Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

lunes, 27 de abril de 2026

Música y amor


No necesito su aprobación/ ni el vil metal con que me tientan

Cada vez que veo a los Aterciopelados, recuerdo aquella primera vez. Un cuarteto rocker, excitante, casi punk, con una cantante altísima y de pelo cortísimo, que hipnotizaba y enamoraba y golpeaba con sus canciones. Recuerdo también aquel primer piso de un boliche por Almagro, de techo bajo, tanto que estiraba la mano y casi lo podía tocar. Y recuerdo que aquella noche hacía tanto calor que todos sudábamos, ellos allá arriba del escenario, nosotros abajo, y en ese recuerdo hasta aquel techo estaba todo sudado. Estoy hablando del siglo pasado, estoy hablando de hace mas de treinta años atrás, lo decía el cartel del fondo del escenario del show con el que volvieron a tocar anoche en Buenos Aires, celebrando los 30 años de La pipa de la paz. Fue el disco con el que dieron la vuelta olímpica por el éxito de su hermoso, fascinante y encantador Bolero falaz, pero al rocker joven que era yo entonces le gustará siempre aquel primer disco difícil de conseguir, con un título inmejorable para un debut (Con el corazón en la mano), y especialmente su sucesor El dorado, que llegó en el momento perfecto, con las canciones necesarias para conquistar si no a la latinoamérica rockera unida al menos a ese publico fascinado por ese sueño bolivariano llamado MTV, que quedó impactado ante la visión del video iniciático de Bolero falaz, que dejaba queriéndolo ver una y otra vez, y que lograba encapsular gran parte de lo que les llevo contando, pero ademas sumaba una postal de Bogotá que intrigaba al punto de querer viajar para conocerla, y last but not least la canción tenía ese inesperado y perfecto “y te cagaste de risa” que sonaba tan porteño y propio, tan irreverente y al mismo tiempo tan a tono con los tiempos, con aquellos tan nuevos tiempos de los noventa, que hacia que todo el combo fuese irresistible. Todo esto pensaba anoche durante el show con el que volvieron a tocar en Buenos Aires, celebrando un disco repleto de hermosas canciones, con Hector y Andrea acompañados por una banda que los arropó hermosamente, todos con su correspondiente vestimenta de la que salía un rostro de bebé del medio del pecho –Andrea tenía dos, a la altura de las tetas–, como las que escondía el fondo de aquellas tazas de ceramista de sus comienzos, como el que sale del pecho deforme del futuro encarnado en Total recall, aquella fantasía de liberación marciana firmada por Verhoeven. Hubo varios problemas de sonido y especialmente de cables anoche, lo que impidió que fluyera el show naturalmente, pero eso al mismo tiempo permitió que el recital fuese otra cosa, que no se nos escurriese profesionalmente entre los dedos, y en cambio que existiera un ida y vuelta, una conversación que lo convirtió en lo que era, un encuentro con ese grupo que entiendo que, a su manera, siempre desafió a una industria que nunca supo muy bien qué hacer con ellos. Esa Cosita seria que sigue siendo Aterciopelados con Andrea al frente (“No tengo pelos en la lengua/ ya superé el qué dirán”), mas punk ahora que entonces, con su feminismo en la mano y de armas tomar. Pero además porque esa ausencia de pelos en la lengua, de superar el qué dirán, le permiten  firmar una canción como la que cerró anoche el show, su último simple, en el que pone en escena crudamente su último encuentro con la muerte, con el cáncer por el que tuvo que pasar por una masectomía bilateral, como lo explicita en La teta pirata. No creo haber escuchado un tema tan literal sobre el tema, al punto de convertirse en un exorcismo emocionante. Al presentarlo en Vorterix, Andrea dijo –después de contar todo lo que tuvo que atravesar, todo lo que después cuenta también en el tema– que estaba feliz, porque estaba viva. Y habiendo tenido tantos amigos en los últimos tiempos que no pueden decir eso, que ya no están, no sólo celebro que Andrea esté acá, y pueda decirlo. Sino que además me quedo con el tramo final del tema, una suerte de inesperado y necesario viva la vida, que en su final repite y repite, como se repitió anoche y espero se repita en todos los shows de una gira que durará todo el año (que arrancó el viernes en Chile, y mañana será el turno de Montevideo), como un salmo el deseo de música y amor, música y amor, música y amor. Sin los cuales todo esto, el mundo, los días, las noches, las canciones y hasta estas líneas, no tendrían el más mínimo sentido. Y agradezco, por más punk que se haya sido y se siga siendo en el corazón, haber vivido lo suficiente como para entenderlo. 


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