Se las presento tal como yo aún las estoy conociendo: ellas
son las colombianas Elia y Elizabeth, y tienen toda la onda. O al menos así se
titula el compilado que hace un par de años las sacó del olvido, uno de cuyos
temas suena en el Música Cretina rescatado este sábado, en el regreso de la
programación habitual de la FM Universidad de La Plata luego del receso de las
vacaciones del invierno. Se las puede escuchar apenas comenzado el Lado A del
no-programa, que tienen que hacer play ya mismo para iluminar aún más esta
soleada mañana de lunes invernal. Pero volviendo al compilado en cuestión, su
título habla de La onda de Elia y Elizabeth, y es responsabilidad del sello
ibérico Vampisoul, dedicado a esta clase de rarezas y que supo también rescatar
al Totem de Rubén Rada, a no olvidarse de ese detalle. Lo cierto es que las
hermanas Fleta, nietas del tenor aragonés Miguel Fleta (y sobrinas de Elia
Fleta, que según leo en Zona de Obras supo cantar el tema Estando contigo antes
que Marisol), cumplieron apenas terminada su adolescencia a comienzos de los 70
con su efímero sueño de guitarras, camisas coloridas y trajes blancos,
poniéndose al servicio del musico colombiano Jimmy Salcedo, que supo mezclar
swinging london con la canción francesa mas pop y ciertos toques caribeños
inevitables por el entorno. El resultado es un pop arrebatador con cierta
psicodelia naif, que duró apenas un par de discos, hasta que el dúo se rompió
porque Elia decidió entregarse a una vocación docente que terminó en religiosa.
Las chicas cayeron en un rápido olvido, apurado tal vez en un intento de que
ese pecado pop de juventud no macillase la reputación de las jóvenes en su
camino hacia la adultez. Pero en este nuevo siglo de rescates y fondo de olla
la musica de Elia y Elizabeth volvió a ver la luz, y hasta llegó a un capítulo
de la serie Narcos. Soy una nube que la lleva el viento/ y voy flotando
sobre el mar, cantan las chicas --si las dejan cantar, claro-- en el
Música Cretina rescatado este fin de semana, y que hace que el frío del lunes
al menos tenga algo de esas nubes, ese viento y ese mar.
Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.
Idea, conducción y textos: Martín Pérez
musicacretina@gmail.com
lunes, 6 de agosto de 2018
domingo, 5 de agosto de 2018
Música Cretina FMUniv #16
ESTO NO ES UN PROGRAMA
4-8-2018
Lado A
"Soy una nube que la lleva el viento/ y voy flotando
sobre el mar"
1.- Robert
Pollard, Faulty superheroes
2.- Elia y
Elizabeth, Soy una nube
3.- Ron
Sexsmith, Lucky penny
4.- Faces,
Jealous guy (Lennon)
5.- Dado Villa-Lobos, Quando a casa cai
6.- Los
Lobos, Made to break your heart
7.- Sr. Flavio, Cruz del sur
Lado B
"Si estoy siempre en un planeta paralelo/ es que de
chico me di un golpe en la cabeza"
8.- Julian Cope, These things I know
9.- Sergio Makaroff, El golpe
10.- Link Wray, All because of a woman
11.- Jeanne Added, Little red Corvette (Prince)
12.- Dino, Días y días
13.- Allen Toussaint, Soul sister
14.- Fito Páez y Moska, Imposible escribir sobre nada
14.- Fito Páez y Moska, Imposible escribir sobre nada
(Emisión original: Música Cretina 2015 #12, 10-10-2015)
jueves, 2 de agosto de 2018
American Music Club, "I broke my promise"
En un mundo ideal no debería tener que presentarlos, pero
por ahora hay que conformarse con el que tenemos así que acá va: estos son los
American Music Club, el grupo de Mark Eitzel, un cantautor extraordinario de
San Francisco, que aún hoy sigue sacando discos encantadores y siempre
cretinos. Eitzel comenzó a construir su brillante repertorio al frente del
grupo desde mediados de los 80, en un principio de manera errática, hasta
llegar a una cumbre apenas despuntados los 90 para luego irse deshaciendo
demasiado rápidamente por las expectativas puestas en ellos. Rompí mi promesa/
de que no iba a escribir otra canción de amor sobre vos, arranca cantando el
hermoso tema que suena en uno de los últimos Música Cretina rescatados para FM
Universidad de La Plata, todos los sábados de 23 a 24, ya saben. Eso sí, van a tener que esperar un
poco, porque la voz de Mark aparece recién al promediar el Lado B, después de
Leandro y Los Ninjas y antes de Lisa Germano. Pero este frío jueves invernal se
merece un no-programa completo al sol, permítanselo. Y mientras tanto les puedo
contar algunas cosas más sobre el buen Mark, uno de esos tipos que andan por
ahí con el corazón en la mano. O al menos así se lo percibe en sus mejores
canciones, siempre confesionales y de corazón roto, pero nunca deshecho en
lágrimas sino mas bien sanando como puede. Al teléfono sonabas alegre/ pero un
corazón puede llorar y uno puede no ver las lágrimas, sigue cantando Eitzel, y
no hace falta explicar más de qué van sus canciones, aunque habría que avisar que
el tema en cuestión lejos de ser desgarrador es
celebratorio. Estoy contento de que hayas vuelto, reza una y otra vez el
estribillo, y entonces supongo que sí puedo dar por presentada la clase de
canciones que entrega Eitzel, al que tuve la suerte de ver en vivo en Los
Angeles a fines de los 90, cuando American Music Club ya se había desbandado, y
había empezado su carrera solista. Estaba en la ciudad al final de un viaje que
incluyó tres notas: seguir el micro de Los Fabulosos Cadillacs en una gira que
desembocó en la ciudad, y presenciar la grabación de sendos discos de Divididos
y Los Caballeros de la Quema. El viaje lo pagó BMG y las notas fueron saliendo
en los primeros números de la Rolling Stone, de menor a mayor: Cadillacs tapa,
Divididos grande pero sin tapa, Caballeros un par de paginitas nomas. Pero con
los Caballeros estaba mi amigo Martín Rea, y una noche aunque estábamos
totalmente agotados nos fuimos igual hasta un lugar muy simpático llamado
Largo, porque yo había leído que tocaba Eitzel y no me lo quería perder. Tan
cansado estaba que no recuerdo mucho del asunto, y hasta creo que no llegamos
escuchar todo el show, nos tuvimos que ir porque nos dormíamos esperando que
empiece. Pero alcancé a acercarme a Eitzel para saludarlo, diciéndole que venía
desde Argentina para escucharlo. Flaco y muy alto, con los hombros eternamente
encorvados, ni me miró a los ojos, y me extendió una mano feta para sacarme lo
más rápido posible de encima. Supongo que yo hubiese hecho lo mismo si se me
hubiese acercado un sudaca agotado e hiperexitado al mismo tiempo, queriéndome
saludar. Pero esa mano fría y feta me persigue cada vez que pienso en él. Pero
es una imagen que se aleja cada vez que pongo ese hermoso disco en vivo solito
con su guitarra llamado Songs of love, un pirata hecho oficial grabado en
Londres, en enero del 91, cuando todavía todo era posible. American Music Club
estaba por sacar el que para muchos es su mejor disco, Everclear, e iba a
conseguir un contrato con Reprise. El mundo pronto iba a estar a sus pies. Pero
a ellos también les pasaron cosas. El sol de California siempre brilla, pero
San Francisco es un lugar frío, sigue cantando Mark en el tema que disparó
estos recuerdos, y tal vez esa frase alcance como explicación de todo lo que
estamos hablando. Y sino, igual dejemos que siga sonando. Claro que sí, Mark.
Estamos felices de que hayas vuelto.
martes, 31 de julio de 2018
Robert Forster, "Songwriters on the run"
Se los presento, por si hace falta: este señor se llama
Robert Forster, nació hace 61 años en Brisbane, Australia, y si no fuese por la
guitarra --y los libros de rock a su espalda, entre los que se leen claramente
los nombres de Dylan y Keith Richards-- podría pasar tranquilamente por un
evangelista. De hecho, así se titula su disco solista más celebrado, The
evangelist, que ya tiene una década. Pero estamos aquí reunidos para hablar del
disco que vino después, el último que sacó hasta ahora, Songs to play. O sea,
canciones para tocar (y jugar, por qué no). Aunque en realidad estamos reunidos
para muchas otras cosas, siempre más importantes. Celebrar el sol del martes,
por ejemplo. Recordar que el invierno también sabe poner buena cara. Y avisar
que con el fin de las vacaciones esta semana regresan los rescates de Música
Cretina en la FM Universidad de La Plata (todos los sábados, de 23 a 24). En uno
de esos últimos no-programas rescatados es que aparece el amigo Forster,
cantando una de las canciones de ese hermoso disco, al que descubrí en un largo
viaje de regreso en ómnibus desde Montevideo. Más de un tema se hizo cretino,
pero el que me despereza esta mañana es Songwiters on the run, o sea
Cantautores huyendo. Una sugerente y ominosa saga que acompaña el escape de una
pareja de músicos como si fuesen Bonnie and Clyde. Ya escribí sobre este tema y
ese viaje en ómnibus revelador, sobre Forster, sus libros sobre rock y,
especialmente, su ex grupo Go-Betweens en un post amanecido un par de años
atrás, cuando el Música Cretina que lo contiene vio a la luz originalmente, y
que los invito a repasar cortesmente. Pero ahora la invitación es a que hagan play y con paciencia recorran un
no-programa que abre con Prince y sigue con Charly, y que recién en su lado B,
entre Charles Bradley y Los Lobos, verán aparecer a nuestro Evangelista jugando
con una de sus canciones del disco que nos ocupa, amenazando --acompañado por
la voz de su mujer, Karin Bäumer, cual Gainsbourg y Jane Birkin-- con eso de
que: Y tenían canciones para cantar/ y no tenían tiempo que perder.
sábado, 28 de julio de 2018
El Cuarteto de Nos, "Al cielo, no"
Se los presento: este es el disco con que El Cuarteto de Nos
se reseteó para este nuevo milenio, el que nunca escuchamos por estos pagos
--ni este, ni los anteriores, claro-- pero sin el cual no hubiesen podido pegar
el salto, aggiornar su sonido, enfocar el estilo, y convertirse en inesperados
abanderados continentales del rock uruguayo clásico de los ochenta, por mas que
se los pueda meter en esa categoria medio por la ventana. En realidad, ese
sonido for export del grupo de los hermanos Musso tuvo más que ver con el de
estos tiempos que con su historia, pero también es verdad que el cinismo de sus
letras, cantadas siempre desde el crudo y confesional punto de vista de los
mezquinos y/o perdedores, siempre mantuvieron su esencia, en realidad se podría
argumentar que fueron sus potenciales oyentes quienes los alcanzaron, capaces
en el siglo XXI de entender colectivamente eso que antes solo paraba la oreja
de unos pocos. Claro, "pocos" fuera de las fronteras de Uruguay,
porque por allá el Cuarteto logró ser éxito primero, y luego convertirse en
clásico. Lo se porque lo viví: nunca me sentí mas uruguayo que cuando descubrí
que podia hacer pogo y cantar sus canciones con su público en un multitudinario
show de madrugada --casi amaneciendo, en realidad-- cerrando un festival en La
Pedrera. Recuerdo que descubrí al Cuarteto a mediados de los 90, cuando su
disco Otra navidad en las trincheras los transformó en el grupo
uruguayo del momento. Es donde tienen su cancion más punk, El primer
oriental desertor, en la que se atreven a decir cosas como: Lo de
la guerra es algo nuevo/ porque a mi la patria me chupa un huevo. Se
sabe, bajo la pantalla del humor se pueden revelar las mayores verdades. Pero
ese disco también tiene lo que para mí siempre fue su mayor gilette en el
tobogán o alfiler en la manzana: un tema contagiosamente beatle llamado Solo un rumor, canción de amor cuya melodía invita a cantar su
letra pero que resulta ferozmente misógina desde su primer verso, retratando de
manera cada vez mas cruel a un supuesto objeto amado, hasta llegar a un verso
que siempre me pareció la cumbre de la perversión, el momento en que el uno se
pregunta inevitablemente qué está haciendo, cómo puede ser que algo así pueda
aparecer en una canción de amor. Se trata de una enumeración estilo "me
contaron que" a cual mas cruel que hace cumbre en una estrofa que aún hoy
resulta increíblemente feroz y fuera de lugar: Y que te hicieron como
siete abortos/ y que uno salió mal/ tuviste que parir y la quedaste/ y que al
bebé lo ahogaste en el water. Eran los tiempos de rock en la televisión
argentina, de la pelea entre Pergolini y Tinelli, y yo me imaginaba el colmo de
la rebelión que El Cuarteto se presentase en Ritmo de la Noche, cantase sus temas
mas beatles, y que cuando llegase a esa canción --su hit-- y ese verso, todo
estallase en mil pedazos. Era la fantasía de alguien --yo-- que cuando fue a
Feliz Domingo preparó palabras que sonasen como que no se pudieran decir en
televisión pero que estuviesen avaladas por el diccionario, buscando generar
cualquier disturbio posible. (lo conseguí, dije "zorongo" y se armó
revuelo, pero esa es otra historia). Lo cierto es que a pesar de esa fantasía,
la realidad marcaba que El Cuarteto no sólo podía cantar Solo un
rumor en la televisión uruguaya, sino que todos cantaban con ellos y los
celebraban. No se si esto dice algo en particular sobre la sociedad uruguaya o
sobre la capacidad de las canciones para desactivar sus supuestos caballos de
troya, pero eso también deberíamos dejarlo para otro momento. Lo que importa
acá es que El Cuarteto siempre regaló temas como éstos en cada uno de sus
discos, algo que se disfrutó siempre particularmente en sus shows en vivo,
donde podían tocarlos uno atrás del otro. Recuerdo uno en un lugar pequeño de
Montevideo que me abrió la cabeza, que compartieron con Los Supersónicos, donde
tocaban creo desde un entrepiso y pasaban también peliculas en Super 8 (¿o
sería video?). El repertorio de ese show creo que está fielmente representado
en el disco de la foto, donde recuperaron temas como el que suena en uno de los
últimos Música Cretina que sonaron en la FM de Radio Universidad de La Plata, y
que invito a que escuchen en este sábado de lluvia y mas lluvia, que hace
pensar eso de que de repente me enteré que la eternidad/ dura mucho
tiempo y a veces más, como canta Roberto Musso en Al cielo,
no, un temazo que, como los mejores de El Cuarteto, merecen ser cantados
de punta a punta, cretinadas incluidas. Y en el que aparecen personajes encantadores como La Abuela
Popa --digno de un grupo que siempre amó a las viejas--, avisandole a su nieto
suicida a través del juego de la copa: Mirá mi amor/ acá en el cielo todo
es de terror/ porque no hay quiniela ni hay maní/ ni ningún bar donde tomar
anís. Así que entonces sumémonos al coro, hagamos play en el no-programa
correspondiente, tengamos paciencia porque es
el tema que cierra el Lado A (después de los Pixies, mirá bó), y pidamos
entonces que al cielo no, por favor. Nada de tocar mal el arpa y desafinar con
angelitos meando alrededor. Mejor el infierno, qué tanto. Aunque haya que
soportar demasiada gente de terror, y también --uruguayos alternativos, al
fin-- a la hinchada de Peñarol.
jueves, 26 de julio de 2018
Warren Zevon, "Tenderness on the block"
Como tantos otros discos, éste se lo debo a Alfredo Rosso.
Es el segundo –o tercero, o cuarto, las vidas de los músicos de Los Angeles
tienen demasiados comienzos—de Warren Zevon, el cachetón nerd de la foto de
tapa. La verdad es que Zevon está realmente irreconocible en la portada del
disco que lo hizo famoso, que siempre fue el disco mas vendido de su carrera.
"Es el mejor disco de rock norteamericano desde Born to run de Springsteen,
Zuma de Neil Young y The pretender de Jackson Browne", escribió Paul
Nelson en la Rolling Stone cuando salió. Pero teniendo en cuenta los gustos del
buen Nelson, habría que corregir la declaración destacando que habla del rock
blanco norteamericano. Cuando lo compré en Tabú, en una edición local que por
acá supongo debió pasar desapercibida (es del 78, año de la fiebre disco),
durante muchos años fue un álbum con el que no pude presumir ante nadie. Porque
nadie lo conocía. Hasta que empecé a colaborar en Radar, y conocí a Rodrigo
Fresán, y también a Juan Forn, que directamente me llamaba Warren, porque
aseguraba que me parecía. Llegué incluso a escribir un largo perfil suyo que me
pidió Alan Pauls cuando era editor de la revista Página/30 y la habia hecho temática:
mi nota de Zevon formó parte de un numero dedicado a la letra Z. Romántico
estoico, borracho ilustrado, Zevon es un admirable compositor de canciones,
capaz de una feroz ironía, pero también de una sensibilidad honesta, nunca
sensiblera. El de las canciones de amor de sincero arrepentimiento, pero
también de un thelmaylouisismo terminal, yendo hacia el abismo con una sonrisa
en el rostro. El tema que nos convoca, el que suena en uno de los últimos
Musica Cretina rescatados para la FM Universidad de La Plata, se llama
Tenderness on the block: ternura en la cuadra, digamos. Es un gran tema al piano,
una suerte de She’s leaving home pero californiano. No le preguntes
cuándo va a volver/ y cuando esté en casa no le preguntes dónde estuvo,
canta Warren, y no hay drama acá, simplemente hay empatía, tanto por los padres
como por ella, que tiene un novio que la espera y, sí, tal vez no esté
preparada. Pero no la podes detener, mi viejo: con los ojos abiertos va a enfrentarse
al mundo. Sé cuánto duele verla irse/ pero tiene sus propias ideas/ Ya
está grande/ y tiene a un chico esperándola. Warren la escribió con
Jackson Browne, otro joven sabio de los 70. Tal vez no sea el tema del disco
que hoy elegiria para un dia y un tiempo como el que vivimos (Lawyers, guns and
money tiene todos los boletos), pero este mediodía de jueves merece otra
oportunidad. Y un poco de sol, qué tanto.
(Así como vamos recuperando no-programas para la FM de Universidad de La Plata, algunos post tambien se recuperan. Este es un remix de un post anterior de Música Cretina. El que avisa no es traidor)
(Así como vamos recuperando no-programas para la FM de Universidad de La Plata, algunos post tambien se recuperan. Este es un remix de un post anterior de Música Cretina. El que avisa no es traidor)
lunes, 23 de julio de 2018
Mandrake y Los Druidas, "Estos son los días"
Leias la Biblia/ comiendo cucumelos
Acá lo tienen, acompañado por sus Druidas, con los que suena en el último no-programa cosecha 2018. ¿Hace falta presentarlo? Tal vez si, al menos de este lado del rio. Se llama Alberto Wolf, pero todos lo conocen como el Mandrake. Es uruguayo, como Eduardo Mateo, como Jaime Roos, como Fernando Cabrera. Las referencias no son gratuitas: fue devoto de Mateo al punto de que la noche de la internación final del autor de Yulele en realidad tenían planeado hacer un show juntos; durante mucho tiempo fue una suerte de mini Roos, llegando a componer el mejor tema de Roos que no es de él sino suyo, Amor profundo; y si pongo a Cabrera en la lista mas que nada es porque no debería tomarle al Mandrake tanto tiempo como el que le tomó a Cabrera cruzar el charco como se merece. Tendría que ser el siguiente en la lista: aquí lo tienen, este es el Mandrake. Y también habría que escucharlo en sus propios términos, ya que el año pasado se editó por aquí su primer disco solista, desenchufado, acústico. Pero el Mandrake hace casi diez años que su mejor rostro lo muestra rockeando. Sin ir mas lejos, su último paso fue desarmar a sus Terapeutas --que ya eran bastante rockeros-- para acompañarse con un trío decididamente rocker. El debut de Mandrake y Los Druidas demuestra que está por el buen camino. Creías en tantas cosas/ soñabas despierto, canta Mandrake apenas arranca el disco, y también al final del Lado A de un Música Cretina que tal vez alcance a calentar un poco este lunes tan frío. Tu propia ingenuidad/ decías te va a salvar. Estos son los días, señorxs. O eran, por suerte.
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