Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

domingo, 27 de octubre de 2019

Música Cretina 2019 #9

ESTO NO ES UN PROGRAMA

6-10-2019

Lado A

“Algo está sucediendo/ pero no sabés qué es”

1.- King Crimson, Three of a perfect pair
2.- Lucy Patané, La osa en la laguna
3.- Jamila Woods, Muddy
4.- Richard Hawley, Ballad of a Thin Man (Bob Dylan)
5.- Mi Amigo Invencible, Bip-bip no me hables
6.- The Replacements, Rock’n’roll ghost
7.- El Kinto, Don Pascual

Lado B

“Escuchaba a los freaks/ les decía que si”

8.- Giant Sant, Valley of rain
9.- Julio Franchi, Chicos y chicas
10.- Felice Taylor, Honey
11.- Devendra Banhart, My boyfriend’s in the band
12.- The Beatles, Goodbye
13.- The Specials, Blam blam fever
14.- Rincon Sapiencia, Vida longa
15.- Marianela c/Charly García, Rara (Charly García)

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jueves, 24 de octubre de 2019

Marianela c/Charly García, "Rara"


Me dejaste sola/ y no me perdí 

Dijo el poeta que abril es el mes más cruel, pero podría decir lo mismo bajo el sol a cuentagotas de este octubre que nunca se termina de ir. Y ante este jueves de cielo celeste en el que un dictador sale de la cripta en la que durmió todo este tiempo rodeado de sus víctimas, un país lleva una semana en la calle renegando de su milagro y hay cuadernos que dejan de ser ceniza pero a nadie parece importarle aquel fuego, prefiero refugiarme en la que tal vez sea la canción menos conocida del último Charly que importa, el que insistió en bailar en la cripta con las víctimas y lejos de sus verdugos, el que renegó de los milagros y siempre prefirió las cenizas a las escrituras. Al final del Música Cretina que aún sigue sonando y podríamos considerar como nuevo, retumba en toda su gloria el tema que Charly le regaló a Marianela para su debut Cajita feliz (2006), que en otra época sin dudas se habría escuchado sin parar y hoy todos evocaríamos en vez de preguntarnos de qué estamos hablando, y cada vez que hago play no puedo evitar que se me ponga la piel de gallina. Siento todo el tiempo que tengo razón/ si me escuchara más no diría nada, confiesa un García de piel y huesos escondido en una letra escrita para su última colaboradora fiel devenida en cantante, Fabiana Cantilo del nuevo siglo para un Charly que por más que se ponga cualquier máscara siempre termina hablando de él. Pero que, al mismo tiempo, solo al escribir para otros pareciera que se le caen de las manos casi sin esfuerzo esa clase de temas que uno esta obligado a escuchar una y otra vez, instantáneos clásicos García incluso fuera de la vista de todos. Hubo un tiempo que no fue hermoso, pero Charly García estaba vivo. Ahora estamos todos contando los días y las horas para terminar de salir de la tumba en que nos han querido enterrar para honrar a ese dictador que es el mercado y sus escribas, y el buen Charly sigue cumpliendo años, y habría que ser un desagradecido para seguirle pidiendo gotas de su sangre. Así que mejor disfrutar de todo lo que nos dio, porque hay mucho para descubrir todavía. Como este tema, una maravilla que no se puede escuchar solo una vez, hay que volver y volver a él, como todo buen licor, como un niño pidiendo otra vez su dosis de teletubbie, como un adicto queriendo volver a ese limbo donde todo está bien y nadie viene a golpear la puerta. Escuchemos a los freaks de una vez, y digámosles que si. Todos sabemos que de vez en cuando es bueno descansar de ser los raros. Eso sí, que sea siempre con el puño en alto, los dientes apretados y los ojos brillosos. Como si la vida se fuese siempre en un buen estribillo. Gracias por todo Charly: la cuenta está más que saldada, y eso que seguro aún queda mucho por sumar. Y mientras tanto ni siquiera ese impiadoso contable que es el tiempo puede impedirnos que sigamos celebrando tu cumpleaños.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Jamila Woods, "Muddy"

Vos estás apuntándole a las estrellas/ yo prefiero quedarme embarrada

Se las presento: la chica de la foto se llama Jamila Woods, y es maestra, poeta y cantante. Es oriunda de Chicago, como sus colegas Chance The Rapper o No Name, y después de haber puesto su voz aquí y allá (por ejemplo, formando parte de Donny Trumpet and The Social Experiment, cuyo disco supo asomar en una de las listas de fin de año compiladas para Radar), tres años atrás editó su debut como solista, Heavn. Así, como se lee: “cielo” sin la “e”. Allí retrata —al decir del crítico Greg Kot, del Chicago Tribune— su experiencia como mujer afroamericana y su complicada relación con su ciudad natal. Ahora, con 29 años, Jamila acaba de editar su muy celebrado sucesor, bautizado Legacy! Legacy!, compuesto por doce temas que llevan apenas un nombre como título, todos ellos una suerte de autorretrato homenajeando al personaje histórico y artístico al que se refiere cada uno de esos nombres. Manifiesto artístico, y al mismo tiempo de clase y de raza, entre sus celebrados —ninguno de ellos blanco, por supuesto— aparecen principalmente mujeres (y escritoras) como Eartha (Kitt), Zora (Neale Hurston), Sonia (Sánchez), Octavia (Butler) o (Nikki) Giovanni, pero no faltan hombres como James (Baldwin), (Jean Michel) Basquiat o Sun Ra. Y así como está Miles (Davis) también está su mujer Bettye (Davis), que junto al nombre de Frida (Kahlo, por supuesto), completa una suerte de díptico de mujeres casadas en su momento con hombres más famosos que ellas. Pero el tema más contundente del lote es Muddy, referido al bluesman Muddy Waters, al menos por un verso inicial tan explícito que hace que no se lo pueda encontrar online. Los hijos de puta no se callan, es lo primero que escupe Woods para empezar el tema, poniendo en boca de Waters su legendaria queja porque su público no dejaba de conversar, lo que lo llevó a electrificar su sonido para cerrarles el pico. En una muy buena nota publicada por Pitchfork, Jamila explica que tomó ese verso del poeta y activista Kevin Coval, también oriundo de Chicago. Coval le había dado su poema para que le ponga música, pero ella se dio cuenta que no sabía mucho sobre Muddy, así que se puso a investigar, y escuchando entrevistas online descubrió algo que iba a funcionar como leit motiv para su disco: la desfachatada actitud de los entrevistados ante las preguntas de periodistas, invariablemente blancos, que no sabían muy bien de lo que estaban hablando. Por ejemplo, recuerda Woods, cuando le comentan a Muddy que algunos jóvenes blancos parecen muy entusiasmados con su música y le preguntan si cree que van a llegar a tocar el blues como él, su respuesta es breve y contundente, y también tiene forma de pregunta, acompañada por una sonrisa entre incrédula y juguetona: “¿Como yo?” Lo que no dice Muddy lo explicita Woods al celebrarlo, señalando que cuando la cultura blanca participa de culturas creadas por los negros, se lleva a cabo una invisibilizacion. Pero que, al mismo tiempo, resulta algo imposible de falsificar. “Sí, hay soul de ojos azules, y hay rappers blancos, pero no es que hayan robado nada, porque no se les puede robar el hip-hop o el blues a los negros”, explica Jamila. “En esa respuesta, lo que Muddy está diciendo es que por supuesto esos jóvenes pueden tocar blues, pero nunca lo van a poder tocar como él. Es algo que me resultó empoderador”, agrega la cantante, y es un comentario que me recuerda eso tan enriquecedor que sucede con las copias. Que como no pueden ser perfectas, terminan abriendo el camino hacia algo original, eso que sucedió con el rock en castellano, por ejemplo. Me recuerda las razones por las que uno siempre celebra la antropofagia cultural, los pensamientos artísticos sobre algo, y que no hay robos cuando se trata de arte, simplemente se trata de un diálogo que se continúa. Lo demás, es contabilidad. Y, cuando efectivamente se trata de robos, no se trata de arte. A menos que estemos hablando de Rififi, claro. Pero esa es otra cultura popular. Pero volviendo al verso de Coval, al disco de Jamila, y al buen Muddy, siempre es bueno recordar que los hijos de puta no se callan, así que hay que callarlos. Subamos el volumen de una vez. Y, si quieren escuchar el tema, los invito a que hagan play en el último Música Cretina. No se impacienten, lo van a escuchar sonar a poco de empezar el Lado A de un no-programa que todavía tiene mucho para revelar.

martes, 8 de octubre de 2019

Giant Sand, "Valley of rain"

Ella nunca va a ser/ lo que ellos esperan que sea

Se los presento, aunque para cualquier Cretinx a esta altura no debería necesitar presentación: el tipo que arroja el sombrero a la cámara —rodeado por los músicos que integran la nueva encarnación de su grupo de siempre— se llama Howe Gelb, y hace tiempo que me he declarado fan tanto de su obra en solitario como especialmente de Giant Sand. Se lo confesé a Robyn Hitchcock cuando me dijo que después de su paso por Buenos Aires y Montevideo se estaba yendo a Tucson a grabar con Gelb. (De hecho, esa fue parte del pago por su visita: el boleto de avión que lo dejase ahí). Le pedí a Robyn que le mandase saludos de un fan que tenía en Buenos Aires, y la verdad que nunca supe si finalmente le llegaron. Pero a mí me han seguido llegando algo caóticamente sus discos. Como una señal de ese ángel caprichoso que nos hace tropezarnos una y otra vez con nuestros deseos, en la disquería donde regularmente —cada vez menos— canjeo mis bienes vinculados con las artes sonoras siempre aparecen sus álbums. Vaya uno a saber de dónde salen, pero por supuesto que inevitablemente terminan en casa, aún los que no estoy seguro si escucharé alguna vez, como me sucedió cuando asomó la reedición de su primer disco, Valley of rain. Lo terminé poniendo en el equipo de música, por supuesto, y me sorprendió que lejos de delatarse como apenas un boceto de lo que luego terminaría siendo el grupo, sonase tan… Giant Sand, digamos. Es verdad que con el paso de los temas el espíritu se iba deshilachando, o mejor dicho repitiéndose y haciéndose previsible, pero no por eso perdía su encanto. Pero el tema que lo bautizaba era hipnótico, y en la reedición que yo escuché —la del 2010, que celebraba los 25 años del grupo— abría el disco, a diferencia de la edición original de 1985, en la que abría el Lado B. En las liner notes el buen Howe decía que había cambiado el orden de los temas simplemente porque podía, y también contaba la historia de aquel debut hecho a los ponchazos, y con el que aprendió que si quería grabar discos la estrategia —que a partir de entonces repitió durante toda su carrera— era hacerlos rápido, y licenciarlos al que ofreciese un adelanto para editarlos. Contaba también que había grabado no uno sino dos discos al mismo tiempo —y recibido sendos adelantos—, bajo dos nombres, The Band of Blacky Ranchette y Giant Sand. En realidad, el nombre Giant Sand era una deformación del de su primer grupo, Giant Sandworms, que acababa de separarse. Lo cierto es que esos dos discos seminales, grabados en un fin de semana, estuvieron a punto de desaparecer cuando un desconocido entró en su camioneta y se llevó todo lo que había ahí. Todo salvo dos de las cuatro latas que contenían las grabaciones: estaban bajo el asiento delantero, detrás de un cactus que le había regalado un amigo, y Gelb escribía que seguramente se habían salvado porque el ladrón metió la mano en la oscuridad y se llevó un buen pinchazo del cactus. Alabadas sean las espinas que salvaron al Valle de la Lluvia allá lejos y hace tiempo, y alabada sea la extraña idea que tuvo recientemente Howe Gelb de volver a grabar aquellas agujas sonoras para un disco que salió el año pasado, titulado previsiblemente Return to the Valley of rain. Todo intento de volver sobre los viejos discos suele ser discutible, porque la magia no es ninguna asesina y nunca regresa al lugar del crimen. Por más que mejoren las condiciones de grabación, aquel aura original nunca tiene nada que ver con la tecnología, y —al menos para los que ya hayan sido tocados por ese sonido— no hay promesa de perfección que reemplace la gloria original. Sin embargo, Gelb tampoco se caracteriza por la búsqueda de la toma perfecta, por lo que su sonido en estudio es tan como una pintura recién hecha que jamás hay crimen al que regresar. Sin embargo tomó sus precauciones: volvió a grabar aquellos temas de su primer disco con los mismos músicos, y se tardó el mismo tiempo en el estudio que entonces: un día y medio. ¡Y gastó el mismo dinero: 400 dólares! El resultado es increíble; el mismo viaje, pero diferente. Recuerdo haberle estado contando esto a M John Harrison antes de nuestra charla para el Filba, porque le acababa de decir que había leído una atrás de la otra sus novelas The Century Device y Light, y que no había notado demasiado los cuarenta años que las separaban, y el me explicó que, justamente, había escrito la última para ver si podía escribir tanto tiempo después una novela como la primera. Y ahí fue cuando le conté la historia de Valley of rain y su posterior Return, y en la mitad del relato me di cuenta de que Mike no tenía ni idea de lo que le estaba hablando, pero se lo terminé de contar igual. Como ahora. Así que los invito a que pongan fin a todo esto haciendo play en el link que dejo en los comentarios, y escuchen el nuevo Música Cretina, que abre su Lado B —como en el vinilo original— con el Valle de la Lluvia de La Gran Arena, ese grupo que Gelb separa y vuelve a reunir a voluntad. Ahí lo tienen, lanzando juguetón el sombrero a la cámara, sabiendo que no se puede tapar el sol con la mano, y mucho menos la imagen con un sombrero, pero lo que vale es el gesto, el instante, la sorpresa. Y por supuesto que, si sos el valle, lo que importa es la lluvia. Y la Música, claro. Y si se puede que sea Cretina, por favor.

lunes, 7 de octubre de 2019

King Crimson, "Three of a perfect pair"


Ella es susceptible/ él es imposible

A la luz del sol de esta mañana de lunes me atrevería a decir que finalmente parece que arranca nomás esta primavera, pero nunca se sabe. Lo que sí sabemos con certeza es que hay un nuevo Música Cretina, que venía tan demorado como la estación de los estudiantes y las flores, y que si hacen play en el link que dejo aquí debajo escucharán como arranca con pavada de ramo como obsequio de bienvenida: ese tan estirado “Eeeeeeeeeeella” de Adrián Belew como voz principal y Tony Levin en los coros que anuncia que lo que sonará será Three of a perfect pair, gema y bautismo del último disco —ese tercero que completa el par perfecto, digamos— de la trilogía de los 80 del grupo de Robert Fripp. Justamente a partir de mañana martes King Crimson estará presentándose en un Buenos Aires que estalla de música en vivo, pero no será de la partida el bueno de Belew, así que los temas de esa época, que llevan la marca de su voz, tal vez no sean de la partida. El Rey Carmesí celebra sus 50 años, así que hay bastante —y muy bueno— para recordar, pero esta particular versión del tema que abre este no-programa es fruto justamente de esas celebraciones. Sucede que como parte de los festejos de su cumpleaños de medio siglo el grupo viene presentando online la remezcla de un tema por semana, y por estos días le tocó a Tres de un par perfecto, en una versión con un sorprendente comienzo a capella en que esas voces que anunciaban el comienzo del tema se quedan maravillosamente solas, multiplicando el efecto vocal original. Cuenta David Singleton —productor del grupo y socio de Fripp— en el audio introductorio que acompaña cada uno de los lanzamientos, que originalmente el grupo ya había presentado una versión con una intro a capella en la caja de la gira del 2016, pero en esa ocasión a la sorpresa inicial le seguía otra sorpresa: un tema casi instrumental, al que le habían sacado casi todas las voces. Cuando empezaron a pensar en los temas a incluir en esta celebración del grupo, esa particular versión fue una de las primeras propuestas. Pero a la hora de efectivamente lanzar el tema se dieron cuenta que dar paso luego de las voces a una versión despojada de ellas no era la mejor forma de presentar el tema ante un público nuevo (y esa es la idea de esta celebración semanal). Pero poner el tema tal como estaba luego del comienzo a capella tampoco era una opción, porque el nivel de las voces era diferente. Dice Singleton que juguetearon con tomar el camino extremo y dejar solamente las voces, pero terminaron eligiendo volver a mezclar todo el tema y esa es la versión a estrenar que abre este noveno Música Cretina de un año que está siendo como un parto. El tiene sus opiniones contradictorias/ ella tiene sus estados de ánimo ciclotímicos, canta Belew, y casi que completa una descripción de la tan bendita grieta, esa que nos hace protagonistas de un par perfecto que pide a gritos una tercera opción, un camino nuevo, uno que nos permita volver a confiar en el sol, en las mañanas, en esta primavera que tiene que llegar de una vez, para alumbrar algo que no nos atrevemos aún a bautizar como esperanza, pero lo que se dice esperar, estamos esperando. Mientras, por suerte, está la música, claro. Cuanto más Cretina, mejor.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Música Cretina 2019 #8

ESTO NO ES UN PROGRAMA

22-8-2019

Lado A

“Hoy todo está empeorando/ por favor mandame chocolates”

1.- Wild Beasts, Big cat
2.- Ruzzi c/Natalia Lafourcade, Mudanza
3.- Eddy de Pretto, Desmurs
4.- Marianne Faithfull, Loneliest person
5.- Chuck Prophet, Post-war cinematic dead man blues
6.- Pablo Dacal, Realmente (Don Cornelio)
7.- Lee Moses, Bad girl
8.- Antolín, Nostalgia del futuro

Lado B

“Aquí entre las nubes/ yo juego a mi mundo”

9.- Roddy Frame, Back to the one
10.- La Costa Brava, Nadie sabía que ya estaba muerto
11.- Robert Plant, Season’s song
12.- Juan Wauters, El hombre de la calle (Jaime Roos)
13.- Hirut Bekele, Almokerkum Nebere
14.- Prince, Manic Monday (The Bangles)
15.- Peter Perrett, The power is in you
16.- Gigio y Los Inquilinos del Tiempo c/Mimi Maura, Atolón

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martes, 3 de septiembre de 2019

Hirut Bekele, "Almokerkum Nebere"

No se si puedo presentarles como corresponde a la señora de la foto, porque apenas si alcanzo a saber su historia. Conozco su nombre, eso sí: se llama Hirut Bekele, y es una de las grandes divas de lo que hoy se conoce como Ethio-jazz. Su voz inconfundible suena promediando el Lado B del que aún sigue siendo el último Música Cretina, cantando en amhárico, el idioma oficial de Etiopía, un país que durante el reinado de Haile Sellassie, a fines de los 60 y comienzos de los 70, supo tener una activa escena musical en la que la tradición local se mezcló con la del jazz, soul y rhythm’n’blues que —según leo por ahí— sonaba desde la radio de la base militar norteamericana instalada en Eritrea. Todo eso se terminó en 1974 gracias a un golpe de estado pro-soviético que durante una década y media instaló un toque de queda en Addis Abeba, la capital, con lo que su escena musical —entre tantas otras cosas— dejó de existir. Pero muchos de los viejos simples, cassettes y discos que testimonian aquella época han sido largamente rescatados en compilaciones varias, entre las que destaca claramente la serie Ethiopiques, que el sello francés Buda Musique comenzó a editar en 1997 y que ya lleva 30 volúmenes. Tal vez el más famoso sea el volumen 4, dedicado a la música de Mulatu Astatke, de donde sacó Jim Jarmusch la banda de sonido de su película Broken Flowers. Pero aunque fue el volumen 3 de esa serie el que rescató por primera vez dos décadas atrás el tema de Hirut Bekele que suena en este no-programa, titulado Almokerkum Nebere, confieso que yo lo descubrí en un compilado mucho más reciente, editado apenas del año pasado, titulado Taitu: Soul Fueled Stompers From 1960s-1970s Ethiopía. Su responsable es un DJ libanés, oriundo de Beirut, llamado Ernesto Chahoud, hijo de una familia militante y comunista, que ganó su nombre, obviamente, en honor al Che Guevara. En la biografía que acompaña la edición de su compilación, Chahoud confiesa que fue un simple de Bekele que consiguió en el mercado de pulgas de Beirut el que despertó su fanatismo por la escena del Ethio-jazz. Tardó diez años, cuenta, en cumplir su sueño de viajar a Etiopía para revolver los mercados de segunda mano buscando completar su colección, pero dice que la espera valió la pena. O al menos valió la antología desde la que suena el tema de doña Bekele incluído en un Música Cretina que merece sonar en este frío sol de un martes de esto que ya es septiembre, un mes que es tan cruel como el abril de Eliot, porque promete primavera pero hasta ahora sólo tiene invierno para darnos.