Es inútil intentar imaginar qué era lo que pasaba por la mente de Ershadi cuando sintió en la ventana de su auto aquellos golpes con los que comenzaría un inesperado segundo acto en su vida. 

Estaba por negarse automáticamente a lo que fuese que le estuviesen ofreciendo cuando notó que no se trataba de un vendedor ambulante. El desconocido se presentó, su nombre era Abbas Kiarostami, era director de cine, y quería saber si aceptaba ser el protagonista de su próxima película. Hamayoun seguramente no supo qué contestar, tal vez balbuceó que no era actor, que simplemente era un arquitecto. Abbas insistió, y lo que sí sabemos, porque lo dijo en más de una entrevista, es que finalmente le contestó en ese lugar impropio para semejante propuesta que para él sería un honor aceptar. Luego vendrían las dudas, el momento en que Homayoun le confesó a Abbas que sentía que le iba a arruinar la película, y la respuesta de que si la película se arruinaba la culpa sería de él, el director, y no suya, de su actor. Y ahí se acabó la discusión. 

Lo que vino después fue una especie de milagro en continuado, primero porque la película no sólo no se arruinó sino que resultó ser extraordinaria. Y después porque esa pequeña maravilla que fue El sabor de la cereza terminaría tomando de manera totalmente inesperada el mundo del cine por asalto. No solo fue la primera película de origen iraní que ganó la Palma de Oro de Cannes, sino que se estrenó en todo el mundo y convirtió tanto a Kiarostami como Ershadi en figuras internacionales. Acá en Argentina se convirtió en un auténtico suceso, que superó largamente el circuito de las salas de arte y propició algo impensado: que no solo se llegase a estrenar comercialmente toda la filmografía del director, sino que incluso sucediera lo mismo durante mucho tiempo con cualquier película de origen iraní. Aun recuerdo las salas llenas en la sección Contracampo del Festival de Cine de Mar del Plata, y los murmullos de sorpresa al ver pasar, en la pared destartalada de una habitación en medio de la nada, un poster de –¿quién otro?– Diego Armando. 

Hamayoun hizo toda una carrera basada en la profundidad de su mirada, de sus existencialistas ojos negros. Incluso una década después fue protagonista de un suceso internacional aún mayor, el de la película Cometas en el cielo, mucho más obsequiosa con su público y con el mercado, y por eso eso mismo también más olvidable. Pero no sucede lo mismo con El sabor de la cereza (que, supongo, y habría que hacer la prueba, hoy debe ser una película tan actual como lo fue entonces, a fines de los ‘90), y tampoco con Ershadi, ni con ese rostro capaz de contar la angustia de una vida sin decir absolutamente nada, mientras buscaba aquí y allá por todo Teherán y alrededores alguien que lo enterrase debajo de un árbol de cerezas luego de su suicidio. 

Por eso es que cuando llega la noticia de su muerte de cáncer, a los 78 años, es imposible no quedarse pensando en él, en aquella película que abrió la ventana a otra sociedad y a otro universo tanto para los cinéfilos como los que no lo son pero la curiosidad los mantiene vivos y buscando, en aquel mundo en el que supimos vivir, donde las preguntas eran mas importantes que las certezas, donde no saber algo era –y lo sigue siendo, claro que sí– una puerta abierta hacia un mundo nuevo y no activaba la necesidad de tener razón, sea como sea, cualquier cosa con tal de que esas puertas se queden bien cerradas. Y al pensar en él es imposible no evocar también aquel personaje que encarnó y por lo cual no lo olvidamos. Y entonces solo queda esperar que Homayoun Ershadi, aquel arquitecto al que unos golpes en la ventana de su auto lo convirtieron en actor durante la segunda mitad de su vida, haya encontrado al final de sus días su propio árbol de cerezas como destino.


martes, 28 de octubre de 2025

Marianela c/Charly García, "Rara"

Escuchaba a los freaks/ les decía que sí

Dijo el poeta que abril es el mes más cruel, pero habría que decir lo mismo de este octubre que nunca se termina de ir. Y ante el sol que asoma de un martes que amanece tan frío como el alma de los acreedores y también apostadores millonarios que igual corren a cobrar su premio, prefiero refugiarme en la que tal vez sea la canción menos conocida del último Charly que importa, el que nunca apostó sino que se entregó de pies y manos a su destino, nunca acreedor sino eterno deudor y venime a cobrar si creés que sabés dónde encontrarme. Al final del rescate de Música Cretina que aún sigue sonando y podríamos considerar como novedad, retumba en toda su gloria el tema que Charly le regaló a Marianela, que en otra época sin dudas se habría escuchado sin parar y hoy todos evocaríamos en vez de preguntarnos de qué estamos hablando, y cada vez que hago play no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina. Siento todo el tiempo que tengo razón/ si me escuchara más no diría nada, confiesa un García de piel y huesos escondido en una letra escrita para su última colaboradora fiel devenida en cantante, Fabiana Cantilo del nuevo siglo para un Charly que por más que se ponga cualquier máscara siempre termina hablando de él. Pero que, al mismo tiempo, solo al escribir para otros pareciera que se le caen de las manos casi sin esfuerzo esa clase de temas que uno esta obligado a escuchar una y otra vez, instantáneos clásicos García incluso fuera de la vista de todos. Hubo un tiempo que no fue hermoso, pero Charly García estaba vivo. Ahora no nos quedará otra que seguir contando los días y las horas hasta se termine este invierno mientras el buen Charly sigue cumpliendo años, y habría que ser un desagradecido para pretender pedirle un verano. Así que mejor disfrutar de todo lo que nos dio, porque hay mucho para descubrir todavía. Como este tema, una maravilla que no se puede escuchar solo una vez, hay que volver y volver a él, como todo buen licor, como un niño pidiendo otra vez su dosis de teletubbie, como un adicto queriendo volver a ese limbo donde todo está bien y nadie viene a golpear la puerta. Todxs sabemxs que de vez en cuando es bueno descansar de ser los raros. Eso sí, que sea siempre con el puño en alto, los dientes apretados y los ojos brillosos. Como si la vida se fuese siempre en un buen estribillo. Gracias por todo Charly: la cuenta está más que saldada, y eso que seguro aún queda mucho por sumar. Y mientras tanto ni siquiera ese impiadoso
contable que es el tiempo puede impedirnos que sigamos celebrando tu cumpleaños. 

(Esta es una adaptación de un viejo post dedicado al fantástico tema que Charly García le regaló a Marianela veinte años atrás --de hecho, creo que se cumplen por estos días-- para su disco debut, Cajita feliz)    


jueves, 23 de octubre de 2025

Claudio Gabis c/Charly García, "Maradona blues"

Yo ya no existo sin pasado/ entre la oscuridad y la luz

Es uno de los más hermosos temas perdidos de Charly García, y por supuesto no está en Spotify pero –aunque vengo de año sábatico con el no-programa– suena en el Música Cretina que rescaté esta semana para celebrar su cumpleaños. Su título explica por sí solo las razones por las que tiene un lugar de privilegio en esa hipotética lista y, atención, fue grabado en Madrid la mismísima noche en la que el mundo conoció la noticia de que a Diego le había dado positivo el antidoping luego del partido con Nigeria y se quedaba fuera del resto del Mundial de los Estados Unidos. Se grabó en la capital española porque García aceptó la invitación de Claudio Gabis para sumarse a un disco que estaba produciendo Alejo Stivel, que imaginaba un puente entre el rock y el blues madrileño –donde el ex Manal vive desde hace años, y ha realizado una celebrada labor docente– y el de Buenos Aires. El proyecto se terminó llamando Convocatoria, y participan de un lado Fito Páez, Andrés Calamaro, Ricardo Soulé y Ricardo Mollo, entre muchos otros. Y del otro aparecen Joaquín Sabina, Coque Malla, Pedro Guerra y Luz Casal. El resultado final de semejante desfile originalmente fueron dos discos, atribuidos a Claudio Gabis y La Selección –un bautismo grupal que tiene cierto guiño a aquellos discos con La Pesada–, y el primero tiene fecha de 1995, o sea al año siguiente de aquel Mundial. Pero el tema con Charly García de ese disco, que además lo inaugura, es Jugo de tomate, el clásico de Manal. Increíblemente, para que Maradona blues viera la luz habría que esperar dos años más, ya que la segunda parte apareció recién en 1997, con mucha menos promoción que la primera. (Hubo una edición como álbum doble en 2013, con un par de bonus). Pero antes de quejarse por la demora, en realidad hay que celebrar que finalmente el tema haya llegado a buen puerto, ya que nunca estuvo en los planes originales del proyecto, que simplemente soñaba con poder incluir a Charly, que en esa época estaba terminando La hija de la lágrima en Nueva York. Gabis cuenta que lo llamó para invitarlo, que García aceptó, se subió a un avión y se apareció por Madrid. Descansó la jornada de su llegada, y por la noche viajando en taxi al estudio fue que se enteró de la noticia futbolera. El plan original era grabar justamente Jugo de tomate, y a eso se abocaron apenas comenzó la sesión. Gabis recuerda que Charly agarró la botella de J&B que le estaba reservada, le dibujó una línea por la mitad con un marcador y anunció: “Tenemos que tener terminado el tema para cuando lleguemos acá, porque después ya no respondo”. Así sucedió, precisa el guitarrista y homenajeado, pero el asunto es que, una vez hecho lo que habían venido a hacer, siguieron tocando de madrugada –Gabis calcula que sólo estaba con Charly y el baterista, porque según su recuerdo el bajista se fue a la medianoche–, y surgió entonces el tema por el que estamos contando todo esto, en realidad una improvisación que se terminó grabando media docena de veces, con diferentes letras, todas inventadas en el momento. “Todas geniales”, según Gabis. García había llegado por tres días, pero esa noche fue la única que se apareció por el estudio. El Maradona blues terminó tomando la forma que hoy todos conocemos gracias al trabajo de producción de Stivel, que terminó combinando lo mejor de todas las versiones que fueron grabadas aquella noche. Un accidente no es pecado/ y no es pecado estar así, canta García y cantamos todos cuando escuchamos y recordamos aquel tema y aquellos años del Diego, al que por estos días se lo estará recordando ya que se viene un nuevo cumpleaños sin él en este mundo. “Espero que estés en el club de los 27, con Kurt Cobain, Brian Jones y gente buena”, escribió García en su momento para despedirlo. Y agregó: “Esperame ahí que invita la casa. No te equivoques con el paraíso”. Como reza la letra del Maradona blues: “Ahora es cara o cruz”. Vengo diciendo desde siempre que las canciones no hablan del pasado, sino que –las mejores al menos– hablan siempre desde aquí y ahor
a. Y qué mas aquí y ahora que ese cara o cruz, ¿no es cierto? Feliz cumple Charly, acá estamos todos: entre la oscuridad y la luz. 

(Esta es una adaptación de un posteo publicado originalmente, como el no-programa con el tema en cuestión, cuatro años atrás, para celebrar el cumpleaños numero 70 de García. Este es el link para quienes quieran hacer sonar ese homenaje, ese Música García. El Maradona blues cierra el lado A)

miércoles, 22 de octubre de 2025

Moro-Satragni, "Cómo me gustaría ser negro" (Charly García)

Si estuviera enamorado por primera vez/ quizás te podría alcanzar el algodón

No creo que justamente Charly García estuviese pensando en reivindicar la esencia profunda del peronismo o en hacer rabiar a los gorilas cuando le regaló este tema a Oscar Moro para su proyecto con el Beto Satragni, armado luego de la separación de Serú Girán. Sin embargo, en aquel entonces –a comienzos de los ’80–, con mis amigos coreábamos el estribillo con entusiasmo, entendiéndolo como un alegato contra los milicos (el gobierno militar, o sea), con una clave un poco menos enrevesada que las referencias de Canción de Alicia, a pesar del esa suerte de epígrafe del comienzo, donde intenta lavarse un poco las manos: "Esto es parte de un mal sueño...". Pero es que al fin y al cabo no dejaba de ser un fabuloso desplante cantar "Si yo fuera un ciudadano de primera/ amparado por una Constitución" en un momento en que justamente no sucedía ninguna de las dos cosas, y después mandarlos a cagar con todas las letras (en épocas que todavía no se tenían piiip para la cocina, je), doblando la apuesta con eso de "Cómo me gustaría ser negro/ y con mucho olor". Ok, esa era la lectura entonces, pero no se si era efectivamente la intención de sus autores detrás de una canción que, sin todas esas especificidades temporales, suena demasiado enigmática. Para canción de un desplante amoroso es demasiado agresiva, para referencia al amor por la música negra demasiado enrevesada. Tal vez sea por eso que al escucharla ahora, enseguida viene a la mente otra referencia político-específica (aunque claramente fuera de lugar), como la que menciono al comienzo de estas líneas. Pero, más allá de los significados, lo cierto es que este tema perdido firmado por Charly duerante mucho tiempo fue un tesoro privado para sus fans, ya que nunca llegó a ser un exito ni nada parecido. Es una joya escondida, a pesar de que García lo tocó bastante. En YouTube hay un par de versiones en vivo, una extraordinaria con la banda del '82, y otra de fines de esa misma década. Debe, claramente, tener una referencia musical que se me escapa... ¿Steely Dan? ¿Algún jazz-rockero mas o menos famoso? Se me ocurre que debe haber sido algun chiste de sala de ensayo que terminó encontrando su camino hacia una canción, que sin embargo no tuvo el pinet suficiente para estar en el equipo titular. Si alguien tiene mas data, que cuente, porfa. Googleando no encontré ninguna referencia, tanto sobre la letra como sobre la música. Salvo el hecho de que en una lista de los mejores 100 temas de García, anda por el puesto 70. Lo cierto es que fue la estrella del disco menos comentado de los cuatro solistas que sacaron los ex Serú, cuando la separación les abrió la puerta para salir a jugar para todos sus integrantes. Charly y David tenían con qué, Pedro se moría por hacerlo de una vez por todas, pero para Moro debe haber sido todo un dilema. “¿Qué iba a hacer en un disco solista?”, se sinceró para la revista CantaRock. “¿Un solo de batería en un lado y ponerme a bailar sobre el otro?”, agregó con una risotada, como para explicar el nacimiento de Moro-Satragni, que se grabó con un desfile de amigos, con Ricardo Mollo –¡me había olvidado!– tocando guitarra en un tema, muchos Jade –ex compañeros de Satragni– aportando lo suyo, incluso Spinetta regalando una canción para el proyecto. Por supuesto que los ex Serú no se quedaron atrás, y por ahí está Lebón, pero especialmente el que puso la cara y la voz fue Charly, con un regalo que pasó a formar parte de aquellos temas secretos que sus fans supimos entonces buscar y atesorar, como Iba acabándose el vino o Afuera de la ciudad, por ejemplo. Así que no puedo evitar recordarlo en este mediodía de martes preelectoral, que se merece una buena mandada a cagar, qué tanto. Y ya que hablamos de tesoros y de secretos, los invito a escuchar completito el flamante rescate del Música Cretina dedicado Charly (Música García, je), buscando el tema de Moro-Satragni hacia la mitad del Lado A. Y después, como cantó Luis Alberto, que siga la melodía...

(Este es el link para escuchar en Mixcloud el no-programa dedicado a Charly. Fue armado originalmente para celebrar sus 70 años, y el rescate es para hacer lo propio con sus inminentes 74. Los textos que lo acompañan –como, por ejemplo, este– también fueron escritos originalmente por entonces, salvo el agregado de alguna puesta al día)

lunes, 20 de octubre de 2025

Charly García c/Patricio Bisso, "All I do the whole night through" (Fred & Brown)

Todo lo que hago durante la noche/ es soñar con vos

Así es como se traduce el verso que titula el tema con el que abre el Música Cretina que acabamos de rescatar. La idea es ir anticipando el inminente cumpleaños de Charly García, a tono con el reciente post sobre su último tema, pero no es cuestión de dejar de ser cretinos. Así que quien inaugura nuestra celebración es el ukelele y la voz del artista de la foto, el genial Patricio Bisso, que acompañó a Charly en una hermosísima y delicada versión de un tema incluido en la banda de sonido de Pubis angelical, lo que lo convierte en la única voz cantante de aquel otro disco que todos nos compramos –ya que era un álbum doble– con Yendo de la cama al living, el debut solista de García post Serú Girán. Según contó Bisso, con Charly se conocieron cuando abrió un show de la compañía de danza que integraba Zoca. En esa nota realizada por Facu Soto y publicada en Soy, Bisso también recordaba que Federico Moura lo iba a ver todas las noches cuando encarnaba a Evita y gritaba: “Devuelvan las manos, devuelvan las manos”, y que lo grabó hablando para un tema del disco Recrudece. Supongo que su aparición en Pubis tiene que ver con su regreso a Buenos Aires justo para sumarse a la vibrante escena porteña de la que participaban las Bay Biscuits –con las que supo colaborar– justo antes del fin de la dictadura, magma fundacional de lo que luego sería la banda de sonido de la primavera alfonsinista, que en gran parte abrevaba de esa sangre azul del rock nacional reunida alrededor de la figura de Charly García como Rey Midas de la banda de sonido de la época. Reverenciado en Brasil por sus personajes populares en la época, cuya cumbre fue su participación en El beso de la mujer araña, pero poco recordado en Argentina, Bisso falleció en Buenos Aires en 2019, con apenas 62 años. El tema que toca para la banda de sonido de Charly fue compuesto para otra banda de sonido, la de la película Sadie McKee, de 1934. Pero se hizo conocido dos décadas más tarde al formar parte de Cantando bajo la lluvia, y sus autores son Arthur Freed Grossman y Nacio Herb Brown, aunque en el disco de Charly apenas se los menciona como Fred & Brown en la autoría del tema. Bajo este sol de martes primaveral, no está de más recordar que contra todo pronóstico García está por cumplir 74, así que no hay que dejar de soñar con él y celebrarlo. Todos caen y él sigue y sigue, contó en algún momento, a la hora de hablar de las jornadas interminables de sus grabaciones, pero la frase adquiere otro significado al recorrer sus grabaciones y sus discos, en el que muchos de los participantes –como Bisso– ya no están entre nosotros. En cambio, como el dinosaurio de Monterroso –no los de su canción, por suerte–, cada vez que despertamos Charly sigue ahí.  

(Este post es una adaptación del que publiqué hace cuatro años, cuando Música Cretina se disfrazó de Música García, y armé un no-programa en su honor. Este año me tomé un sabático cretino, pero para acompañar el rescate, aquel homenaje ha vuelto a estar online)   

domingo, 19 de octubre de 2025

Charly García c/Sting, "In the city"

¿Cómo podes decir que estoy loco/ si puedo darte un lucero del alba?

Mucho se ha hablado del nuevo simple de Charly García con Sting, y muy poco hay para decir después de escucharlo. Prefiero tener presente que, así como vimos multiplicarse en las redes la noticia de su lanzamiento como si todos quisieran formar parte de la novedad, la versión original del tema se puede encontrar en un disco que, quince años atrás, nadie parecía querer editar. Y que, de hecho, aun es imposible encontrar oficialmente online (solo aparece en You Tube, subido por sus fans). Como sucede con todos los ídolos que realmente le toman el pulso a la sociedad y exponen sus contradicciones, ya sea tomando partido o simplemente exponiéndose (y exponiéndonos), la unanimidad llega recién cuando el león ya es herbívoro, cuando ya no puede hacerle daño a nadie, cuando es fácil encajarlos en un estante y convertirlos en estampita. Es el lugar desde donde Charly nos mira, y se deja adorar y –algo impensado cuando su filo aun cortaba– sacarse una foto con quien se le acerque con un celular. Volviendo al nuevo tema, se puede celebrar que mezcle aquel milagro de producción que fue Random con la crudeza de La lógica del escorpión, discos del ocaso, pruebas de vida como las fotos que los fans le sacan al verlo por ahí y enseguida dan vueltas por las redes. Confieso que cada tanto vuelvo a disfrutar de los temas del disco de la década pasada, pero también que si es posible elegir cómo escucharlo hoy, prefiero su voz cruda, tal como suena en el del año pasado. Lo que ves es lo que hay, y Say No More viejo nomás. Mucho se ha hablado también, en los últimos días, del cruce de Charly con Sting en Amnesty, y que su respeto mutuo viene desde entonces. Estuve en ese Amnesty entre el público –nunca me voy a olvidar de aquella caminata de ingreso por Udaondo mientras se escuchaban los desafiantes disparos de los milicos desde el vecino Tiro Federal– y el recuerdo que tengo de Charly eran sus ganas de demostrar que ahí el ídolo era el, que me generaban una mezcla de admiración pero también un poco de vergüenza, porque ese día lo único importante era lo que nos reunía a todos ahí. Tengo mis dudas de que haya podido comenzar alguna relación de respeto con alguien teniendo en cuenta en el estado que se encontraba aquella tarde-noche. Si hay que ensayar un repaso en paralelo por sus carreras sería bueno consignar entonces que uno ya decía ser parte del mar cuando el otro recién estaba intentando subirse a las nuevas olas, que sup
ieron ser casi al mismo tiempo carne de páginas amarillas antes que musicales: uno difundiendo su plenitud tántrica, el otro exhibiendo su vacío imposible de llenar. Y que su presente –tal como se puede ver en un video que muestra a Charly más porteño que el Obelisco y Sting como un eterno englishman en Nueva York– esconde que ambos tienen casi exactamente la misma edad. Y en cuanto al tema en sí, no se puede decir que sea malo, pero creo que su peor pecado, especialmente viniendo de Charly, es que es intrascendente. Todo forma y poca substancia. Aunque, lo confieso, no he podido dejar de tarararearlo en los últimos dias: sus melodías siguen siendo azucar para el oido. Si con algo me quedo de lo que nos ha dejado el nuevo simple es con la serie de fotos que le sacó Nora Lezano sentado al piano. Son imágenes a las que, no tengo dudas, volveremos una y otra vez. Mi preferida es la que ilustra estas líneas, con la frente apoyada en el micrófono, como si fuese su muro de los milagros.

jueves, 2 de enero de 2025

Oques Grasses, "Jubilar-se"

Ser feliz ya no importa/ no está de moda

Se los presento, los chicos de la foto --que ya no son tan chicos-- se hacen llamar Oques Grasses, y son catalanes. Sí, ya sé, son todos varones, blanquitos, estudiantes de conservatorio y para colmo catalanes: más garca no se consigue. Pero la música tiene sus propias razones, y también su forma de derribar prejuicios y preconceptos, y ahí está el tema del que sale el verso que inaugura este post para cerrarme el orto y recordarme que si yo suelo asegurar que la única religión que profeso es la de las canciones, por algo será. El tema se llama Jubilarse, y me alegra tanto cada vez que hago play que lo he dejado sonar mucho en un año poco propenso a tales excesos, y por supuesto lo llevé a las mañanas de Palermo Wuhan, y ahora no podía faltar en el nuevo Música Cretina, el que cerró el 2024 e inaugura este 2025 que recién empieza. Leo por ahí que los Oques Grasses arancaron en 2010, o sea que ya tienen una década y media --y media decena de discos-- bajo las patas, y que hacen las cosas a su manera, aunque no se puede dejar de señalar que han tenido éxito desde el primer día. Mejor presentarlos como lo hice aquella madrugada de sábado wuhanero, diciendo que son algo así como los De La Soul catalanes, porque el sayo les calza, y porque los disfruto como lo hago con aquellos, cancion sí y canción no, sin preguntar de dónde vienen ni nada. No puedo decir que me guste el resto de las canciones de Fruto del delirio, su último disco, de donde sale este hitazo, pero de algo estoy seguro: si cruzan el charco y se vienen por acá, la rompen. Pero lo que más me sorprende es cómo este septeto de pibes privilegiados pero achispados dan en la tecla con un tema que habla de los fantasmas que nos persiguen en este nuevo siglo, que describen desde un primer verso que, después de resumir el declinante estatus actual de la felicidad, asegura: Ahora importa mas tener mucho trabajo/ mucha pasta. Y lo rematan con una guarangada. Lo confieso, no logro entender esta nueva fiebre de oro generacional, que sueña con el bolsillo lleno antes que nada. Porque, como dicen mis nuevos amigos catalanes, no quiero todo/ aprendí que no me cabe en las manos. Son tiempos de verdades absolutas y al mismo tiempo de reescrituras a medida, la corriente es fuerte y es difícil no dejarse llevar. No quiero gastar ni un minuto más mirando todo ese circo/ está el patio lleno de almas que se están vendiendo, cantan los Oques, y no puedo menos que cantar con ellos. Pasen y hagan play, suenan en un no-programa llamado Música Cretina. Porque con música la vida al menos se soporta. Y espero que con el nuevo año también sea así. Claro que si es Cretina, mucho mejor. 

miércoles, 1 de enero de 2025

Peter Perrett, "Secret taliban wife"

Ella me ha radicalizado/ ahora me he convertido en su esclavo

Se los presento, el señor de los anteojos negros de la foto es el que abre el flamante Musica Cretina, nuevo nuevísimo, el último del año pasado o el primero de este año nuevo, elijan lo que prefieran o táchese lo que no corresponda. Se llama Peter Perrett, y mas cretino no se consigue. Digo, porque es un sobreviviente de la new wave británica, que estuvo al frente de un grupo bastante querido llamado The Only Ones hasta que los tiempos cambiaron, llegaron nuevos grupos y nuevas new waves, y nuestro querido Perrett descubrió que podía matar el tiempo cada vez más libre que tenía entre manos dedicando los ingresos que recibía de los derechos por sus canciones en substancias que, justamente, se dedicaban muy bien a eso del tiempo. Corte, y treinta años despues --poco antes de la pandemia-- el buen Peter consigue finalmente levantarse de esa cama en la que estuvo practicamente tirado durante todo ese tiempo, y le presenta al mundo su primer disco desde sus años de gloria. Y el mundo lo recibe bien, justo es decirlo. Hubo un disco más, que llegó incluso a sonar en este no-programa, y despues el encierro. En las notas por su nuevo disco, el que escribió durante ese encierro, que se llama The cleansing, y que es doble, Perrett contó que como ya está grande y tiene problemas respiratorios, acató inmediatamente en confinamiento y durante un año  y medio solo salió de su casa para ir al médico. El primer día que se levantaron las restricciones fue por primera vez al pub en todo ese tiempo y se relajó, explicó, y esa misma noche se agarró Covid y casi la queda. Terapia intensiva, muletas para volver a caminar, y a componer y componer.  Así fue como llegó La limpieza, su nuevo y formidable disco, del que participan sus hijos, su banda actual, y una larga fila de invitados, vecinos y fans de su época de gloria, como Bobby Gillespie o Johnny Marr. Me manda videos por whatsapp/ estoy atrapado, canta Peter en su delicioso Secret taliban wife, que leo por ahí que está dedicado a una relación virtual que mantuvo en las redes, y también a una humorista iraní que contó que, también gracias a la impunidad que dan las redes, recibe insultos todo el tiempo, y el titulo de la canción es uno de esos epítetos. Por eso la bronca, por eso las guitarras aserrando, por eso la ironía y la semi-sonrisa que le podemos imaginar en el rostro mientras escupe cada uno de sus versos. Mi esposa talibán secreta/ lo mejor que vi en mi vida, se entusiasma quien se reconoce como su esclavo, maniatado pero vivo. Casi el mismo destino que nos escupen las redes y este presente supuestamente tan libre que ya no sabemos donde ir. Ya sabemos: si queres gritar, desenchufa el cable del parlante. Y si queres seguir gritando, a poner play en un no-programa a estrenar y listo para dejarlo sonar. Como este año nuevo. 

martes, 31 de diciembre de 2024

El llamado de Rosario

De nada sirve llorar/ mejor fumar y esperar

Una vez sonó el teléfono y era Rosario Bléfari. Me dijo que le habían encargado una nota, y no sabía muy bien por dónde encararla. ¿Le podía contar cómo hacía yo mis notas? Así que nos juntamos una tarde en La Orquídea, en Acuña y Corrientes, un bar que durante mucho tiempo funcionó como mi oficina (ahí citaba a la gente para hacer notas, me reunía con amigos y ahí fue donde respondí alguna vez la pregunta mágica, vos qué querés hacer, con mi propio abracadabra: una revista). A un paso de la redacción de TXT, en la que los dos mas o menos entonces colaborábamos, hablamos durante un buen rato sobre cómo hacer una nota. Cuando pienso en ella, y últimamente la vengo pensando bastante porque fue su cumpleaños y Sué Mon Mont y eso, pienso también en esa Rosario que yo también conocí, la que se preguntaba cosas, la que nunca dejaba de aprender, y también de enseñar. No recuerdo cuándo fue que nos cruzamos por primera vez, pero compartimos tiempo ya sea durante el rodaje de Silvia Prieto (hice una larga crónica que salió en Chile cuando empezó el rodaje, dos años antes del estreno) o en la grabación de Horrible, que creo que fue la primera nota que hice con ella, para el suple No. También nos podíamos cruzar en el recién inaugurado Belleza y Felicidad, que estaba justo a la vuelta de mi casa, o en La Luna, donde amaba ir a ver aquel primer Suárez, que tocaba de espaldas al publico, y era una bola de ruido de la que cada tanto emergía su voz y sus canciones. A partir de esos primeros encuentros, Rosario estuvo en mi vida, en mi día a día, en mi ciudad, en mi laburo. Me gusta pensar que los habitantes de un mismo tiempo y un mismo lugar formamos parte de una constelación, de un mismo sistema solar, y compartimos el mismo viaje: orbitamos alrededor de los mismos soles y nuestros caminos se cruzan casi rítmicamente y cada tanto también siguiendo nuestros propios arcos gravitacionales nos reconocemos y acompañamos. Es algo en lo que no pensamos, sucede naturalmente, y solo nos damos cuenta cuando de pronto chocamos durante ese viaje, y quizás algo nos pasa que lo cambia todo (para bien o para mal), o cuando de pronto alguien ya no está más y lo echamos en falta, que es cuando realmente tomamos conciencia de la clase de relación que manteníamos, que no es de una amistad tradicional, pero tampoco es que somos desconocidos, hay algo que nos completa y nos vincula, a lo que es difícil ponerle nombre. Como todos los que conocimos a Rosario estuve un poco enamorado de ella, y también la admiré por su trabajo y su constancia. Creo que era recíproco, en lo que se refiere a la última parte de esa frase, porque siempre estaba ahí cada vez que la llamaba, y disfrutábamos vernos por la excusa que fuera. Me llamaba siempre que tenía un proyecto nuevo, y yo la entrevistaba cuando nadie le prestaba mucha atencion en el resto de los medios, ya sea con aquella obra sobre el cerebro (!) que hizo con Valeria Bertucelli en el Rojas o con el dúo que armaba con María Fernanda para ir a tocar a Chile, donde la trataban como la estrella que acá no era ni quería ser. Una vez leí que incluso festejó que la llamase y le pidiese que grabase un tema, porque --dijo que le dije-- “necesitaba tenerlo” para pasarlo en Musica Cretina (Je, gracias a eso existe esa grabación de su versión de Te extraño, de Flema. De nada). No se por qué estoy contando todo esto, ni si le puede interesar a alguien, pero evocar a Rosario siempre es un disfrute, y como estuve escribiendo sobre Sué Mon Mont aparecieron cosas en el googleo de las que me había olvidado, como cuando contó el origen del bautismo del grupo: "Se me apareció en la frontera del sueño y la vigilia. Me acuerdo que me desperté y lo anoté, veía como una tapa de un disco, la imagen del nombre escrito. Y no sólo lo anoté, sino que abrí una pagina en facebook, como para no olvidarme, porque sabía que le iba a poner ese nombre a algo. Y ahí estuvo, vacío durante un año, lo único que había era una silueta. Hasta que apareció esta banda”. El sábado en La Tangente fue un momento entre el sueño y la vigilia, una evocación que al mismo tiempo no se sintió tan a flor de piel sino algo natural, un transcurrir compartido, una presencia generosa nomás, sin ninguna cuenta pendiente. Hasta que llegaron los bises, donde el grupo interpretó el EP que salió después del disco: confieso que me sorprendieron esas canciones, ya que no las tenía muy escuchadas, y me sonaron ellas sí muy a despedida, a voz desde otro plano, hablándome. Una silueta, eso que según contó entonces era lo único que había antes de que existiese la banda, fue lo que sentí presente en ese momento. Y en una de ésas por eso me quedé pensando en ella, cantando esas canciones, evocándola al borde del fin de un año durísimo, de sobrevivientes. No quiero dormir para no soñar/ no quiero saber para no pensar, canta Rosario en No es conveniente --el tema que abre ese EP que hay que escuchar más-- y cantó Nina el sábado y cantamos todxs. Txdos los que dormimos y no sabemos, lxs que soñamos y también pensamos. Que terminen bien el año, y que las canciones (y las versiones) de Rosario sigan sonando. 


domingo, 29 de diciembre de 2024

Sué Mon Mont en La Tangente

Esta noche es muy tarde/ y mañana será muy temprano

Todo recital homenaje es una invocación. Tanto los que lo realizan como sus espectadores se hacen presentes esperando que suceda algo. Lo sepan o no de manera consciente, todos desean, de alguna manera, que el recordado se manifieste. Se manifieste en las canciones, se manifieste en el recuerdo, como cada vez que piensan en el, o como nunca se lo permitieron pensar hasta ese momento. No hablo de los homenajes que son casi palabra oficial, que vienen membreteados, porque esos casi siempre están vacíos. Uno de los personajes de American Gods, la novela de Neil Gaiman, dice que cuando los muertos se aparecen hay que preguntarles qué es lo que quieren. Que a veces te lo dicen. No hay ninguna pregunta en esos homenajes de cartón; la clase de recitales de los que estamos hablando, en cambio, siempre están llenos de preguntas. Y las respuestas, por supuesto, nunca son las mismas. Recuerdo aquel homenaje fallido a Luca, cuando Divididos y Las Pelotas tocaron en Montevideo, y sólo hubo confusión y vacío. También se me viene a la mente el regreso de Legiao Urbana, cuando el que se tuvo que calzar los zapatos de Renato Russo --el valiente y admirable André Frateschi-- contaba que en todo recital descubría entre el público uno que negaba con la cabeza, en silencio, sin quitarle la vista de encima. Era al que tenía que convecer. Es ese escepticismo el que se pone en juego en esta clase de recitales, dura un rato, como que flota en el ambiente durante un par de temas, hasta que el público --y los músicos-- se entregan. O no. Anoche en La Tangente nos entregamos todos. No se quién habrá sido el valiente que se atrevió a proponerle a Nina Suarez que ocupase el lugar de Rosario en el homenaje de los diez años del disco de Sué Mon Mont, pero todos tenemos que agradecerle el coraje. Porque, por un lado, esas canciones merecen seguir sonando. Todo lo que resuena tiene que poder seguir dicéndonos cosas, porque esas cosas seguramente son importantes: si algo está vivo no hay que dejar que muera. Y, por el otro, por favor que nadie le diga esto a Nina, pero cada vez que la veo esa piba me deslumbra. Es como un avatar de todo lo que está bien, frágil pero poderosa apenas abre la boca, gran guitarrista, y con un aplomo que sorprende. Creo que sorprendió incluso a sus compañeros de banda, se lo veía en los ojos, en la mirada, en la sonrisa. Los dos shows de anoche en La Tangente no fueron pensados como homenaje de nada ni de nadie, simplemente la idea fue celebrar un disco (y un EP), que deben seguir girando. Pero, también, creo que era inevitable que todos los que fuimos, y los que estaban sobre el escenario, estábamos recordando una ausencia. Y todos, también, sentimos una presencia. Aunque en este caso no hubo ningún cuestionamiento, ningún momento de incredulidad, ninguna barrera que cruzar: fue instantáneo. Nina no es Rosario, pero sin dudas la lleva en ella: es admirable como carga con eso, y como también logra que no le pese. Si un problema no tiene solucion, entonces no es un problema dice un proverbio chino --gracias Andrés-- y Nina parece justamente no hacerse problema. Confieso que se me hizo un nudo en la garganta cuando en uno de mis temas preferidos del disco, llegó el momento del estribillo y me encontré casi rezando: Quisiera ver lo que ves/ quisiera sentarme con vos. Yo se que mas de una vez he escrito que las canciones lo saben todo antes que uno, pero esto ya era el colmo. Vi mucha gente lagrimear, pero muchos mas pogueaban, sonreían mirando hacia el escenario, mirando hacia la luz, como quien se deslumbra ante el fuego. Ardió Sué Mon Mont anoche. Ardimos. Ojalá que haya más recitales para estas canciones. Ojalá que los temas perdidos, los que dicen que quedaron apenas en demos, puedan ser completados. Se lo merecen. Nos lo merecemos. No se dijo ni una vez desde el escenario el nombre de Rosario anoche, pero todos lo tuvimos presente, como también fue inevitable pensar en la forma a la que ella se refería a Sué Mon Mont: el grupo sin pasado (en respuesta a su grupo sin futuro, que era con el que rescataba su repertorio clásico). Todo lo que quise decir, se apagó en la oscuridad, cantó Rosario en el último tema del EP final de la banda. Por suerte, no hay nada apagado, no hay oscuridad. Acá estamos, pensando en lo que vendrá. Así quedamos, brillando. 

sábado, 28 de diciembre de 2024

Música Cretina 2024 #3

ESTO NO ES UN PROGRAMA

10-12-2024

Lado A

“Nunca por dinero/ siempre por amor”

1.- Galaxie 500, I wanna live
2.- Milton Nascimento, O homem da sucursal
3.- Linval Thompson, Marcus Garvey says
4.- MJ Lenderman, She’s leaving you
5.- Judeline, Zarcillos de plata
6.- Adrianne Lenker, Sadness is a gift
7.- BadBadNotGood c/Norah Jones, This must be the place (Talking Heads)

Lado B

“Vuelve al tabaco/ mantén la dignidad”

8.- Maestro Espada, La despedía
9.- Shaboozey, A bar song (Tipsy)
10.- Jeremy Albino, Baby ain’t it cold outside
11.- Louis Chedid, Je suis la
12.- Rhiannon Giddens & Silkroad Ensemble, Don’t come around here no more (Tom Petty)
13.- The Ray-Ons, You confuse me Baby
14.- Triángulo de Amor Bizarro, Vigilantes del espejo

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miércoles, 25 de diciembre de 2024

Judeline, "Zarcillos de plata"

Yo dormía y él hacía café/ En la mesa los condones y la cena de ayer

Esta encantadora postal de navidad, retrato sin horarios de una noche --y un día-- de fiesta, es uno de los regalos con los que Música Cretina anuncia su regreso. Es un verso que forma parte de un tema bautizado Zarcillos de plata, y lo canta la chica de la foto, que responde al nombre de Judeline. Leo por ahí que el apodo surge porque su padre es fan de los Beatles, y que de haber sido varón se hubiese llamado Jude, y también que su nombre completo es Lara Fernández Castrelo, nacida en Jerez de la Frontera hace apenas 21 años. Algo está pasando en la escena musical española después de esos tornados llamados Rosalía y C Tangana, porque surgen artistas de proyección internacional hasta por debajo de las piedras. Judeline es el mejor ejemplo, creada casi a imagen y semejanza de la motomami, pero en versión XL, bien gaditana. Si uno lee su historia se encuentra con una niña voraz, que ya quería ser famosa antes de menstruar, que a los 17 se fue sola a Madrid a hacer su historia, y por la que apostaban los que saben de esto desde antes que hubiese siquiera amenazado con tener una carrera. De hecho, este Zarcillos de plata parece hecho a medida del despojado y a flor de piel “Hentai” de Rosalía, o sea: no se si le hubiesen permitido un Zarcillos sin aquel tema. Pero todas estas sospechas se desarman al escuchar el tema, es más, no puedo parar de escucharlo hace semanas, y a todo el mundo le pregunto si soy yo o el tema es realmente algo. Como sabemos, la respuesta siempre es revísenme a mi/ el coche no tiene nada. Lo cierto es que cada nuevo artista español para el que sólo el cielo es su límite es, al mismo tiempo, cada vez más poderosamente español, y eso es algo para celebrar. Así que pásenme ese café, que los restos de la cena de navidad aún los estoy paladeando. Y dejen sonar un Música Cretina que merece durar como toda la velada que disfrutan nuestros tortolitos. Y como este feriado de navidad que parece no ser un día, sino un presente continuo sin tiempo ni espacio ni clima. Solo existe el aquí y el ahora. Pasando las uñas debajo de la ropa, dibujándonos un nombre en la piel.

domingo, 22 de diciembre de 2024

Stanley Booth 1942-2024

Véanlos. Miren qué bien que están juntos. El de la izquierda de la foto no necesita presentación, el que está al lado se llama Stanley Booth, y es conocido por ser el autor de la mejor biografía sobre los Rolling Stones. Esto dicho justamente por ellos mismos. Y no porque les haya endulzado la píldora. La foto que ilustra estas lineas debe haber sido tomada durante la gira norteamericana del ’72, al menos eso supongo por la famosa camisa de Richards con el logo Coke. Una gira que, en palabras de Booth, después de que el idealismo del tour previo terminase en desastre (Altamont, o sea), fue cínica y horrible, aún cuando haya sido un éxito. “Uno se puede dar cuenta cómo es que una persona sensible como Keith pueda necesitar medicación”, escribió Booth no solo en su libro, sino que Richards lo replicó en el suyo. Booth es el que llevó a los Stones a Muscle Shoals, en Alabama, donde grabaron Brown Sugar, Wild Horses y You Got to Move, pero nunca sacó pecho por eso, lo terminó confirmando Jim Dickinson nada menos que en Life, las celebradas memorias de nuestro guitarrista de rock preferido. En esto del periodismo de rock hay autores que son celebrados por todos, otros que son como un codigo secreto. Booth es uno de ellos, los fanáticos de los Stones --al menos a los que les gusta leer-- lo conocen porque tanto Jagger como Richards lo celebran, y cuando se accede al libro en cuestión (The True Adventures of The Rolling Stones) uno no puede hacer mas que sacarse el sombrero, se trata de periodismo gonzo en su más sublime expresión, una obra de arte. Pero quedó en el olvido porque, aunque Booth empezó a seguir al grupo desde 1968, en Londres, y estuvo en Altamont y demas, con permiso para meter las narices donde quisiera, casi un Stone más, tardó casi dos décadas en terminarlo, y cuando salió era 1984, el mundo había cambiado, y ya nadie queria volver a escuchar sobre aquellos años hedonistas y rebeldes, y mucho menos sobre su fracaso y como se convirtieron en esto. O sea, en eso. Pero también en esto que vivimos ahora. Pero más allá de los Stones, Booth es un portento secreto del nuevo periodismo, y no hay mas que asomarse a la antología que compiló poco después, Rythm Oil, para caer rendido a sus pies. Es uno de mis libros preferidos, lo tengo cerca y siempre vuelvo a sus páginas cuando necesito recordar qué esto que me dedico a hacer, de donde viene la música que me gusta escuchar, y las notas que me gusta leer. Y si estoy escribiendo esto es porque ayer me enteré que Stanley Booth finalmente abandonó el edificio. Tenía 82 años, estaba internado en un hogar de ancianos en Memphis, y la que anunció su partida fue su hija, Ruby. No hay tristeza por esto, de hecho por las cosas que contó en sus notas, y en el libro de los Stones, lo imaginaba hace tiempo pastando en otras tierras. En la reedición de ese libro, que fue su cumbre y su condena, Booth citó a Mark Twain, diciendo que, si uno escribe lo suficientemente bien, tu trabajo va a durar “para siempre, y al decir para siempre estoy diciendo treinta años”. Así que esa eternidad Booth ya la tenía en el bolsillo, y también se desvaneció. Como esa gesta de la que escribió, la historia de aquellos días --y acá vuelvo a darle la palabra-- “cuando el mundo era más joven, y sus sentidos fueron, o parecieron serlo por un tiempo, más claros”. Amén a eso, mi querido Booth. Busquen sus libros, léanlos. Bah, lean, en general. Y no en estas pantallitas nomas. Puede pasar que, en el proceso de hacerlo, el sentido de todo vuelva a ser, por un momento, más claro. Por desgracia o por suerte, los rockeros, cuando eso sucede, en vez de hacer la revolución volvemos a escuchar temas como Wild Horses. La fabula del escorpión en acción otra vez. Feliz domingo para todxs.

jueves, 12 de diciembre de 2024

Triángulo de Amor Bizarro, "Vigilantes del espejo"

Dejalo todo y ven conmigo/ dejate llevar una noche más

El video llegó la noche en que me dieron la noticia. Era una grabación en la que sólo se veían sombras, pero eran sombras felices, felices cantando una canción. Alguien tocaba una guitarra, estaba el Tussi con una hoja en la mano de la que leía, y el resto de los presentes lo rodeaba, entusiastas, coreando los versos de la canción que estaba cantando, a la que yo no conocía pero era triunfal, desafiante, irónica y contagiosa. Durante mucho tiempo pensé que era un nuevo tema suyo, esos que me contaba que venía componiendo, mas cercanos a la canción popular. Era eso: me parecía una canción popular. Pensé que en una de ésas se estaba convirtiendo en un cantante que podía ser cantado por todos, y me hizo acordar a Shane McGowan, no se por qué me apareció su figura, tal vez porque también acababa de morir o por roquero y también popular, y seguro porque era uno de sus preferidos confesos y sin reservas. Lo cierto es que volví más de una vez a esa grabación, y me gustaban dos cosas. Una, el final del tema, que era una enumeración de nombres aparentemente sin sentido, como las claves de las comunicaciones militares o los alias con los que hoy se paga online. Hasta que uno se daba cuenta que eran nombres de bares y boliches montevideanos clásicos, casi olvidados, que funcionaban como palabras mágicas que evocaban ese otro tiempo pasado en ellos, o recordándolos. Y lo otro que me gustaba era el estribillo, o al menos la frase que se repetía una y otra vez, y que coreaban, brazo en alto, todos los que rodeaban al Tussi: Una noche más, una noche más. Porque, claro, eso era lo que deseaba despues de la noticia de su muerte: una noche más. Por lo menos. De la misma manera que no se por qué asumí que era un tema nuevo suyo, no se cómo fue que empecé a sospechar que en una de esas no lo era. Tal vez leí algo que hacía referencia a alguno de los versos que ya tenía muy asimilados, quizás al verlo otra vez me empecé a preguntar cómo era que, si era un tema nuevo, todos se lo sabían. Hace poco googlée el estribillo, ese una noche más que era como un rezo, y enseguida salió la respuesta: es un tema del grupo indie español Triángulo de Amor Bizarro, de su disco del 2020. Se llama Vigilantes del espejo, y si uno entra en el Spoty de la banda, es el que primero sale, el más escuchado. O sea: es un tema muy conocido, pero no se por qué yo nunca lo había escuchado. Hasta que vi ese video. Pero qué importa: para mi todavía es como si fuese un tema de Tussi, y con ese espíritu es que lo programamos en Palermo Wuhan hace algunas semanas, y así es como cierra el nuevo Música Cretina (¿todavía no lo escucharon?), el no-programa del regreso apenas los madrugones del sábado --que se llevaron toda mi energía radial y también guiaron mis selecciones de temas-- me dejaron algo de tiempo libre para volver a armarlo. Asi que acá estoy, escribiendo esto para invitarlos a hacer play en el Mixcloud de Música Cretina, y evocando al Tussi en esta mañana de jueves, apenas un día antes de salir para Montevideo a celebrarlo, a estar presente en el show del sábado en La Trastienda en que el Bruma Cabra Club tocará por primera vez en vivo las canciones que grabaron para lo que terminó siendo un disco de despedida. No se qué hubiésemos hecho este año con semejante noticia y sin ese álbum a mano. Creo que también por eso se merece que estemos ahí para cantar aquellos temas que nos sabemos tanto. Y que vamos a poder corear, brazo en alto, como las sombras entusiastas que acompañan al Tussi en ese video. Ahora todos: “Una noche más, una noche más, ¡una nooooche!” 


miércoles, 11 de diciembre de 2024

Shaboozey, "A bar song (Tipsy)"

Alguien me sirve un trago doble de whisky/ saben que Jack Daniels y yo tenemos una historia

Se los presento, el muchacho de la foto se llama Collins Obina Chibueze, más conocido por su nombre artístico como Shaboozey, pero en realidad mucho más conocido todavía por un hitazo bautizado como A Bar Song, o sea Una canción de bar. Y cuando digo que es conocido en realidad me estoy refiriendo a la canción, un irresistible himno al alcohol, las noches trasnochadas y las mañanas resacosas que en una nota que leí por ahí mencionan como un nuevo Baby Shark pero para adultos, de tan irresisible que resulta. Y lo es: desde que la escuché por primera vez supe que tenía que estar en el nuevo Música Cretina. No llegué a incluirla en la lista de Palermo Wuhan, pero sino también ahí hubiese estado, porque tiene una buena historia detrás, en particular la del buen Shaboozey, un hijo de padres nigerianos criado en Virginia, la tierra de Pharrell, Timbaland y Missy Elliott. Como me debería haber dado cuenta antes de leerlo en alguna otra nota, su apodo deriva de la recurrente mala pronunciación de su apellido, y Shaboozey se ríe de esas confusiones multiplicándolas al abrazar decididamente el country en su último disco, después de haberle cantado al Nascar y a Robert Plant, y componer dos canciones junto a Beyoncé en el disco que la diva también le dedico a ese estilo históricamente tan pero tan blanquito. El nuevo álbum de este virginiano que acaba de cumplir 29 años lleva el premonitorio título de Donde estuve no es donde estoy yendo, lo que efectivamente sucederá con su carrera después del mega super hiper recontra exitazo que resultó ser A bar song, que en realidad es una versión de un tema de hip hop de hace exactamente dos décadas atrás, Tipsy, firmado por Jarrel Jones, o sea J-Kwon. Shaboozey es el cantante del que parece ser el tema del año en los Estados Unidos --¿alguien sabe si estuvo sonando por acá?-- una canción que en realidad más que celebrar las noches pasadas de rosca lo que hace es convocar a la nostalgia de los treintañeros que ya no pueden hacerlo, en la boca de un cantante country que en realidad es afronorteamericano, más outlaw no se consigue, y al mismo tiempo más integrado tampoco. Y eso que estos son tiempos de apocalipsis, demorados pero apocalipsis al fin. No me preocupo por mis problemas/ no me los llevaré cuando me vaya, canta Shaboozey y deberíamos cantar todos y, no se preocupen, ya lo estaremos cantando. Mientras tanto se puede hacer play en el último no-programa y, zas, ahí esta ese bar en el que está todo el mundo, achispándose. O digamos que está el recuerdo de ese bar, la añoranza de ese bar, la imposibilidad de ese bar pero siempre tendremos aquella imagen, y también la canción. La música, que de eso estamos hablando. Y si es Cretina, mucho mejor.