Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

lunes, 6 de agosto de 2018

Elia y Elizabeth, "Soy una nube"



Se las presento tal como yo aún las estoy conociendo: ellas son las colombianas Elia y Elizabeth, y tienen toda la onda. O al menos así se titula el compilado que hace un par de años las sacó del olvido, uno de cuyos temas suena en el Música Cretina rescatado este sábado, en el regreso de la programación habitual de la FM Universidad de La Plata luego del receso de las vacaciones del invierno. Se las puede escuchar apenas comenzado el Lado A del no-programa, que tienen que hacer play ya mismo para iluminar aún más esta soleada mañana de lunes invernal. Pero volviendo al compilado en cuestión, su título habla de La onda de Elia y Elizabeth, y es responsabilidad del sello ibérico Vampisoul, dedicado a esta clase de rarezas y que supo también rescatar al Totem de Rubén Rada, a no olvidarse de ese detalle. Lo cierto es que las hermanas Fleta, nietas del tenor aragonés Miguel Fleta (y sobrinas de Elia Fleta, que según leo en Zona de Obras supo cantar el tema Estando contigo antes que Marisol), cumplieron apenas terminada su adolescencia a comienzos de los 70 con su efímero sueño de guitarras, camisas coloridas y trajes blancos, poniéndose al servicio del musico colombiano Jimmy Salcedo, que supo mezclar swinging london con la canción francesa mas pop y ciertos toques caribeños inevitables por el entorno. El resultado es un pop arrebatador con cierta psicodelia naif, que duró apenas un par de discos, hasta que el dúo se rompió porque Elia decidió entregarse a una vocación docente que terminó en religiosa. Las chicas cayeron en un rápido olvido, apurado tal vez en un intento de que ese pecado pop de juventud no macillase la reputación de las jóvenes en su camino hacia la adultez. Pero en este nuevo siglo de rescates y fondo de olla la musica de Elia y Elizabeth volvió a ver la luz, y hasta llegó a un capítulo de la serie Narcos. Soy una nube que la lleva el viento/ y voy flotando sobre el mar, cantan las chicas --si las dejan cantar, claro-- en el Música Cretina rescatado este fin de semana, y que hace que el frío del lunes al menos tenga algo de esas nubes, ese viento y ese mar.

domingo, 5 de agosto de 2018

Música Cretina FMUniv #16

ESTO NO ES UN PROGRAMA

4-8-2018

Lado A

"Soy una nube que la lleva el viento/ y voy flotando sobre el mar"

1.- Robert Pollard, Faulty superheroes
2.- Elia y Elizabeth, Soy una nube
3.- Ron Sexsmith, Lucky penny
4.- Faces, Jealous guy (Lennon)
5.- Dado Villa-Lobos, Quando a casa cai
6.- Los Lobos, Made to break your heart
7.- Sr. Flavio, Cruz del sur

Lado B

"Si estoy siempre en un planeta paralelo/ es que de chico me di un golpe en la cabeza"

8.- Julian Cope, These things I know
9.- Sergio Makaroff, El golpe
10.- Link Wray, All because of a woman
11.- Jeanne Added, Little red Corvette (Prince)
12.- Dino, Días y días
13.- Allen Toussaint, Soul sister
14.- Fito Páez y Moska, Imposible escribir sobre nada

(Emisión original: Música Cretina 2015 #12, 10-10-2015)

jueves, 2 de agosto de 2018

American Music Club, "I broke my promise"



En un mundo ideal no debería tener que presentarlos, pero por ahora hay que conformarse con el que tenemos así que acá va: estos son los American Music Club, el grupo de Mark Eitzel, un cantautor extraordinario de San Francisco, que aún hoy sigue sacando discos encantadores y siempre cretinos. Eitzel comenzó a construir su brillante repertorio al frente del grupo desde mediados de los 80, en un principio de manera errática, hasta llegar a una cumbre apenas despuntados los 90 para luego irse deshaciendo demasiado rápidamente por las expectativas puestas en ellos. Rompí mi promesa/ de que no iba a escribir otra canción de amor sobre vos, arranca cantando el hermoso tema que suena en uno de los últimos Música Cretina rescatados para FM Universidad de La Plata, todos los sábados de 23 a 24, ya saben. Eso sí, van a tener que esperar un poco, porque la voz de Mark aparece recién al promediar el Lado B, después de Leandro y Los Ninjas y antes de Lisa Germano. Pero este frío jueves invernal se merece un no-programa completo al sol, permítanselo. Y mientras tanto les puedo contar algunas cosas más sobre el buen Mark, uno de esos tipos que andan por ahí con el corazón en la mano. O al menos así se lo percibe en sus mejores canciones, siempre confesionales y de corazón roto, pero nunca deshecho en lágrimas sino mas bien sanando como puede. Al teléfono sonabas alegre/ pero un corazón puede llorar y uno puede no ver las lágrimas, sigue cantando Eitzel, y no hace falta explicar más de qué van sus canciones, aunque habría que avisar que el tema en cuestión lejos de ser desgarrador es celebratorio. Estoy contento de que hayas vuelto, reza una y otra vez el estribillo, y entonces supongo que sí puedo dar por presentada la clase de canciones que entrega Eitzel, al que tuve la suerte de ver en vivo en Los Angeles a fines de los 90, cuando American Music Club ya se había desbandado, y había empezado su carrera solista. Estaba en la ciudad al final de un viaje que incluyó tres notas: seguir el micro de Los Fabulosos Cadillacs en una gira que desembocó en la ciudad, y presenciar la grabación de sendos discos de Divididos y Los Caballeros de la Quema. El viaje lo pagó BMG y las notas fueron saliendo en los primeros números de la Rolling Stone, de menor a mayor: Cadillacs tapa, Divididos grande pero sin tapa, Caballeros un par de paginitas nomas. Pero con los Caballeros estaba mi amigo Martín Rea, y una noche aunque estábamos totalmente agotados nos fuimos igual hasta un lugar muy simpático llamado Largo, porque yo había leído que tocaba Eitzel y no me lo quería perder. Tan cansado estaba que no recuerdo mucho del asunto, y hasta creo que no llegamos escuchar todo el show, nos tuvimos que ir porque nos dormíamos esperando que empiece. Pero alcancé a acercarme a Eitzel para saludarlo, diciéndole que venía desde Argentina para escucharlo. Flaco y muy alto, con los hombros eternamente encorvados, ni me miró a los ojos, y me extendió una mano feta para sacarme lo más rápido posible de encima. Supongo que yo hubiese hecho lo mismo si se me hubiese acercado un sudaca agotado e hiperexitado al mismo tiempo, queriéndome saludar. Pero esa mano fría y feta me persigue cada vez que pienso en él. Pero es una imagen que se aleja cada vez que pongo ese hermoso disco en vivo solito con su guitarra llamado Songs of love, un pirata hecho oficial grabado en Londres, en enero del 91, cuando todavía todo era posible. American Music Club estaba por sacar el que para muchos es su mejor disco, Everclear, e iba a conseguir un contrato con Reprise. El mundo pronto iba a estar a sus pies. Pero a ellos también les pasaron cosas. El sol de California siempre brilla, pero San Francisco es un lugar frío, sigue cantando Mark en el tema que disparó estos recuerdos, y tal vez esa frase alcance como explicación de todo lo que estamos hablando. Y sino, igual dejemos que siga sonando. Claro que sí, Mark. Estamos felices de que hayas vuelto.

martes, 31 de julio de 2018

Robert Forster, "Songwriters on the run"


Se los presento, por si hace falta: este señor se llama Robert Forster, nació hace 61 años en Brisbane, Australia, y si no fuese por la guitarra --y los libros de rock a su espalda, entre los que se leen claramente los nombres de Dylan y Keith Richards-- podría pasar tranquilamente por un evangelista. De hecho, así se titula su disco solista más celebrado, The evangelist, que ya tiene una década. Pero estamos aquí reunidos para hablar del disco que vino después, el último que sacó hasta ahora, Songs to play. O sea, canciones para tocar (y jugar, por qué no). Aunque en realidad estamos reunidos para muchas otras cosas, siempre más importantes. Celebrar el sol del martes, por ejemplo. Recordar que el invierno también sabe poner buena cara. Y avisar que con el fin de las vacaciones esta semana regresan los rescates de Música Cretina en la FM Universidad de La Plata (todos los sábados, de 23 a 24). En uno de esos últimos no-programas rescatados es que aparece el amigo Forster, cantando una de las canciones de ese hermoso disco, al que descubrí en un largo viaje de regreso en ómnibus desde Montevideo. Más de un tema se hizo cretino, pero el que me despereza esta mañana es Songwiters on the run, o sea Cantautores huyendo. Una sugerente y ominosa saga que acompaña el escape de una pareja de músicos como si fuesen Bonnie and Clyde. Ya escribí sobre este tema y ese viaje en ómnibus revelador, sobre Forster, sus libros sobre rock y, especialmente, su ex grupo Go-Betweens en un post amanecido un par de años atrás, cuando el Música Cretina que lo contiene vio a la luz originalmente, y que los invito a repasar cortesmente. Pero ahora la invitación es a que hagan play y con paciencia recorran un no-programa que abre con Prince y sigue con Charly, y que recién en su lado B, entre Charles Bradley y Los Lobos, verán aparecer a nuestro Evangelista jugando con una de sus canciones del disco que nos ocupa, amenazando --acompañado por la voz de su mujer, Karin Bäumer, cual Gainsbourg y Jane Birkin-- con eso de que: Y tenían canciones para cantar/ y no tenían tiempo que perder.

sábado, 28 de julio de 2018

El Cuarteto de Nos, "Al cielo, no"

Se los presento: este es el disco con que El Cuarteto de Nos se reseteó para este nuevo milenio, el que nunca escuchamos por estos pagos --ni este, ni los anteriores, claro-- pero sin el cual no hubiesen podido pegar el salto, aggiornar su sonido, enfocar el estilo, y convertirse en inesperados abanderados continentales del rock uruguayo clásico de los ochenta, por mas que se los pueda meter en esa categoria medio por la ventana. En realidad, ese sonido for export del grupo de los hermanos Musso tuvo más que ver con el de estos tiempos que con su historia, pero también es verdad que el cinismo de sus letras, cantadas siempre desde el crudo y confesional punto de vista de los mezquinos y/o perdedores, siempre mantuvieron su esencia, en realidad se podría argumentar que fueron sus potenciales oyentes quienes los alcanzaron, capaces en el siglo XXI de entender colectivamente eso que antes solo paraba la oreja de unos pocos. Claro, "pocos" fuera de las fronteras de Uruguay, porque por allá el Cuarteto logró ser éxito primero, y luego convertirse en clásico. Lo se porque lo viví: nunca me sentí mas uruguayo que cuando descubrí que podia hacer pogo y cantar sus canciones con su público en un multitudinario show de madrugada --casi amaneciendo, en realidad-- cerrando un festival en La Pedrera. Recuerdo que descubrí al Cuarteto a mediados de los 90, cuando su disco Otra navidad en las trincheras los transformó en el grupo uruguayo del momento. Es donde tienen su cancion más punk, El primer oriental desertor, en la que se atreven a decir cosas como: Lo de la guerra es algo nuevo/ porque a mi la patria me chupa un huevo. Se sabe, bajo la pantalla del humor se pueden revelar las mayores verdades. Pero ese disco también tiene lo que para mí siempre fue su mayor gilette en el tobogán o alfiler en la manzana: un tema contagiosamente beatle llamado Solo un rumor, canción de amor cuya melodía invita a cantar su letra pero que resulta ferozmente misógina desde su primer verso, retratando de manera cada vez mas cruel a un supuesto objeto amado, hasta llegar a un verso que siempre me pareció la cumbre de la perversión, el momento en que el uno se pregunta inevitablemente qué está haciendo, cómo puede ser que algo así pueda aparecer en una canción de amor. Se trata de una enumeración estilo "me contaron que" a cual mas cruel que hace cumbre en una estrofa que aún hoy resulta increíblemente feroz y fuera de lugar: Y que te hicieron como siete abortos/ y que uno salió mal/ tuviste que parir y la quedaste/ y que al bebé lo ahogaste en el water. Eran los tiempos de rock en la televisión argentina, de la pelea entre Pergolini y Tinelli, y yo me imaginaba el colmo de la rebelión que El Cuarteto se presentase en Ritmo de la Noche, cantase sus temas mas beatles, y que cuando llegase a esa canción --su hit-- y ese verso, todo estallase en mil pedazos. Era la fantasía de alguien --yo-- que cuando fue a Feliz Domingo preparó palabras que sonasen como que no se pudieran decir en televisión pero que estuviesen avaladas por el diccionario, buscando generar cualquier disturbio posible. (lo conseguí, dije "zorongo" y se armó revuelo, pero esa es otra historia). Lo cierto es que a pesar de esa fantasía, la realidad marcaba que El Cuarteto no sólo podía cantar Solo un rumor en la televisión uruguaya, sino que todos cantaban con ellos y los celebraban. No se si esto dice algo en particular sobre la sociedad uruguaya o sobre la capacidad de las canciones para desactivar sus supuestos caballos de troya, pero eso también deberíamos dejarlo para otro momento. Lo que importa acá es que El Cuarteto siempre regaló temas como éstos en cada uno de sus discos, algo que se disfrutó siempre particularmente en sus shows en vivo, donde podían tocarlos uno atrás del otro. Recuerdo uno en un lugar pequeño de Montevideo que me abrió la cabeza, que compartieron con Los Supersónicos, donde tocaban creo desde un entrepiso y pasaban también peliculas en Super 8 (¿o sería video?). El repertorio de ese show creo que está fielmente representado en el disco de la foto, donde recuperaron temas como el que suena en uno de los últimos Música Cretina que sonaron en la FM de Radio Universidad de La Plata, y que invito a que escuchen en este sábado de lluvia y mas lluvia, que hace pensar eso de que de repente me enteré que la eternidad/ dura mucho tiempo y a veces más, como canta Roberto Musso en Al cielo, no, un temazo que, como los mejores de El Cuarteto, merecen ser cantados de punta a punta, cretinadas incluidas. Y en el que aparecen personajes encantadores como La Abuela Popa --digno de un grupo que siempre amó a las viejas--, avisandole a su nieto suicida a través del juego de la copa: Mirá mi amor/ acá en el cielo todo es de terror/ porque no hay quiniela ni hay maní/ ni ningún bar donde tomar anís. Así que entonces sumémonos al coro, hagamos play en el no-programa correspondiente, tengamos paciencia porque es el tema que cierra el Lado A (después de los Pixies, mirá bó), y pidamos entonces que al cielo no, por favor. Nada de tocar mal el arpa y desafinar con angelitos meando alrededor. Mejor el infierno, qué tanto. Aunque haya que soportar demasiada gente de terror, y también --uruguayos alternativos, al fin-- a la hinchada de Peñarol.

jueves, 26 de julio de 2018

Warren Zevon, "Tenderness on the block"


Como tantos otros discos, éste se lo debo a Alfredo Rosso. Es el segundo –o tercero, o cuarto, las vidas de los músicos de Los Angeles tienen demasiados comienzos—de Warren Zevon, el cachetón nerd de la foto de tapa. La verdad es que Zevon está realmente irreconocible en la portada del disco que lo hizo famoso, que siempre fue el disco mas vendido de su carrera. "Es el mejor disco de rock norteamericano desde Born to run de Springsteen, Zuma de Neil Young y The pretender de Jackson Browne", escribió Paul Nelson en la Rolling Stone cuando salió. Pero teniendo en cuenta los gustos del buen Nelson, habría que corregir la declaración destacando que habla del rock blanco norteamericano. Cuando lo compré en Tabú, en una edición local que por acá supongo debió pasar desapercibida (es del 78, año de la fiebre disco), durante muchos años fue un álbum con el que no pude presumir ante nadie. Porque nadie lo conocía. Hasta que empecé a colaborar en Radar, y conocí a Rodrigo Fresán, y también a Juan Forn, que directamente me llamaba Warren, porque aseguraba que me parecía. Llegué incluso a escribir un largo perfil suyo que me pidió Alan Pauls cuando era editor de la revista Página/30 y la habia hecho temática: mi nota de Zevon formó parte de un numero dedicado a la letra Z. Romántico estoico, borracho ilustrado, Zevon es un admirable compositor de canciones, capaz de una feroz ironía, pero también de una sensibilidad honesta, nunca sensiblera. El de las canciones de amor de sincero arrepentimiento, pero también de un thelmaylouisismo terminal, yendo hacia el abismo con una sonrisa en el rostro. El tema que nos convoca, el que suena en uno de los últimos Musica Cretina rescatados para la FM Universidad de La Plata, se llama Tenderness on the block: ternura en la cuadra, digamos. Es un gran tema al piano, una suerte de She’s leaving home pero californiano. No le preguntes cuándo va a volver/ y cuando esté en casa no le preguntes dónde estuvo, canta Warren, y no hay drama acá, simplemente hay empatía, tanto por los padres como por ella, que tiene un novio que la espera y, sí, tal vez no esté preparada. Pero no la podes detener, mi viejo: con los ojos abiertos va a enfrentarse al mundo. Sé cuánto duele verla irse/ pero tiene sus propias ideas/ Ya está grande/ y tiene a un chico esperándola. Warren la escribió con Jackson Browne, otro joven sabio de los 70. Tal vez no sea el tema del disco que hoy elegiria para un dia y un tiempo como el que vivimos (Lawyers, guns and money tiene todos los boletos), pero este mediodía de jueves merece otra oportunidad. Y un poco de sol, qué tanto.

(Así como vamos recuperando no-programas para la FM de Universidad de La Plata, algunos post tambien se recuperan. Este es un remix de un post anterior de Música Cretina. El que avisa no es traidor) 

lunes, 23 de julio de 2018

Mandrake y Los Druidas, "Estos son los días"


Leias la Biblia/ comiendo cucumelos

Acá lo tienen, acompañado por sus Druidas, con los que suena en el último no-programa cosecha 2018. ¿Hace falta presentarlo? Tal vez si, al menos de este lado del rio. Se llama Alberto Wolf, pero todos lo conocen como el Mandrake. Es uruguayo, como Eduardo Mateo, como Jaime Roos, como Fernando Cabrera. Las referencias no son gratuitas: fue devoto de Mateo al punto de que la noche de la internación final del autor de Yulele en realidad tenían planeado hacer un show juntos; durante mucho tiempo fue una suerte de mini Roos, llegando a componer el mejor tema de Roos que no es de él sino suyo, Amor profundo; y si pongo a Cabrera en la lista mas que nada es porque no debería tomarle al Mandrake tanto tiempo como el que le tomó a Cabrera cruzar el charco como se merece. Tendría que ser el siguiente en la lista: aquí lo tienen, este es el Mandrake. Y también habría que escucharlo en sus propios términos, ya que el año pasado se editó por aquí su primer disco solista, desenchufado, acústico. Pero el Mandrake hace casi diez años que su mejor rostro lo muestra rockeando. Sin ir mas lejos, su último paso fue desarmar a sus Terapeutas --que ya eran bastante rockeros-- para acompañarse con un trío decididamente rocker. El debut de Mandrake y Los Druidas demuestra que está por el buen camino. Creías en tantas cosas/ soñabas despierto, canta Mandrake apenas arranca el disco, y también al final del Lado A de un Música Cretina que tal vez alcance a calentar un poco este lunes tan frío. Tu propia ingenuidad/ decías te va a salvar. Estos son los días, señorxs. O eran, por suerte.