Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

jueves, 5 de febrero de 2026

Música Cretina 2026 #1

ESTO NO ES UN PROGRAMA

1-1-2026

Lado A

“Taxista, llévame al cielo/ busco trabajo y quizás en el cielo lo encuentre”

1.- Pau Riba, Taxista
2.- John & Jackie, Little girl
3.- Lucho Macedo y Su Sonora, Caramelos
4.- Boo Boos, The toughest bitch I know
5.- Bertrand Belin, Berger
6.- Pascal Comelade c/PJ Harvey, Green eyes
7.- Polgar 3, Cada tanto

Lado B

“Me gusta cómo saludás/ me gusta cómo te portás mal”

8.- Natalie Bergman, Dance
9.- Count Five, Out in the street
10.- Nous Étions Une Armée, Heureux comme un roi
11.- Silvia & Salvador, Muerte chiquita
12.- The O’Jays, Lipstick traces
13.- Gepe c/Cristián Heyne, Noche D sol
14.- Men I Trust, Purple box
15.- Marisa Monte, Doce vampiro (Rita Lee)
16.- Laura Canoura, Qué pasa con estos humanos

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lunes, 5 de enero de 2026

Marisa Monte, "Doce vampiro" (Rita Lee)

Ahí las tienen, dos reinas, dos cretinas honorarias desde siempre. Las dos presentes en el primer no-programa de esta nueva temporada. ¿Ya lo escucharon? ¿Ya le dieron play? ¿Ya llegaron al momento en que suena Marisa homenajeando a Rita? La imagen que acompaña estas líneas –una captura de video, en realidad– es de unos 30 años atrás, cuando Rita Lee convocó a Marisa Monte a cantar Mamae natureza en su show A marca da Zorra. Es una delicia, dos minutos hermosos, búsquenlos y disfruten: vean a la veinteañera Marisa deslumbrada por compartir escena con su ídola, que la celebra de la mejor manera, casi casi a lo Bowie ante Mick Ronson en su etapa Ziggy: las dos muertas de risa y de cariño. Fast forward ahora y Marisa convoca la memoria de Rita al versionar uno de sus clásicos, Doce vampiro, en sus shows presentando su disco Portas, y lanzándolo como simple en honor a la ídola que ya no está. Una versión breve e hipnótica, que subraya la hasta entonces velada filiación del tema con Breathe de Pink Floyd: así es como suena, así es como seduce, así es como clava los colmillos, buscando esa sangre que –como dice la letra– se bebe caliente, como un licor. En su indispensable y criminalmente aún sin traducir autobiografía, Rita confiesa haber escrito el tema recién salida de la cárcel, vuelta a vivir en casa de sus padres y embarazada de su primer hijo, soñando con las visitas de fin de semana de Roberto de Carvalho, que terminaría siendo su compañero de toda la vida. La versión original de Doce vampiro apareció su disco Rita Lee de 1979, el del tatuaje-logo, que lleva sólo su nombre en la portada pero la foto de la contratapa no la deja mentir: aparece en toda la gloria de su segundo embarazo, apoyada en un Roberto inmortalizado en su pose más rockera: es el primer disco que crearon codo a codo y está lleno de clásicos que los acompañaron por siempre. El homenaje que Marisa le dedicó a Rita versionándola en sus shows en vivo, se completó con una invitación al sobreviviente Roberto, que después de una década sin subir a un escenario rompió el luto a los 71 años acompañándola no solo en esa versión, sino haciendo también Manía de voce y Ja sei namorar: la fiesta siempre está garantizada. No solo eso: es necesaria e indispensable con los tiempos que corren. Por eso les pido, en este primer lunes de un año aún por estrenar, en que el mundo amanece verdaderamente nuevo y amenazante, háganse un favor y dejen sonar el flamante no-programa. Si hay un nuevo orden también hay y una nueva temporada de la música que todo lo cura, o al menos ayuda a olvidar. Esa que es cretina, claro que sí. 


sábado, 3 de enero de 2026

Pascal Comelade c/PJ Harvey, "Green eyes"

Veo a la gente irse/ camino por esta triste ciudad

La que canta es la de la foto, y el que está a su lado es quien toca el piano. Se los presento, aunque con ella no hace falta: se trata de una joven Polly Jean Harvey, acompañada por el franco-catalán Pascal Comelade. Dos cretinos honorarios, presentes en el primer no-programa de este año nuevo que por más nuevo que sea no deja de cambiar día tras día, mecacho. La velocidad de las cosas, titulaba un escritor amigo de la casa. Lo cierto es que por mas veloz y efímero que demuestre ser todo, a la vez siempre estamos hablando de lo mismo, y sino repasen el verso con el que arrancan estas líneas, que por más que haya sido escrito –y cantado– en los últimos años del siglo pasado, es imposible no pensar en el aquí y el ahora. Los que conocen de ida y vuelta la obra de la gloriosa PJ saben que una de las perlas fuera de sus discos es un tema desgarrador y hermoso que firmó con Comelade: Love too soon. Además de formar parte de la banda de sonido de una película de Hal Hartley (¿alguien lo recuerda?), titulada The book of life, es una canción incluida en L’argot du bruit –algo así como “La jerga del ruido”–, un disco de Comelade que tenía no uno sino dos temas con la Harvey. El que suena en este nuevo Música Cretina es el otro, el inquietante y al borde del estallido Green eyes, en el que la voz cantante –de ojos verdes– habla de un amante que no se atreve a sostenerle la mirada. Me llamaba Magdalena/ era tanto lo que mis ojos habían visto, canta Polly Jean desde aquel disco fechado en 1998, reeditado en el 2015 y cuyos mejores temas –los dos de los que ella participa, por supuesto– son rescatados en la antología del catalán y francés Les memoires d’un ventriloque, donde desfilan también las voces de Miossec, Robert Wyatt, Paul Riba, Albert Pla y Accidents Polipoétics, entre otros. La Harvey ha contado que conoció a Comelade allá por 1992, cuando salió de gira teloneando a Gallon Drunk (¿alguien los recuerda?), que antes de sus shows hacían sonar la musica del buen Pascal. Así fue como quedó prendada de su particular poética y sonido de juguete, al punto de empezar a mencionarlo en las entrevistas, y así fue como le llegó la invitación para grabar juntos. L’argot du brut fue desde siempre uno de los tesoros de mi discoteca, y como para que no queden dudas de por qué está ahí es que descansa entre los discos de ella. Recién buscaba una foto de ellos dos en el librillo interno para ilustrar estas líneas y sólo encontré un hermoso retrato de PJ firmado por Comelade. La foto con la que abre este posteo la robé de un video que descubrí en YouTube, y el verso que disparan estas líneas hablan del desasosiego de un presente desangelado, que ni los dientes nos muestra, porque sabe que no tenemos nada para darle. Solo queda la música, y la poesía. Y ni siquiera por cretinas pueden salvarnos, solo permiten matizar el dolor y el vacío de un mundo que ya nos nos tiene en cuenta, ni nos puede sostener la mirada.  


viernes, 2 de enero de 2026

John & Jackie, "Little girl"

Hay año nuevo, quién lo diría, y también hay una nueva temporada de Música Cretina, ustedes lo pidieron así que acá estamos. Pero si estamos es gracias a tipos como el de la foto, capturado en plena faena en el estudio de grabación, haciendo lo que más sabe hacer. El hombre en cuestión se llama Gene Maltais, y es algo así como un personaje secreto del rockabilly de los años ’50, y también podemos darle el status de héroe por dos cosas mas: primero, porque uno de sus temas es que más hizo por darme ganas de hacer un nuevo no-programa. Y segundo por ser el único nombre reconocible –y por lo tanto suponemos que el responsable– de una versión algo más movida del show orgásmico que catapultó a la fama internacional a Serge Gainsbourg con Jane Birkin... ¡pero editada una década antes! Atribuida a unos desconocidos John & Jackie, Little girl es impresentable de muchas maneras, pero también resulta irresistible. Y una canción más Cretina no se consigue. Llegué a ella gracias a Andrés Perruca y un desquicio de libro titulado Vida de un pollo blanquecino de piel fina, un derroche de páginas y de buen gusto musical, nada raro viniendo del que fuese conocido como el baterista de El Niño Gusano, otros cretinos honorarios si los hay. Aparece como parte de una enumeración de canciones con susurros y gritos de placer femeninos, pero sus intépretes no aparecen por ningún lado, incluso en esta era digital e interconectada. Hagan la prueba, si no me creen: los únicos John & Jackie que asoman googleando son los Kennedy: ¿Alguien les habrá hecho escuchar alguna vez este simple? El que sí aparece Maltais, que figura como autor del tema, y que no llegó mucho más lejos que un par de simples aquí y allá, en sellos diversos, antes de ir agotando su estrella y, suponemos, dedicarse a ganarse la vida de una manera mucho más honrada. O menos, depende de cómo se lo mire. Acá lo miramos con buenos ojos, qué duda cabe. Gracias a él y a sus temas perdidos –y rescatados– en el tiempo tenemos un nuevo Música Cretina, listo para estrenar, después de un año de silencio. Y qué año. Así que ya es hora de que la música nos salve, si hay algo que nos pueda salvar. Y, como digo siempre, si es Cretina, mucho mejor.    

martes, 18 de noviembre de 2025

De rojo a verde, por Martín Pérez

Esta es la mirada que seguramente tenía Homayoun Ershadi al volante de su auto, mientras estaba esperando que cambie el semáforo en una esquina de Teherán. ¿En qué estaría pensando aquel día de mediados de los ’90 este arquitecto, hijo de un padre que había trabajado para el ejército iraní, que estudió para su título en la universidad de Venecia, y que había ejercido su oficio en su país hasta el ascenso de la Revolución Islámica? ¿Recordaría los primeros días de exilio con su familia en Vancouver, llenos de dudas pero también de promesas? ¿Se estaría cuestionando la decisión de haber dejado Canadá para volver a Irán luego de separarse de su mujer, dejando a sus hijos allá? ¿Quizás estaba pensando en la próxima exposición que estaba por inaugurarse en la galería de arte que abrió con sus hermanos en su regreso a Teherán? ¿O simplemente disfrutaba de dejar su mente en blanco por primera vez en mucho tiempo, solo prestándole atención a esa luz roja que pronto iba a ser verde? Es inútil intentar imaginar qué era lo que pasaba por la mente de Ershadi cuando sintió en la ventana de su auto aquellos golpes con los que comenzaría un inesperado segundo acto en su vida. 

Estaba por negarse automáticamente a lo que fuese que le estuviesen ofreciendo cuando notó que no se trataba de un vendedor ambulante. El desconocido se presentó, su nombre era Abbas Kiarostami, era director de cine, y quería saber si aceptaba ser el protagonista de su próxima película. Hamayoun seguramente no supo qué contestar, tal vez balbuceó que no era actor, que simplemente era un arquitecto. Abbas insistió, y lo que sí sabemos, porque lo dijo en más de una entrevista, es que finalmente le contestó en ese lugar impropio para semejante propuesta que para él sería un honor aceptar. Luego vendrían las dudas, el momento en que Homayoun le confesó a Abbas que sentía que le iba a arruinar la película, y la respuesta de que si la película se arruinaba la culpa sería de él, el director, y no suya, de su actor. Y ahí se acabó la discusión. 

Lo que vino después fue una especie de milagro en continuado, primero porque la película no sólo no se arruinó sino que resultó ser extraordinaria. Y después porque esa pequeña maravilla que fue El sabor de la cereza terminaría tomando de manera totalmente inesperada el mundo del cine por asalto. No solo fue la primera película de origen iraní que ganó la Palma de Oro de Cannes, sino que se estrenó en todo el mundo y convirtió tanto a Kiarostami como Ershadi en figuras internacionales. Acá en Argentina se convirtió en un auténtico suceso, que superó largamente el circuito de las salas de arte y propició algo impensado: que no solo se llegase a estrenar comercialmente toda la filmografía del director, sino que incluso sucediera lo mismo durante mucho tiempo con cualquier película de origen iraní. Aun recuerdo las salas llenas en la sección Contracampo del Festival de Cine de Mar del Plata, y los murmullos de sorpresa al ver pasar, en la pared destartalada de una habitación en medio de la nada, un poster de –¿quién otro?– Diego Armando. 

Hamayoun hizo toda una carrera basada en la profundidad de su mirada, de sus existencialistas ojos negros. Incluso una década después fue protagonista de un suceso internacional aún mayor, el de la película Cometas en el cielo, mucho más obsequiosa con su público y con el mercado, y por eso eso mismo también más olvidable. Pero no sucede lo mismo con El sabor de la cereza (que, supongo, y habría que hacer la prueba, hoy debe ser una película tan actual como lo fue entonces, a fines de los ‘90), y tampoco con Ershadi, ni con ese rostro capaz de contar la angustia de una vida sin decir absolutamente nada, mientras buscaba aquí y allá por todo Teherán y alrededores alguien que lo enterrase debajo de un árbol de cerezas luego de su suicidio. 

Por eso es que cuando llega la noticia de su muerte de cáncer, a los 78 años, es imposible no quedarse pensando en él, en aquella película que abrió la ventana a otra sociedad y a otro universo tanto para los cinéfilos como los que no lo son pero la curiosidad los mantiene vivos y buscando, en aquel mundo en el que supimos vivir, donde las preguntas eran mas importantes que las certezas, donde no saber algo era –y lo sigue siendo, claro que sí– una puerta abierta hacia un mundo nuevo y no activaba la necesidad de tener razón, sea como sea, cualquier cosa con tal de que esas puertas se queden bien cerradas. Y al pensar en él es imposible no evocar también aquel personaje que encarnó y por lo cual no lo olvidamos. Y entonces solo queda esperar que Homayoun Ershadi, aquel arquitecto al que unos golpes en la ventana de su auto lo convirtieron en actor durante la segunda mitad de su vida, haya encontrado al final de sus días su propio árbol de cerezas como destino.


martes, 28 de octubre de 2025

Marianela c/Charly García, "Rara"

Escuchaba a los freaks/ les decía que sí

Dijo el poeta que abril es el mes más cruel, pero habría que decir lo mismo de este octubre que nunca se termina de ir. Y ante el sol que asoma de un martes que amanece tan frío como el alma de los acreedores y también apostadores millonarios que igual corren a cobrar su premio, prefiero refugiarme en la que tal vez sea la canción menos conocida del último Charly que importa, el que nunca apostó sino que se entregó de pies y manos a su destino, nunca acreedor sino eterno deudor y venime a cobrar si creés que sabés dónde encontrarme. Al final del rescate de Música Cretina que aún sigue sonando y podríamos considerar como novedad, retumba en toda su gloria el tema que Charly le regaló a Marianela, que en otra época sin dudas se habría escuchado sin parar y hoy todos evocaríamos en vez de preguntarnos de qué estamos hablando, y cada vez que hago play no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina. Siento todo el tiempo que tengo razón/ si me escuchara más no diría nada, confiesa un García de piel y huesos escondido en una letra escrita para su última colaboradora fiel devenida en cantante, Fabiana Cantilo del nuevo siglo para un Charly que por más que se ponga cualquier máscara siempre termina hablando de él. Pero que, al mismo tiempo, solo al escribir para otros pareciera que se le caen de las manos casi sin esfuerzo esa clase de temas que uno esta obligado a escuchar una y otra vez, instantáneos clásicos García incluso fuera de la vista de todos. Hubo un tiempo que no fue hermoso, pero Charly García estaba vivo. Ahora no nos quedará otra que seguir contando los días y las horas hasta se termine este invierno mientras el buen Charly sigue cumpliendo años, y habría que ser un desagradecido para pretender pedirle un verano. Así que mejor disfrutar de todo lo que nos dio, porque hay mucho para descubrir todavía. Como este tema, una maravilla que no se puede escuchar solo una vez, hay que volver y volver a él, como todo buen licor, como un niño pidiendo otra vez su dosis de teletubbie, como un adicto queriendo volver a ese limbo donde todo está bien y nadie viene a golpear la puerta. Todxs sabemxs que de vez en cuando es bueno descansar de ser los raros. Eso sí, que sea siempre con el puño en alto, los dientes apretados y los ojos brillosos. Como si la vida se fuese siempre en un buen estribillo. Gracias por todo Charly: la cuenta está más que saldada, y eso que seguro aún queda mucho por sumar. Y mientras tanto ni siquiera ese impiadoso
contable que es el tiempo puede impedirnos que sigamos celebrando tu cumpleaños. 

(Esta es una adaptación de un viejo post dedicado al fantástico tema que Charly García le regaló a Marianela veinte años atrás --de hecho, creo que se cumplen por estos días-- para su disco debut, Cajita feliz)    


jueves, 23 de octubre de 2025

Claudio Gabis c/Charly García, "Maradona blues"

Yo ya no existo sin pasado/ entre la oscuridad y la luz

Es uno de los más hermosos temas perdidos de Charly García, y por supuesto no está en Spotify pero –aunque vengo de año sábatico con el no-programa– suena en el Música Cretina que rescaté esta semana para celebrar su cumpleaños. Su título explica por sí solo las razones por las que tiene un lugar de privilegio en esa hipotética lista y, atención, fue grabado en Madrid la mismísima noche en la que el mundo conoció la noticia de que a Diego le había dado positivo el antidoping luego del partido con Nigeria y se quedaba fuera del resto del Mundial de los Estados Unidos. Se grabó en la capital española porque García aceptó la invitación de Claudio Gabis para sumarse a un disco que estaba produciendo Alejo Stivel, que imaginaba un puente entre el rock y el blues madrileño –donde el ex Manal vive desde hace años, y ha realizado una celebrada labor docente– y el de Buenos Aires. El proyecto se terminó llamando Convocatoria, y participan de un lado Fito Páez, Andrés Calamaro, Ricardo Soulé y Ricardo Mollo, entre muchos otros. Y del otro aparecen Joaquín Sabina, Coque Malla, Pedro Guerra y Luz Casal. El resultado final de semejante desfile originalmente fueron dos discos, atribuidos a Claudio Gabis y La Selección –un bautismo grupal que tiene cierto guiño a aquellos discos con La Pesada–, y el primero tiene fecha de 1995, o sea al año siguiente de aquel Mundial. Pero el tema con Charly García de ese disco, que además lo inaugura, es Jugo de tomate, el clásico de Manal. Increíblemente, para que Maradona blues viera la luz habría que esperar dos años más, ya que la segunda parte apareció recién en 1997, con mucha menos promoción que la primera. (Hubo una edición como álbum doble en 2013, con un par de bonus). Pero antes de quejarse por la demora, en realidad hay que celebrar que finalmente el tema haya llegado a buen puerto, ya que nunca estuvo en los planes originales del proyecto, que simplemente soñaba con poder incluir a Charly, que en esa época estaba terminando La hija de la lágrima en Nueva York. Gabis cuenta que lo llamó para invitarlo, que García aceptó, se subió a un avión y se apareció por Madrid. Descansó la jornada de su llegada, y por la noche viajando en taxi al estudio fue que se enteró de la noticia futbolera. El plan original era grabar justamente Jugo de tomate, y a eso se abocaron apenas comenzó la sesión. Gabis recuerda que Charly agarró la botella de J&B que le estaba reservada, le dibujó una línea por la mitad con un marcador y anunció: “Tenemos que tener terminado el tema para cuando lleguemos acá, porque después ya no respondo”. Así sucedió, precisa el guitarrista y homenajeado, pero el asunto es que, una vez hecho lo que habían venido a hacer, siguieron tocando de madrugada –Gabis calcula que sólo estaba con Charly y el baterista, porque según su recuerdo el bajista se fue a la medianoche–, y surgió entonces el tema por el que estamos contando todo esto, en realidad una improvisación que se terminó grabando media docena de veces, con diferentes letras, todas inventadas en el momento. “Todas geniales”, según Gabis. García había llegado por tres días, pero esa noche fue la única que se apareció por el estudio. El Maradona blues terminó tomando la forma que hoy todos conocemos gracias al trabajo de producción de Stivel, que terminó combinando lo mejor de todas las versiones que fueron grabadas aquella noche. Un accidente no es pecado/ y no es pecado estar así, canta García y cantamos todos cuando escuchamos y recordamos aquel tema y aquellos años del Diego, al que por estos días se lo estará recordando ya que se viene un nuevo cumpleaños sin él en este mundo. “Espero que estés en el club de los 27, con Kurt Cobain, Brian Jones y gente buena”, escribió García en su momento para despedirlo. Y agregó: “Esperame ahí que invita la casa. No te equivoques con el paraíso”. Como reza la letra del Maradona blues: “Ahora es cara o cruz”. Vengo diciendo desde siempre que las canciones no hablan del pasado, sino que –las mejores al menos– hablan siempre desde aquí y ahor
a. Y qué mas aquí y ahora que ese cara o cruz, ¿no es cierto? Feliz cumple Charly, acá estamos todos: entre la oscuridad y la luz. 

(Esta es una adaptación de un posteo publicado originalmente, como el no-programa con el tema en cuestión, cuatro años atrás, para celebrar el cumpleaños numero 70 de García. Este es el link para quienes quieran hacer sonar ese homenaje, ese Música García. El Maradona blues cierra el lado A)