Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

lunes, 15 de marzo de 2021

Música Cretina 2021 #2

ESTO NO ES UN PROGRAMA

 

3-3-2021

 

Lado A

 

“Triste es la ausencia/ que deja el ayer”

 

1.- Gordon Koang, Asylum seeker

2.- Rubén Blades y Seis del Solar, Todos vuelven (César Miró)

3.- Death Valley Girls, Hold my hand

4.- Robyn Hitchcock, Cavendish Square

5.- Soleá Morente, Lo que te falta

6.- Noé Preszow, A nous

7.- Carlos Cros, La mejor defensa

 

Lado B

 

“Sus manos en el aire/ en medio de la pista de baile”

 

8.- Marcus King, Young man’s dream

9.- Carabobina, Em dezembro

10.- Carl Douglas, Kung Fu fighting

11.- Protoje c/Wiz Khalifa, A vibe

12.- Amigovio, Putos tristes

13.- Phoebe Bridgers, Friday, I’m in love (The Cure)

14.- The Magnetic Fields, Rock’n’roll guy

15.- Gal Costa c/Jorge Drexler, Negro amor (Bob Dylan)

 

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viernes, 12 de marzo de 2021

Gal Costa c/Jorge Drexler, "Negro Amor" (Bob Dylan)

Los alquimistas ya están en el pasillo/ y no hay nada más, Negro Amor

Antes de que me cancelen, quiero aclarar que Negro Amor es la traducción que Gal Costa canta del Baby Blue –literalmente Nena Azul o Nene Triste, y todas las combinaciones posibles– al que Dylan desde hace ya más de medio siglo le viene avisando que todo ha terminado. Allá por el año 1977, desde Caras & bocas, un disco cuyo arte interno ilustra estas líneas, la bella Gal cantó por primera vez esta traducción del buen Bob firmada por Caetano Veloso y Pericles Cavalcanti, que se terminó convirtiendo en algo así como un clásico brasilero, ya que es una versión con versiones: la han grabado –y siempre muy bien, aquel Dylan es inoxidable– Engenheiros Do Hawaii, Ze Ramalho, Karina Buhr y siguen las firmas. La propia Gal acaba de hacer una nueva versión en su flamante Nenhuma dor, un autohomenaje con el que celebra sus 75 años interpretando lo mejor de su repertorio histórico con cantantes varones que hayan confesado haber sido influenciados por ella. La sorpresa es que entre Rodrigo Amarante, Criolo o Seu Jorge asoma el nombre del uruguayo Jorge Drexler, que es justamente el que la acompaña en este nuevo Negro Amor, arropado por un hermoso arreglo de cuerdas, una admirable reversión que cierra el último Música Cretina, donde –de más está decirlo– somos fanáticos de Saint Bob y todos sus apóstoles. Y Caetano es uno de ellos, qué duda queda. En Verdad tropical recuerda que, después de los Beatles, en Brasil venía Dylan, mientras que los Stones corrían detrás. También precisa que fue Toquinho el que se lo hizo escuchar por primera vez, en la época en que se juntaban con Chico Buarque en su hogar de San Pablo. Pero que recién le entró de lleno con Bringing all Back Home, un álbum que –confiesa– escuchaba una y otra vez en la época que el Tropicalismo ya estaba establecido, y que aún hoy es el que más lo emociona. Justamente, ese disco es el que cierra con It’s All Over Now, Baby Blue, que Cavalcanti recuerda que Caetano lo llamó para que lo ayudase a traducir un par de años antes de que fuese grabada por Gal Costa, para un show de María Bethania que estaba preparando. La traducción quedó afuera del recital, Gal se enteró que existía y la pidió para Caras & bocas, y el resto –como suele decirse– es historia. Lo cierto es que si la versión resulta admirable, es porque es fiel y al mismo tiempo se toma sus libertades (algo de lo que seguramente debe haber aprendido Vitor Ramil, un Cretino honorario por sus extraordinarias traducciones de Bob). El verso con el que abren estas líneas es ejemplar, cambiando la llegada de los ángeles del original por los alquimistas en el pasillo: ambas señales de un final inminente, pero la nada inocente variación Cavalcanti-Veloso fue celebrada en su momento porque invitaba a la fiesta al Jorge Ben de A Tabua de Esmeralda, que abre con el tema Os Alquimistas Estão Chegando. Un verso que suena igualmente referencial en estos tiempos, pero ya no hay fiesta sino que los ángeles siguen ahí, expectantes. Y los alquimistas también. Pero a no angustiarse ni entristecerse, Azul Amor, que siempre hay lugar y tiempo para algo más. Como cantaba ese otro fanático de Bob, llamado Tom Verlaine, que supo preguntarle al hombre en las vías cómo hacía para no volverse loco. Dijo: Mirá pibe, no estés tan feliz/ y por amor de Dios, no estés tan triste. Las canciones, a esta altura creo que está más que claro, lo saben todo antes que nosotros. Y cuando hay canciones, hay música. Y si es Cretina, mejor.  


jueves, 11 de marzo de 2021

Rubén Blades y Seis del Solar, "Todos vuelven" (César Miró)

Bajo el árbol solitario del pasado/ cuántas veces nos ponemos a soñar

Se los presento: el hombre que nos mira con la guitarra en las manos y la corbata floja se llama César Miró, y fue un personaje mayor de la cultura peruana: periodista de gráfica, radio y televisión, embajador en la Unesco, amigo de Mariátegui, y también amigo pero además recopilador y prologuista de Vallejo. Pero si estamos hablando aquí de él es porque, según leo por ahí, en los años cuarenta, mientras vivía en Los Angeles, le propusieron escribir una película sobre los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, que se llamaría Gitanos en Hollywood. Desconozco cuanto del guión que le habían encargado llegó a escribir Miró antes de saber que el empresario que iba a producirla desistió de la empresa, pero la leyenda cuenta que sí completó letra y música de un vals que iba a formar parte de la banda de sonido. Estrenado en Lima en el año 1943, en la voz de Jesús Vásquez, Todos vuelven se convirtió casi inmediatamente en un clásico, pero si suena casi al comienzo del último Música Cretina es porque Rubén Blades decidió que fuese el único tema ajeno en esa obra maestra que fue su primer disco fuera del sello Fania, el maravilloso Buscando América, que incluye canciones-monumento que llevan su firma como Decisiones, Desapariciones o El Padre Antonio y el monaguillo Andrés. Acompañado por Los Seis del Solar, esa época de Blades es celebrada como una de las mejores de su carrera, en las que logró reunir letras con una clara postura política con un extraordinario ritmo y virtuosismo, e incluso toques experimentales. Pero también es recordada como la época en que el panameño escapó decididamente del corset estilístico de la salsa, sumando desde doo-woop hasta reggae a su música, buscando llegar al público más amplio posible pero al mismo tiempo alienando a sus fans de la primera época, que probablemente jamás hayan escuchado el disco más extremo de ese contrato con Elektra que le duró durante la segunda mitad de los ochenta e inauguró con Buscando América, el extraordinario pero prácticamente desconocido Nothing but the truth, un trabajo decididamente rockero, cantado en inglés, del que participaron –aunque tampoco sus fans deben saberlo nada menos que Sting, Elvis Costello y Lou Reed. Pero volviendo a Todos vuelven y al peruano Miró, Blades convirtió el vals original en un guaguancó que no le gustó demasiado a su autor, aun cuando su versión terminó de convertir al tema en un himno del desarraigo en todo el continente. Dicen por ahí que el buen Rubén llegó a pedirle disculpas al amigo César por su atrevimiento estilístico, que en el disco funciona perfectamente como díptico con el clásico inmortal que lo antecede en los surcos (y los bits): primero Desapariciones, después Todos vuelven. Aparición con vida, o sea. Hay que sacarse el sombrero: sólo Blades podía bordar algo así. Todos vuelven a la tierra en que nacieron/ al embrujo incomparable de su sol, escribió Miró y canta Blades, encontrando América. Y también en un no-programa que aún es posible seguir deshojando, ritmo a ritmo, verso a verso, canción a canción. Música, en suma. Y si es Cretina, mejor. 

miércoles, 10 de marzo de 2021

Marcus King, "Young man's dream"

No tardé mucho en enamorarme/ toma poco tiempo regresar adonde pertenecés

Se los presento: el chico de la foto se llama Marcus King, y mañana cumple 25 años. El tema que inaugura su último disco, El Dorado, cuarto de su carrera y primero como solista, es el que abre el Lado B del nuevo Música Cretina y es de esas canciones que hacen que todo se detenga y que unx pare la oreja, preguntando enseguida: ¿Y esto qué es? Lo se porque me pasó, y los invito a que dejen que les suceda, es una de las cosas más bellas que nos regala la música, esa súbita necesidad de correr hacia territorios nuevos. Dejé mi hogar cuando tenía 17 años/ Los pies estaban sucios, pero mi alma estaba limpia, canta King desde la primera estrofa de un tema que despliega una historia de iniciación que se extiende por todo el disco, producido por Dan Auerbach, uno de los Black Keys, que puso el foco en la voz del buen Marcus para este disco, y demostró tener razón. Niño prodigio de Greenville, una pequeña ciudad de Carolina del Sur, hijo de un celebrado guitarrista local, el pequeño King antes de cumplir diez años estaba compartiendo escenario con su padre, y al entrar en la adolescencia ya tenía su propia banda, que se dedicaba a un estilo que ellos mismos resumían como “rock sureño psicodélico, influenciado por el soul”. Héroe de la guitarra desde su más tierna infancia, Marcus recién empezó a cantar a los 14 años, y por eso los primeros temas de The Marcus King Band eran instrumentales, incluso buceando más allá de sus confesas y alambradas pasturas estilísticas, intentando codearse con el Jeff Beck de los discos más clásicos, esos que papá King le supo hacer escuchar a su hijo en sus años más tiernos. Auerbach no fue el primer nombre famoso en quedar hechizado por el joven King, antes fue el turno de Warren Haynes, guitarrista de los Allman Brothers y fundador de Gov’t Mule, que se lo llevó de gira y editó los primeros discos del grupo –ya llevan tres– en su propio sello. Pero el hallazgo de Auerbach fue rodear a Marcus de un grupo músicos experimentados de Nashville, y –si bien le deja lugar para demostrar sus dotes como guitarrista– hacer girar El Dorado alrededor de su voz y de canciones como este Young man’s dream, que dejan al oyente pidiendo más cuando aún ni siquiera ha empezado. “Fue el primer tema que salió cuando nos sentamos a componer, y marcó la temática de un repertorio que fuimos creando durante dos años”, contó hace poco el joven King, que firmó todos los temas del disco codo a codo con su productor. Mirando el mundo a través de ojos eléctricos/ Sentí como si me hubiese muerto y despertado en el paraíso, canta Marcus, refiriéndose la mirada enamorada del protagonista de su canción, y dejémoslo cantar. Y enamorarse, claro. Que para eso es también la música. Y si es Cretina, mejor. 

(La imagen que acompaña estas líneas es de David McClister, un fotógrafo de Nashville, que comenzó haciendo videos. Su primer trabajo como fotógrafo fue la tapa de Heartbreaker, el debut como solista de Ryan Adams).


martes, 9 de marzo de 2021

Encuentro en Sansueña

Aquella vez que lo entrevisté por última vez en su departamento de la calle San José, en el mismísimo centro de Montevideo, Eduardo Darnauchans me explicó cómo era que contaba los años. “El día que pasé los 40 en lo único que pensé era en que le había ganado a Lennon. ‘No puede ser’, me dije. ‘Qué derecho tengo yo a tener más tiempo en este mundo que él.’ Después, a los 42, le había ganado a Presley. Yo siempre conté los años así. Por eso ahora que cumplí 53, pienso en llegar a los 55, que fue la edad que tenía mi padre cuando falleció.” No pudo ser: el Darno murió apenas unos meses después de aquella charla, sin llegar siquiera a celebrar sus 54 años. El domingo 7 de marzo se cumplieron 14 años de su despedida, y bajo este contundente sol de marzo me toca evocarlo, sin poder evitar pensar que en apenas un mes finalmente estaré superando su edad. Un par de semanas atrás, en la búsqueda de información para dedicarle un texto en Musica Cretina a su tema A mis hermanos, encontré esta foto, que merecía guardarse para un momento especial. Me gustaron las risas, me gustó la sensación de camaradería, me gustó el gesto del Darno, tan característico. Pero me gustó, más que nada, poder ver a Luis Alberto y a Eduardo en la misma foto. Su autor es Rubén Giménez, y la encontré en la biografía del Darno que escribió Marcelo Rodríguez. Fue sacada en un hotel del barrio de Pocitos, durante una rueda de prensa previa al show que Los Socios del Desierto dieron en el Teatro Plaza de Montevideo, en abril de 1999. Por entonces, el Darno escribía en el semanario Posdata, y seguramente estaba presente ahí en su rol de cronista. Me acuerdo que una de las razones por las que tardé en entrar en la música del Darno fue por una recomendacion errada, que recibí cuando recién empezaba a explorar la música uruguaya, un siglo atrás. Alguien me dijo que, si Jaime Roos era Charly García, el Darno era Spinetta. Creo recordar que a Eduardo Berti le sucedió lo mismo. O al menos comentamos la misma boutade. Porque, dentro de ese marco, era inevitable no entender nada sobre la obra de Darnauchans. De más está decir que al entrarle por otro lado, llevado por mejores guias, para mi el Darno pasó a ser indispensable. Pero aún así me gusta verlo en la misma foto con el Flaco, que también por estos días estuvo multiplicándose en las redes, víctima de aniversarios. Ahí los tienen, a los dos Flacos: el del Bajo Belgrano, y el de Tacuarembó. Riéndose cómplices, como debe ser.

domingo, 7 de marzo de 2021

Carl Douglas, "Kung Fu fighting"

Es un antiguo arte chino/ y todos se saben su papel

Uno de los oyentes más fieles de Música Cretina me escribió apenas subí la nueva emisión para decirme que la escuchó con su hijo dormitando indiferente a su lado. Pero no era eso lo que quería contarme sino que, justo cuando el señor de la foto empezó con su tema, el hijo despertó para preguntar, súbitamente interesado: ¿Qué es esto? Esto es Carl Douglas, mi joven oyente. Y eso que canta es nada menos que su gran éxito, el que lo identifica más que su nombre dentro de la historia de la música pop, titulado Kung Fu Fighting, numero uno a ambos lados del Atlántico cuando fue originalmente editado, en 1974, y que casi medio siglo más tarde es evidente que conserva todos sus atributos. Porque, tal como el vástago de mi Cretino más entusiasta, cuando de pronto asomó el tema en la banda de sonido de la extraordinaria Lover’s Rock me pregunté lo mismo, e inmediatamente decidí que tenía que sonar en Música Cretina. Parte de esa magistral serie de cinco telefilms dedicada a la inmigración antillana en Londres llamada Small Axe en honor a los Wailers, del británico Steve McQueen –ya va siendo hora que se dediquen a hablar de esta obra maestra, mis queridxs recomendadorxs espontánexs de facebook–, Lover’s Rock tal vez sea la más musical y menos militante de todas ellas, pero todo igual está ahí, en este encantador retrato de una noche de baile apasionada y llena de vida. Y canciones, claro. Elegida como una de las mejores del año pasado, Lover’s Rock es además la mejor película musical de los últimos años. Desconozco cómo se multiplicará su disfrute en una pantalla grande, pero alcanzar a verla en la soledad de mi living, en lo más estricto de la pandemia, me dio ganas de bailar, saltar y hacer pogo ahí mismo, como si estuviese en medio de algo. Algo que no fuese, claro está, un encierro global. Cuando busqué a ver de qué se trataba esa canción –una de las tantas de una banda de sonido vibrante–, me sorprendió descubrir que había sido semejante éxito y sin embargo yo no tenía ni idea. Más que nada porque uno de mis primeros trabajos en esto de los medios fue encargarme, durante un tiempo considerable, de escribir presentaciones de temas para las tres o cuatro horas de cada emisión semanal de un programa llamado Los queridos ’70, que salía por FM 100. Inevitablemente, las selecciones musicales se terminaban repitiendo, por lo que ya no escribía de las canciones o sus intérpretes, sino que me había comprado una pila de semanarios como Siete Días o Gente, para buscar otras cosas que recordar. Sin embargo, no recuerdo haber visto jamás a Carl Douglas en esas listas repetidas, por lo que deduzco que tal vez por una cuestión de cierto prejuicio o directamente racismo los jamaiquinos aún no entraban en el menú más popular de la época –habría que esperar a Eddie Grant y la dictadura para que eso suceda–, o quizá directamente durante la más pujante y descamisada primera mitad de la década no había lugar para demasiada música bailable en inglés. Lo cierto es que el jamaiquino Douglas la rompió de tal manera en su momento con Kung Fu Fighting que es generalmente confundido con un One Hit Wonder, a pesar de haber disfrutado de una larga carrera musical durante décadas, antes y después del batacazo. Todos estaban haciendo Kung Fu/ esos chicos eran más rápidos que el rayo, canta Douglas y cantamos todos, aunque no conozcamos el tema, porque esa es su mejor virtud, lo mejor de la música a fin de cuentas, sea Cretina o no. Que todos nos la sabemos, aunque la escuchemos por primera vez. Como si hubiese estado ahí, sonando siempre. Esperando nuestro regreso.  


viernes, 5 de marzo de 2021

Gordon Koang, "Asylum seeker"

Mi querido buscador de asilo/ sabemos que estuviste esperando durante un largo rato

Arriba las manos, esto es Música Cretina. Hay un nuevo no-programa online, y acompañado por mis nuevos amigos del sur del Sudán déjenme que lxs invite a escucharlo. Los muchachos de las manos en alto son Gordon Koang, un cantante ciego de nacimiento que es el Michael Jackson de Sudan, y su primo Paul Biel, que lo ha venido acompañando durante toda su vida, al punto de que han buscado asilo juntos en Australia a mediados de la década pasada, cuando se desató una matanza étnica en su país y les fue imposible regresar de una de sus giras. Nacidos en las márgenes del Nilo, comenzaron a hacer música en la iglesia, donde Gordon empezó a cantar a los 9 años y al año siguiente ya estaba componiendo sus propios temas. Cuenta que los sueña, y en su sueño lo acompañan hombres y mujeres en su canto, y al despertar los recuerda con ayuda de su thom, un instrumento de seis cuerdas con forma de caja, que ha sido confundido con un banjo, pero que es más similar a un arpa. Paul lo acompaña en percusión, y no puedo dejar de mirarlos en el video oficial del tema que abre el nuevo Música Cretina, los dos vestidos de traje, cada uno con su instrumento, haciendo que tocan y cantan de una manera no muy convincente pero ciertamente encantadora. El tema se llama Asylum Seeker, o sea Buscador de asilo, y de alguna manera Gordon se lo está cantando a sí mismo, ya que con su primo estuvieron cinco años esperando ser aceptados en Australia, para poder así traer a sus familias con ellos. A veces ha sido duro/ nuestro consejo es que/ no tardará mucho hasta que lo consigas/ necesitas ser paciente, es como remata Koang su brevísima letra cantada aquí en inglés, aunque también lo hace en Nuer –su idioma– y árabe. Además de abrir el Lado A del flamante no-programa, Asylum Seeker también inaugura Unity, su disco numero once, y el primero grabado en Australia, gracias a la ayuda de Music in Exile, una ong local dedicada a acompañar a artistas en exilio, a los que vincula con músicos locales, les consigue shows y eventualmente editan sus temas. En un artículo publicado por The Monthly, Koang menciona dos artistas favoritos. Por un lado, el legendario cantante sudanés Mohamed Wardi, cuyas canciones de libertad ayudaron a su gente a atravesar tres golpes militares: los de 1959, 1969 y 1989. “Y después, de los Estados Unidos”, agrega Gordon, “hay una dama, su nombre es Rihanna”. Cretino una vez, Cretino siempre, Gordon es de lxs nuestrxs. Por eso es que celebramos que abra este nuevo no-programa de marzo, bajo un sol que recuerda que el verano se lleva dentro, no importan lo que digan afuera.