Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

sábado, 20 de febrero de 2021

Música Cretina 2021 #1

ESTO NO ES UN PROGRAMA

14-2-2021

 

Lado A

 

“Si las cosas que uno quiere/ se pudieran alcanzar”

 

1.- Eduardo Darnauchans, Mis hermanos

2.- Tim Maia, Leia o libro Universo em desencanto

3.- Omara Portuondo, Veinte años (María Teresa Vera)

4.- Les Negresses Vertes, Belle de nuit

5.- Andrés Calamaro, Pálido reflejo

6.- The High Llamas, Checking in, checking out

7.- Ray Heredia, Alegría de vivir

 

Lado B

 

“Nadie me dijo/ que habría días como estos”

 

8.- Pez, La estética del resentimiento

9.- Azucena Maizani, Llevatelo todo (R. Sciammarella)

10.- Ricardo Iorio, Ritmo y blues con armónica (Vox Dei)

11.- Paolo Conte, Gong-oh

12.- Jorge González, Me pagan por rebelde

13.- Ry Cooder, Happy meeting in glory

14.- Flaming Lips, Nobody told me (John Lennon)

 

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jueves, 18 de febrero de 2021

Ry Cooder, "Happy meeting in glory"

Se los presento: el señor de la guitarra y la pipa lleva por nombre Joseph Spence, nació en las Islas Bahamas, y uno de sus temas –o, más bien, una de sus adaptaciones de una canción anónima religiosa– suena en el aún flamante primer Musica Cretina del año desde una versión que Ry Cooder inmortalizó en su disco más atípico de todos los que realizó en su primer etapa como solista durante los años 70 para el sello Warner: Jazz. Un álbum que conocí y aprendí a querer, como muchas tantas cosas vinculadas a la música y su disfrute, en la época de Piso 93. Lo siento por la cultura, decíamos entonces, y sonaban canciones religiosas en la trasnoche de una radio de rock, y –eso es lo más increíble– no resultaban para nada fuera de lugar. Cooder era nuestro ídolo, más que nada por su curiosidad para correrle los límites al rock, un camino que siempre transitamos de manera entusiasta. En particular cuando dejaba sonar en sus discos tanto el acordeón del Flaco Jiménez como la guitarra hawaiana de Gabby Pahinui. Lo fascinante de un disco como Jazz es que no se trata de, justamente, jazz, sino de lo que siempre estuvo en la periferia de lo que con el tiempo se terminó agrupando bajo ese nombre. Y uno de esos barrios era el de la guitarra isleña de Joseph Spence, un músico que cuando los primeros musicólogos occidentales desembarcaron en las Bahamas con un grabador para testimoniar el arte de aquellas islas lo escucharon tocar, quedaron tan desconcertados por su raro virtuosismo que buscaron ese otro guitarrista que debía estar tocando como él, porque nadie podía hacer eso por sí solo. Spence podía, claro que sí, y lo demostró durante varios discos y giras presentando su arte. Cuenta Cooder que cuando lo escuchó se sintió deslumbrado, porque en la libertad de sus afinaciones y sus ritmos imaginó una puerta a un mundo nuevo. Y hacia ahí fue. No por nada si Jazz como disco fue un fracaso comercial –demasiado jazzero para los rockeros, demasiado rocker para los jazzeros: la historia de siempre--, fue el que escuchó Walter Hill antes de convocarlo a hacer música para sus películas, lo que significó todo un nuevo capítulo en la carrera del buen Ry, uno muy lucrativo, y también sumamente libre. La reciente reedición de aquellos discos de Warner en una caja por el sello Rhino obligó a Cooder a salir a dar entrevistas, y me sorprendió leer en una de ellas que directamente no quiere hablar de Jazz, un disco al que no le tiene ningún cariño. Salvo, claro, por el detalle del cine, y también por haberle permitido tocar con alguno de sus ídolos. En las notas incluidas en la edición original del disco, Cooder escribe que los viejos himnos y canciones sacras que tocaba Spence estaban tan transformados y sincopados que hasta su esposa Louise tenía problemas para cantar con él. Se quejaba de que sus interpretaciones eran demasiado salvajes y radicales, mientras que su marido le respondía que de esa forma eran aún mejores. En el disco del que Cooder hoy no quiere hablar pero que sigue sonando tan intrigante como la primera vez, de sus once temas tres son versiones de los himnos de Spence, y siempre fueron mis preferidos. Leo en el texto incluido en una de las reediciones de su música por el sello Arhoolie que el buen Joseph era la persona más amigable del mundo cuando salía de su isla para grabar y también interpretar su música a sala llena. El testimonio de un tal Jack Viertel, musicólogo entusiasta acostumbrado a ser anfitrión de personajes del folk que lo recibió en Boston en 1971, da cuenta de –en vez de la habitual mezcla de desconfianza y timidez ante una gran ciudad– una cotagiosa espontaneidad y avidez por todo lo nuevo, ya sea haciendo volar barriletes a la orilla del río, como disfrutando de una comida en el mejor restaurante chino de la ciudad o probándose todo en los negocios más radicales de ropa. “Soy un extranjero en tierra extraña, buscando un amigo”, cuenta Viertel que solía decir Spence, con una sonrisa, rodeado por los nuevos amigos que encontraba en cada viaje. Y esa búsqueda y camaradería es lo que siempre sentí en esa música extraña que tocaba Cooder en ese disco que, para mí –en sus mejores momentos, al menos, los de Spence–, siempre tuvo la majestuosidad y el virtuosismo de un barrilete al viento. Se los recomiendo, Cretinxs míxs, no pierdan la oportunidad. Hagan play en el no-programa que les estoy invitando a escuchar, y véanlo volar.   

lunes, 15 de febrero de 2021

Omara Portuondo, "Veinte años" (María Teresa Vera)

Hoy represento el pasado/ no me puedo conformar

Se las presento, por si no la conocen: la señora de la foto es la legendaria trovadora cubana María Teresa Vera, autora de uno de los temas que engalanan el Lado A del primer Música Cretina del año, el clasiquísimo Veinte años, rescatado originalmente por Omara Portuondo para ese milagro musical llamado Buena Vista Social Club, pero que en el no-programa suena desde la versión de su primer álbum solista amparado por aquel suceso. Cuenta Omara que estaba terminando su disco La novia del filin en los estudios Areito de EGREM, en La Habana, cuando se apareció Juan de Marcos González y le presentó a un tal Ry Cooder. Le contaron que estaban grabando en el otro piso del estudio, y le pidieron que se sumase para cantar algo. Accedió sin pensarlo demasiado, y cuando pasó por ahí se encontró con muchos de los músicos que habían tocado en su disco. González le preguntó qué quería a cantar, Omara se lo dijo, y ahí mismo Compay Segundo arrancó a hacer la introducción, se sumó el resto de los músicos y la grabaron a dos voces. La cantante recuerda que cuando salió del estudio se olvidó del asunto, y la siguiente noticia que tuvo fue meses después, cuando le avisaron que se preparase para viajar a Nueva York porque el disco se había ganado un Grammy. La fantástica historia del Buena Vista Social Club ha sido contada ya una y mil veces, yo mismo lo hice en Radar más de una vez, y lo que no deja de impresionarme aún hoy es cómo el disco mismo pareció haber decidido asomarse al mundo contra viento y marea, como si tuviese voluntad propia, como los anillos que imaginó Tolkien para su trilogía. Porque no hubiese existido si los músicos de Mali hubiesen llegado a la cita, si Nick Gold no le hubiese mandado ese fax de último momento a Cooder invitándolo a La Habana, si no hubiese recordado alguien en el estudio el nombre de Ibrahim Ferrer y procedido a ubicarlo, y las casualidades se pueden seguir enumerando. Además, cuando ya estuvo listo, Gold y Cooder nunca se olvidan de cada vez que las discográficas les dijeron que no ante el producto final, porque no sabían dónde encajarlo, cómo venderlo. Pero el Buena Vista Social Club se vendió solo, y una vez que se destapó esa botella comenzó a salir y salir magia. Un disco tras otro que Nick Gold no dejó de grabar y editar a través de su sello World Circuit, cada uno de ellos una maravilla. Si los puristas de la música cubana reniegan cada vez que se suma la guitarra de Cooder en el disco original, cada álbum posterior –más allá de mi devoción por el buen Ry– parece darles la razón. De hecho, la versión de Veinte años incluida en el disco solista de Omara es mucho más deliciosa, con esa delicada introducción que tejen el trombón de Jesús “Aguaje” Ramos y el bajo de Orlando “Cachaíto” López (su disco solista es una de las gemas ocultas de la saga Buena Vista). Omara contó alguna vez que aprendió el tema cuando tenía apenas 4 años: se lo enseñó su padre, un fanático de la música y la vieja trova cubana. La única mujer en una escena dominada casi exclusivamente por varones, María Teresa Vera lo estrenó a mediados de los años treinta, y recién décadas después se supo que la letra en realidad era autoría de su amiga de la infancia, que supo componer canciones desde muy joven, Guillermina Aramburu. María Teresa era la hija de una sirvienta que trabajaba en el acaudalado hogar de la familia Aramburu, y las niñas se criaron juntas. Veinte años es en realidad la historia de Guillermina, abandonada por su marido luego de dos décadas de casamiento, que le entregó la letra a su amiga con la promesa de que nunca dijese que la había escrito ella. Promesa que se cumplió, y recién en esta última y arrasadora fama del tema post Buena Vista –Joss Stone le pidió a Omara cantarlo con ella– se terminó desenterrando su verdadera historia, al punto que en el disco producido por Cooder el tema está firmado sólo por María Teresa Vera y recién tres años más tarde, en el disco solista de Omara, asoma la autoría de Guillemina Aramburu. El amor que ya ha pasado/ no se puede recordar, se lamenta y trasgrede sus propias reglas su autora, y canta su última y más destacada intérprete en el primer Música Cretina que se asoma a este nuevo año, cuya realidad fantasmal no se diferencia mucho del anterior, pero acá estamos, y nos quedamos. Con qué tristeza miramos/ un amor que se nos va, canta Omara, y suscribimos nosotrxs, Cretinxs reincidentes, que no nos queda otra que confiar en que el año que recién empieza no lo veamos pasar como ese amor del que tantas veces disfrutamos –masoquistas impenitentes-- escuchar cantar. 


miércoles, 20 de enero de 2021

Contento, "Pelo negro" (Led Zeppelin)

 

“Entre la primera y la segunda sesión de lo que terminaría siendo su primer proyecto juntos pasó casi un año, pero durante todo ese tiempo Paulo y Sano se llamaban seguido, una o dos veces por semana. Cada vez que hablaban --uno desde el centro de Ginebra, el otro en las afueras de Barcelona--, los dos músicos colombianos perdidos en Europa se saludaban de la misma manera, casi sin pensarlo. ‘¿Cómo estás? ¿Cómo te va?’, preguntaba Sano. Y su colega contestaba, invariablemente: ‘Pues huevón: contento’. Una y otra vez. Hasta que una noche, después de escucharse decir lo mismo de siempre, se empezaron a matar de risa. Supieron entonces que ése iba a ser el nombre de lo que estaba apenas naciendo entre ambos: Contento”.

...

Así empieza la nota que escribí, y salió este domingo en Radar, sobre una de las sorpresas discográficas del año que se fue. Un dúo de colombianos editados por el sello de un venezolano instalado en Barcelona, que descubrí leyendo los recomendados de los suplementos de los diarios británicos. Y que, por supuesto, sonó en Música Cretina antes que el año pasado diese las hurras. Ellos se presentan como salsa punk, y --como digo en la nota-- “lo de la salsa queda claro inmediatamente apenas se los escucha, ya que suenan en un viaje percusivo y lleno de ritmo, pero lo del punk más que pogo, crestas o escupitajos viene por la actitud de hacelo-vos-mismo de su trabajo, bien crudo y decidido”. Un disfrute rítmico que tiene como referencias musicales confesas --y esto me quedó afuera de la nota-- cosas como Mulatu Astatke, Fruko y Sus Tesos o Joe Arroyo... “y todos los exploradores de los sonidos latinos por igual”. Este es el link para los que quieran leer la nota completa. Y también los invito a escuchar su particular versión Black Dog --“un amor de adolescente”, casi que se disculpa Sano--  en el último no-programa de la temporada 2020.  

viernes, 8 de enero de 2021

Bedouine, Waxahatchee & Hurray For The Riff Raff, "Thirteen" (Big Star)

¿Vas a sacarme a tu papá de encima?/ contale lo que dijimos de Paint it black

Se las presento: ellas son Katie Crutchfield, Alynda Segarra y Azniv Korkejian. Waxahatchee, Hurray For The Riff Raff y Bedouine, o sea. Las dos primeras son Cretinas honorarias desde hace rato, y la tercera se suma a la lista en este nuevo Música Cretina, acompañada por las otras dos, haciendo un clásico del que siempre amé particularmente el verso con el que empieza este post, cuya primera intención es invitarlos a hacer play en el último no-programa del año pasado, que todavía califica como flamante y por escuchar. Y donde por supuesto suena el cover que las chicas hacen de Thirteen, esa pequeña obra maestra de Alex Chilton al frente de Big Star. Nacida en Aleppo, Siria, la familia de Korkejian se mudó enseguida a Arabia Saudita, para terminar emigrando a los Estados Unidos, donde recalaron por diversas ciudades hasta anclar en Los Angeles, cuando la pequeña Azniv ya no era tan pequeña. Se hizo conocida como Bedouine con su primer disco, que salió tres años atrás, y veo que desde entonces disfruta editando singles con covers. Para aquel primer disco ya había versionado a Elton John y a la mítica Linda Perhacs, y durante esta pandemia en su bandcamp se puede ver que hizo lo propio con temas de protesta de Margo Guryan y Pete Seeger hasta que se uso nostalgiosa y recordó que cuando había salido de gira con sus colegas de la foto, con las que dieron muchas vueltas pensando qué tema podían hacer juntas hasta que prácticamente se les apareció este tema. Lo cuenta muy bien Bedouine en el texto que acompañó la edición, un par de meses atrás, recordando que estaban por tocar en Columbia, Missouri, cuando se dio cuenta que era el aniversario del regreso de Big Star en ese mismo lugar, en 1993. Se puso a tocar Thirteen en su camarín, y se ve que el sonido atrajo a sus compañeras de gira, porque se aparecieron por ahí, y cuando se dieron cuenta que era un tema con tres versos, uno para cada una, el pescado estaba vendido. Lo cantaron en todos sus shows juntas desde entonces, y Bedouine confiesa que terminaron grabándolo por insistencia de Kevin Morby, la pareja de Waxahatchee. Es verdad que el arreglo es muy pero muy igual al original, pero no deja de ser delicioso escuchar cuando las voces de las tres se suman en el uuuuuh fin
al de cada estrofa. Y, claro, no deja de sorprender e incluso emocionar, mirá lo que te digo, que haya gente de una nueva generación que --medio siglo después de la versión original de la canción-- siga cantando con sentimiento eso de que El rock and roll llegó para quedarse/ vení adentro donde está todo bien.  

miércoles, 6 de enero de 2021

Bill Callahan and Bonnie “Prince” Billy c/Sean O’Hagan, "Wish you were gay" (Billie Eilish)

Solo quiero que te sientas bien/ pero todo lo que vos hacés es mirar para otro lado

Permítanme que se los presente, porque la naturaleza de la foto puede confundirlos. Ellos son Bill Callahan y Bonnie “Prince” Billy, vaya uno a saber si convertidos en Bill “Prince” Billy --mi preferido-- o Bonnie Callahan, que tampoco suena tan mal después de todo. Esta foto mitad y mitad, una versión algo berreta de lo que supo hacer en su momento el virtuoso Eduardo Martí con Fito y Luis para la tapa de La la la, es la imagen con la que los dos cantantes hechos uno se presentan en el bandcamp del que tal vez sea mi proyecto musical preferido de un año en cuarentena: sus recurrentes simples versionando canciones ajenas. Si el ex-Smog ultimamente se encuentra en un estado de gracia, editando dos hermosos álbums en menos de un año después de cinco de silencio discográfico, nuestro “Prince” nunca ha sido de quedarse callado y se le han caído discos, simples y colaboraciones a cada paso que da. Ya saben, en Música Cretina somos de disfrutar como cosacos con los covers, así que la interminable sucesión de temas que vienen sacando estos dos muchachos --que para cada uno terminan siendo tres, como el famoso disco de Genesis pero sumando en vez de restar, porque siempre incluyen un invitado distinto-- nos tienen como con vodka endovenoso, por lo que lo de la vacuna no nos presentaría ningún problema. Según lo que se puede ver en el bandcamp del proyecto, este festivo dislate comenzó en octubre, con un cover de Cat Stevens, acompañados por la cantautora iraní Azita, que saca sus discos por el sello indie Drag City, que nuestros anfitriones conocen muy bien. Desde entonces, a un ritmo endemoniado que pretende ser semanal, y con una portada propia para cada uno de los simples, han versionado a Hank Williams Jr (Od’d in Denver) , Steely Dan (Deacon blues), Robert Wyatt (Sea song) y siguen las firmas y los temas, siempre con un invitado cuidadosamente seleccionado entre sus amigos. Para el último no-programa del año pasado, que llegó tan al límite que todavía no terminamos de presentarlo, la elección cayó sobre una festiva versión de la originalmente despechada rendición de Billie Eilish de su particular canción de desamor, titulada Wish you were gay, e incluida en el consagratorio --un debut con un título tan sugerente que me nombrarlo traducido-- Cuando nos dormimos, ¿a dónde vamos? Sin saber dónde estamos yendo, ciertamente, al menos donde por aquí los estamos enviando es a compartir el disfrute de sumar al dúo tan mentado de nuestros Bill “Prince” Billy --o Bonnie Callahan, por caso-- el nombre de otro Cretino tan honorario como ellos, nada menos que Sean O’Hagan. Si nos ceñimos literalmente al texto que acompañó la edición del simple, fue el High Llamas quien conoció a la Eilish y se la presentó a sus colegas, sumando sus dotes de bossa novista (sic) a la particular versión de los muchachos, agregándole los coros de su hija Livvy. El resultado se puede disfrutar el Lado A de un Música Cretina que estoy seguro que muchxs de ustedes aún no han escuchado. ¿Qué están esperando?  

domingo, 3 de enero de 2021

Música Cretina 2020 #6

ESTO NO ES UN PROGRAMA


28-12-2020


Lado A


“Si alguien tiene que volar, que sea el ave/ Si alguien tiene que guiar, que sea el sol”


1.- Shemekia Copeland, Under my thumb (The Rolling Stones)

2.- Gustavo Santaolalla, Si me llaman por teléfono no estoy

3.- Bill Callahan and Bonnie “Prince” Billy c/Sean O’Hagan, Wish you were gay (Billie Eilish)

4.- Royal Green, Baby you’re a rich man (The Beatles)

5.- Tino Contreras, Mascara blues

6.- Bedouine, Waxahatchee & Hurray For The Riff Raff, Thirteen (Big Star)

7.- Adriana Calcanhotto, Ninguem na rua


Lado B


“En lo que no puedo cambiar/ ya no quiero pensar”


8.- The Shame, Don’t go ‘way little girl 

9.- Luedji Luna, Chororo

10.- Dan Penn, Soul Connection

11.- Tyley Ramsey, Back on the chain gang (Pretenders)

12.- Sofía y Alfonso, Happy together (The Turtles)

13.- Contento, Pelo negro (Led Zeppelin)

14.- Bestia Bebé, El fin del mundo (otra vez)


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