Una vez sonó el teléfono y era Rosario Bléfari. Me dijo que le habían encargado una nota, y no sabía muy bien por dónde encararla. ¿Le podía contar cómo hacía yo mis notas? Así que nos juntamos una tarde en La Orquídea, en Acuña y Corrientes, un bar que durante mucho tiempo funcionó como mi oficina (ahí citaba a la gente para hacer notas, me reunía con amigos y ahí fue donde respondí alguna vez la pregunta mágica, vos qué querés hacer, con mi propio abracadabra: una revista). A un paso de la redacción de TXT, en la que los dos mas o menos entonces colaborábamos, hablamos durante un buen rato sobre cómo hacer una nota. Cuando pienso en ella, y últimamente la vengo pensando bastante porque fue su cumpleaños y Sué Mon Mont y eso, pienso también en esa Rosario que yo también conocí, la que se preguntaba cosas, la que nunca dejaba de aprender, y también de enseñar. No recuerdo cuándo fue que nos cruzamos por primera vez, pero compartimos tiempo ya sea durante el rodaje de Silvia Prieto (hice una larga crónica que salió en Chile cuando empezó el rodaje, dos años antes del estreno) o en la grabación de Horrible, que creo que fue la primera nota que hice con ella, para el suple No. También nos podíamos cruzar en el recién inaugurado Belleza y Felicidad, que estaba justo a la vuelta de mi casa, o en La Luna, donde amaba ir a ver aquel primer Suárez, que tocaba de espaldas al publico, y era una bola de ruido de la que cada tanto emergía su voz y sus canciones. A partir de esos primeros encuentros, Rosario estuvo en mi vida, en mi día a día, en mi ciudad, en mi laburo. Me gusta pensar que los habitantes de un mismo tiempo y un mismo lugar formamos parte de una constelación, de un mismo sistema solar, y compartimos el mismo viaje: orbitamos alrededor de los mismos soles y nuestros caminos se cruzan casi rítmicamente y cada tanto también siguiendo nuestros propios arcos gravitacionales nos reconocemos y acompañamos. Es algo en lo que no pensamos, sucede naturalmente, y solo nos damos cuenta cuando de pronto chocamos durante ese viaje, y quizás algo nos pasa que lo cambia todo (para bien o para mal), o cuando de pronto alguien ya no está más y lo echamos en falta, que es cuando realmente tomamos conciencia de la clase de relación que manteníamos, que no es de una amistad tradicional, pero tampoco es que somos desconocidos, hay algo que nos completa y nos vincula, a lo que es difícil ponerle nombre. Como todos los que conocimos a Rosario estuve un poco enamorado de ella, y también la admiré por su trabajo y su constancia. Creo que era recíproco, en lo que se refiere a la última parte de esa frase, porque siempre estaba ahí cada vez que la llamaba, y disfrutábamos vernos por la excusa que fuera. Me llamaba siempre que tenía un proyecto nuevo, y yo la entrevistaba cuando nadie le prestaba mucha atencion en el resto de los medios, ya sea con aquella obra sobre el cerebro (!) que hizo con Valeria Bertucelli en el Rojas o con el dúo que armaba con María Fernanda para ir a tocar a Chile, donde la trataban como la estrella que acá no era ni quería ser. Una vez leí que incluso festejó que la llamase y le pidiese que grabase un tema, porque --dijo que le dije-- “necesitaba tenerlo” para pasarlo en Musica Cretina (Je, gracias a eso existe esa grabación de su versión de Te extraño, de Flema. De nada). No se por qué estoy contando todo esto, ni si le puede interesar a alguien, pero evocar a Rosario siempre es un disfrute, y como estuve escribiendo sobre Sué Mon Mont aparecieron cosas en el googleo de las que me había olvidado, como cuando contó el origen del bautismo del grupo: "Se me apareció en la frontera del sueño y la vigilia. Me acuerdo que me desperté y lo anoté, veía como una tapa de un disco, la imagen del nombre escrito. Y no sólo lo anoté, sino que abrí una pagina en facebook, como para no olvidarme, porque sabía que le iba a poner ese nombre a algo. Y ahí estuvo, vacío durante un año, lo único que había era una silueta. Hasta que apareció esta banda”. El sábado en La Tangente fue un momento entre el sueño y la vigilia, una evocación que al mismo tiempo no se sintió tan a flor de piel sino algo natural, un transcurrir compartido, una presencia generosa nomás, sin ninguna cuenta pendiente. Hasta que llegaron los bises, donde el grupo interpretó el EP que salió después del disco: confieso que me sorprendieron esas canciones, ya que no las tenía muy escuchadas, y me sonaron ellas sí muy a despedida, a voz desde otro plano, hablándome. Una silueta, eso que según contó entonces era lo único que había antes de que existiese la banda, fue lo que sentí presente en ese momento. Y en una de ésas por eso me quedé pensando en ella, cantando esas canciones, evocándola al borde del fin de un año durísimo, de sobrevivientes. No quiero dormir para no soñar/ no quiero saber para no pensar, canta Rosario en No es conveniente --el tema que abre ese EP que hay que escuchar más-- y cantó Nina el sábado y cantamos todxs. Txdos los que dormimos y no sabemos, lxs que soñamos y también pensamos. Que terminen bien el año, y que las canciones (y las versiones) de Rosario sigan sonando.
martes, 31 de diciembre de 2024
domingo, 29 de diciembre de 2024
Sué Mon Mont en La Tangente
Todo recital homenaje es una invocación. Tanto los que lo realizan como sus espectadores se hacen presentes esperando que suceda algo. Lo sepan o no de manera consciente, todos desean, de alguna manera, que el recordado se manifieste. Se manifieste en las canciones, se manifieste en el recuerdo, como cada vez que piensan en el, o como nunca se lo permitieron pensar hasta ese momento. No hablo de los homenajes que son casi palabra oficial, que vienen membreteados, porque esos casi siempre están vacíos. Uno de los personajes de American Gods, la novela de Neil Gaiman, dice que cuando los muertos se aparecen hay que preguntarles qué es lo que quieren. Que a veces te lo dicen. No hay ninguna pregunta en esos homenajes de cartón; la clase de recitales de los que estamos hablando, en cambio, siempre están llenos de preguntas. Y las respuestas, por supuesto, nunca son las mismas. Recuerdo aquel homenaje fallido a Luca, cuando Divididos y Las Pelotas tocaron en Montevideo, y sólo hubo confusión y vacío. También se me viene a la mente el regreso de Legiao Urbana, cuando el que se tuvo que calzar los zapatos de Renato Russo --el valiente y admirable André Frateschi-- contaba que en todo recital descubría entre el público uno que negaba con la cabeza, en silencio, sin quitarle la vista de encima. Era al que tenía que convecer. Es ese escepticismo el que se pone en juego en esta clase de recitales, dura un rato, como que flota en el ambiente durante un par de temas, hasta que el público --y los músicos-- se entregan. O no. Anoche en La Tangente nos entregamos todos. No se quién habrá sido el valiente que se atrevió a proponerle a Nina Suarez que ocupase el lugar de Rosario en el homenaje de los diez años del disco de Sué Mon Mont, pero todos tenemos que agradecerle el coraje. Porque, por un lado, esas canciones merecen seguir sonando. Todo lo que resuena tiene que poder seguir dicéndonos cosas, porque esas cosas seguramente son importantes: si algo está vivo no hay que dejar que muera. Y, por el otro, por favor que nadie le diga esto a Nina, pero cada vez que la veo esa piba me deslumbra. Es como un avatar de todo lo que está bien, frágil pero poderosa apenas abre la boca, gran guitarrista, y con un aplomo que sorprende. Creo que sorprendió incluso a sus compañeros de banda, se lo veía en los ojos, en la mirada, en la sonrisa. Los dos shows de anoche en La Tangente no fueron pensados como homenaje de nada ni de nadie, simplemente la idea fue celebrar un disco (y un EP), que deben seguir girando. Pero, también, creo que era inevitable que todos los que fuimos, y los que estaban sobre el escenario, estábamos recordando una ausencia. Y todos, también, sentimos una presencia. Aunque en este caso no hubo ningún cuestionamiento, ningún momento de incredulidad, ninguna barrera que cruzar: fue instantáneo. Nina no es Rosario, pero sin dudas la lleva en ella: es admirable como carga con eso, y como también logra que no le pese. Si un problema no tiene solucion, entonces no es un problema dice un proverbio chino --gracias Andrés-- y Nina parece justamente no hacerse problema. Confieso que se me hizo un nudo en la garganta cuando en uno de mis temas preferidos del disco, llegó el momento del estribillo y me encontré casi rezando: Quisiera ver lo que ves/ quisiera sentarme con vos. Yo se que mas de una vez he escrito que las canciones lo saben todo antes que uno, pero esto ya era el colmo. Vi mucha gente lagrimear, pero muchos mas pogueaban, sonreían mirando hacia el escenario, mirando hacia la luz, como quien se deslumbra ante el fuego. Ardió Sué Mon Mont anoche. Ardimos. Ojalá que haya más recitales para estas canciones. Ojalá que los temas perdidos, los que dicen que quedaron apenas en demos, puedan ser completados. Se lo merecen. Nos lo merecemos. No se dijo ni una vez desde el escenario el nombre de Rosario anoche, pero todos lo tuvimos presente, como también fue inevitable pensar en la forma a la que ella se refería a Sué Mon Mont: el grupo sin pasado (en respuesta a su grupo sin futuro, que era con el que rescataba su repertorio clásico). Todo lo que quise decir, se apagó en la oscuridad, cantó Rosario en el último tema del EP final de la banda. Por suerte, no hay nada apagado, no hay oscuridad. Acá estamos, pensando en lo que vendrá. Así quedamos, brillando.
sábado, 28 de diciembre de 2024
Música Cretina 2024 #3
ESTO NO ES UN PROGRAMA
10-12-2024
Lado A
“Nunca por dinero/ siempre por amor”
1.- Galaxie 500, I wanna live
2.- Milton Nascimento, O homem da sucursal
3.- Linval Thompson, Marcus Garvey says
4.- MJ Lenderman, She’s leaving you
5.- Judeline, Zarcillos de plata
6.- Adrianne Lenker, Sadness is a gift
7.- BadBadNotGood c/Norah Jones, This must be the place (Talking Heads)
Lado B
“Vuelve al tabaco/ mantén la dignidad”
8.- Maestro Espada, La despedía
9.- Shaboozey, A bar song (Tipsy)
10.- Jeremy Albino, Baby ain’t it cold outside
11.- Louis Chedid, Je suis la
12.- Rhiannon Giddens & Silkroad Ensemble, Don’t come around here no more (Tom Petty)
13.- The Ray-Ons, You confuse me Baby
14.- Triángulo de Amor Bizarro, Vigilantes del espejo
miércoles, 25 de diciembre de 2024
Judeline, "Zarcillos de plata"
Yo dormía y él hacía café/ En la mesa los condones y la cena de ayer
domingo, 22 de diciembre de 2024
Stanley Booth 1942-2024
jueves, 12 de diciembre de 2024
Triángulo de Amor Bizarro, "Vigilantes del espejo"
Dejalo todo y ven conmigo/ dejate llevar una noche más
El video llegó la noche en que me dieron la noticia. Era una grabación en la que sólo se veían sombras, pero eran sombras felices, felices cantando una canción. Alguien tocaba una guitarra, estaba el Tussi con una hoja en la mano de la que leía, y el resto de los presentes lo rodeaba, entusiastas, coreando los versos de la canción que estaba cantando, a la que yo no conocía pero era triunfal, desafiante, irónica y contagiosa. Durante mucho tiempo pensé que era un nuevo tema suyo, esos que me contaba que venía componiendo, mas cercanos a la canción popular. Era eso: me parecía una canción popular. Pensé que en una de ésas se estaba convirtiendo en un cantante que podía ser cantado por todos, y me hizo acordar a Shane McGowan, no se por qué me apareció su figura, tal vez porque también acababa de morir o por roquero y también popular, y seguro porque era uno de sus preferidos confesos y sin reservas. Lo cierto es que volví más de una vez a esa grabación, y me gustaban dos cosas. Una, el final del tema, que era una enumeración de nombres aparentemente sin sentido, como las claves de las comunicaciones militares o los alias con los que hoy se paga online. Hasta que uno se daba cuenta que eran nombres de bares y boliches montevideanos clásicos, casi olvidados, que funcionaban como palabras mágicas que evocaban ese otro tiempo pasado en ellos, o recordándolos. Y lo otro que me gustaba era el estribillo, o al menos la frase que se repetía una y otra vez, y que coreaban, brazo en alto, todos los que rodeaban al Tussi: Una noche más, una noche más. Porque, claro, eso era lo que deseaba despues de la noticia de su muerte: una noche más. Por lo menos. De la misma manera que no se por qué asumí que era un tema nuevo suyo, no se cómo fue que empecé a sospechar que en una de esas no lo era. Tal vez leí algo que hacía referencia a alguno de los versos que ya tenía muy asimilados, quizás al verlo otra vez me empecé a preguntar cómo era que, si era un tema nuevo, todos se lo sabían. Hace poco googlée el estribillo, ese una noche más que era como un rezo, y enseguida salió la respuesta: es un tema del grupo indie español Triángulo de Amor Bizarro, de su disco del 2020. Se llama Vigilantes del espejo, y si uno entra en el Spoty de la banda, es el que primero sale, el más escuchado. O sea: es un tema muy conocido, pero no se por qué yo nunca lo había escuchado. Hasta que vi ese video. Pero qué importa: para mi todavía es como si fuese un tema de Tussi, y con ese espíritu es que lo programamos en Palermo Wuhan hace algunas semanas, y así es como cierra el nuevo Música Cretina (¿todavía no lo escucharon?), el no-programa del regreso apenas los madrugones del sábado --que se llevaron toda mi energía radial y también guiaron mis selecciones de temas-- me dejaron algo de tiempo libre para volver a armarlo. Asi que acá estoy, escribiendo esto para invitarlos a hacer play en el Mixcloud de Música Cretina, y evocando al Tussi en esta mañana de jueves, apenas un día antes de salir para Montevideo a celebrarlo, a estar presente en el show del sábado en La Trastienda en que el Bruma Cabra Club tocará por primera vez en vivo las canciones que grabaron para lo que terminó siendo un disco de despedida. No se qué hubiésemos hecho este año con semejante noticia y sin ese álbum a mano. Creo que también por eso se merece que estemos ahí para cantar aquellos temas que nos sabemos tanto. Y que vamos a poder corear, brazo en alto, como las sombras entusiastas que acompañan al Tussi en ese video. Ahora todos: “Una noche más, una noche más, ¡una nooooche!”
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Shaboozey, "A bar song (Tipsy)"
Alguien me sirve un trago doble de whisky/ saben que Jack Daniels y yo tenemos una historia
Se los presento, el muchacho de la foto se llama Collins Obina Chibueze, más conocido por su nombre artístico como Shaboozey, pero en realidad mucho más conocido todavía por un hitazo bautizado como A Bar Song, o sea Una canción de bar. Y cuando digo que es conocido en realidad me estoy refiriendo a la canción, un irresistible himno al alcohol, las noches trasnochadas y las mañanas resacosas que en una nota que leí por ahí mencionan como un nuevo Baby Shark pero para adultos, de tan irresisible que resulta. Y lo es: desde que la escuché por primera vez supe que tenía que estar en el nuevo Música Cretina. No llegué a incluirla en la lista de Palermo Wuhan, pero sino también ahí hubiese estado, porque tiene una buena historia detrás, en particular la del buen Shaboozey, un hijo de padres nigerianos criado en Virginia, la tierra de Pharrell, Timbaland y Missy Elliott. Como me debería haber dado cuenta antes de leerlo en alguna otra nota, su apodo deriva de la recurrente mala pronunciación de su apellido, y Shaboozey se ríe de esas confusiones multiplicándolas al abrazar decididamente el country en su último disco, después de haberle cantado al Nascar y a Robert Plant, y componer dos canciones junto a Beyoncé en el disco que la diva también le dedico a ese estilo históricamente tan pero tan blanquito. El nuevo álbum de este virginiano que acaba de cumplir 29 años lleva el premonitorio título de Donde estuve no es donde estoy yendo, lo que efectivamente sucederá con su carrera después del mega super hiper recontra exitazo que resultó ser A bar song, que en realidad es una versión de un tema de hip hop de hace exactamente dos décadas atrás, Tipsy, firmado por Jarrel Jones, o sea J-Kwon. Shaboozey es el cantante del que parece ser el tema del año en los Estados Unidos --¿alguien sabe si estuvo sonando por acá?-- una canción que en realidad más que celebrar las noches pasadas de rosca lo que hace es convocar a la nostalgia de los treintañeros que ya no pueden hacerlo, en la boca de un cantante country que en realidad es afronorteamericano, más outlaw no se consigue, y al mismo tiempo más integrado tampoco. Y eso que estos son tiempos de apocalipsis, demorados pero apocalipsis al fin. No me preocupo por mis problemas/ no me los llevaré cuando me vaya, canta Shaboozey y deberíamos cantar todos y, no se preocupen, ya lo estaremos cantando. Mientras tanto se puede hacer play en el último no-programa y, zas, ahí esta ese bar en el que está todo el mundo, achispándose. O digamos que está el recuerdo de ese bar, la añoranza de ese bar, la imposibilidad de ese bar pero siempre tendremos aquella imagen, y también la canción. La música, que de eso estamos hablando. Y si es Cretina, mucho mejor.