sábado, 6 de abril de 2019

Cienfuegos en Groove

Llega el dolor/ Estallando desde mi corazón. Eso es Cienfuegos. No por nada es el verso que abre su primer disco y también todos los recitales con los que han intentado resumir su carrera en cada regreso. Corazón y dolor en el mismo verso, y el acto de llegar y estallar, la velocidad, el movimiento, la explosión, el fuego. Todo eso es lo que siempre fue Cienfuegos, la mejor banda de rock para escuchar, cantar y saltar en cualquier centro urbano, naturaleza abstenerse. Porque le sobra información, bronca, dientes apretados, empatía y soledad. Todo eso enrollado en canciones que se pueden cantar, con letras para escupir y compartir, estribillos por los que pelear. No puedo dejar de pensar lo que alguna vez confesó la periodista norteamericana Gina Arnold sobre Come as you are, que cuando escucho ese tema lo que sintió fue miedo. Miedo porque era una canción por la que valía la pena ir a la guerra. Y algo parecido sucede con las mejores canciones de Cienfuegos, porque llenan de la emoción del reconocimiento, la piel de gallina de la súbita lucidez emotiva, y entonces a la carga, al abrazo, a gritar y gritar. No se preocupe abuelo, todos terminan bajo el suelo/ Ninguno de nosotros tiene algo que sea especial, escupe Sergio Rotman en el tema que abre el tercer y último disco de estudio del grupo, y cuando todo parece dicho hay un verso más, que completa la idea, pobrecita la raza humana con su problema existencial, y entonces sí: Hacia el cosmos, hacia el infierno. Hay algo de suicida en el rock, qué duda cabe. Algo de orgásmico, claro. El rock es la otra pequeña muerte. Debe serlo, al menos. El rock, en su esencia, es ir hacia la llama. Y eso es Cienfuegos. Por eso es que tanta gente se queda afuera. El regreso de Cienfuegos en Groove seguramente haya sido uno de los shows del año en lo que se refiere al rock local, y sin embargo casi ni hubo periodistas. Son preferibles los privilegios de la pulserita de prensa del Lolla que ir a apretarse todo sudado entre ese público hermanado que explotó una y otra vez en Palermo, es comprensible. Pero, como decía la publicidad de la tarjeta, no tiene precio estar en un ámbito donde gente a la que recién conocés te habla como si fuese tu amigo, confiesa su emoción por ver a un banda que cuando se separó él tenía doce años, y te ofrece una cerveza. O sino reírse con otro del público, que abraza su vinilo del debut de Cienfuegos —editado por el grupo para estas fechas—, sabiendo que se viene el pogo y que la cosa se va a complicar. “Es que estaba demasiado ansioso”, confiesa ese desconocido, ya hermanado al saber que la explicación no explica nada, pero que con eso alcanza. Nunca antes había sentido algo así en un show de Cienfuegos, lo confieso. Los que íbamos a verlos queríamos estallar, nada más. Ninguna hermandad. Salvo la de querer cantar los mismos temas. Los tiempos requerían eso, como dijo Rotman desde el escenario: todo muy lindo con añorar los viejos tempos, pero estar ahí era una mierda. Esto es mucho mejor, aseguró Sergio. Y esto es un Groove hasta el culo de gente, mucho olor a bolas pero también chicas, no es un canto al rock dinosaurio machista, el rock no sólo es música de museo, también es bronca de todos los días. ¿Será populista el rock? ¿Con el rock se educa y se come? Voy a través de este espacio sin pensar/ No se, no puedo contestar Puedo recordar los pogos más hermosos esta noche, cuerpos en acción que cantan los versos y estribillos mejor, desconocidos con los que cantamos mirándonos a los ojos, como quien se abraza azarosamente en una tribuna festejando un gol. Todo eso pasó anoche en Groove, en el regreso de Cienfuegos, que por momentos hasta fue desprolijo, pero resultó épico. “Somos Cienfuegos, la banda que no existe”, repitió Rotman cada vez que pudo desde el escenario que compartió con esos brothers in arms —literalmente— que son sus compañeros del grupo. Diego y el enorme Martín Aloé, que retuerce la cara al cantar como Phil Alvin al frente de los Blasters en Calles de Fuego. Hernán Deja-que-te-diga Bazzano y un rescatado Gigio, mas un indispensable Fernando Ricciardi en la batería. Un hermoso grupo de gente que se conoce y se pelea desde el comienzo de los años 80, y que una década más tarde juntó todo el rock que habían escuchado y querido y deseado y odiado en una banda que parece haberse convertido en mito justo cuando ya no existe. ¡Qué van a ser un mito si viven acá a la vuelta! Bueno, sí, Cienfuegos es mito, in your face cómodo periodista de rock argentino. Es mito porque cuando anunciaron su regreso agotaron el primer Groove en menos de una semana. Es mito porque hay gente que los sigue descubriendo, porque hay un pogo hermoso para saltar y agitar porque la canción lo pide, no porque haya que marcar tarjeta punk. Y es mito porque en sus tres discos hay temas que suenan actuales, que aun cortan hasta el hueso, y también el hueso, en un descuido. No se preocupe abuelo/ alguien va a hacerse cargo de sus huesos/ Ninguno de ustedes tienen algo que sea especial. ¿Qué es lo que tiene el rock que es capaz de reconstruir la conciencia? ¿De comerse todo nuestro dolor? ¿De llenarnos y vaciarnos de rabia? Hablo de lo mejor que tiene para regalar el rock, eso que encarna Cienfuegos, el rock como cultura y las llamas de esa cultura en el mismo acorde, en el mismo verso, creyendo en cada verso y en cada acorde, siempre evangelio, siempre Lutero, y siempre Marx, los cinco, Carlitos y también los hermanos. Para mi que no estás bien, canta Aloé, y orgullosos cantamos todos. Se proyecta mi vida/ desde aquí a la eternidad, canta ahora Rotman, y enseguida Martín lo explica todo sin explicarlo en su Lily oh Lily que viene con grito-arenga incluida, y que anoche cerró el show a toda explosión, y no hay mas nada que decir. O si. Porque ahí están también Love will tear us apart, Moonage Daydream (“El primer tema que sonó en un ensayo de Cienfuegos”, Rotman dixit) o Once in a lifetime para recordarnos de qué somos parte. Y no puedo evitar recordar un tema que justo no sonó anoche, ese que dice Vos tenés un millón de todo y yo tengo un millón de nada/ y cuando estemos solos no me vas a poder comprar. Gracias Cienfuegos por este show de regreso y despedida. Gracias por ser orgullosamente esa banda que no existe. Gracias por cada uno de esos viajes hacia el fin de la noche.

2 comentarios:

  1. YO FUI EL VIERNES 05/O4 NUNCA HABÍA VISTO A CIENFUEGOS POR QUE CUANDO SE SEPARARON TENIA 12 AÑOS.DESDE LOS 14 QUE NO PARO DE ESCUCHARLOS , MI HERMANO LOS FUE A VER A AVEPORKO CREO Y A OTROS LUGARES MAS Y SIEMPRE ME CONTABA DE LO INCREÍBLE EN VIVO , DE ROTMAN SALTANDO CON LAS RASTAS CANTANDO LA ETERNIDAD ENTRE OTROS TEMAS , YO ME IMAGINABA SALTANDO ENTRE LA GENTE HACIENDO MOSH Y POR FIN ESTE VIERNES QUE PASO PUDE VIVIRLO. ME ARREPENTÍ DE NO SACAR PARA LAS DOS FECHAS , NO ME IMPORTABA NADA EL SEGUNDO DÍA ME VOY SOLO DECÍA, EL PRIMERO FUI CON MI HERMANO , LA PASAMOS INCREÍBLE .
    CIENGFUEGOS ES LA BANDA QUE TE LLEVA A MIL LUGARES , TE PLANTA DIFERENTES PAISAJES EN LA CABEZA , TE HACE REPLANTEAR UN MONTÓN DE COSAS .NUNCA ME VOY A OLVIDAR ESE SHOW , OJALA ANTES DE FIN DE AÑO HAGAN OTRO .
    PERDÓN SI NO REDACTO MUY BIEN PERO TENIA QUE DAR MI OPINIÓN DE ESE RECI INCREÍBLE .
    AGUANTE CIENFUEGOS ! NO ME LO VOY A OLVIDAR NUNCA MAS!!

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  2. Impresionante el show del sábado. Rotman es un héroe que si te lo cruzas te da un abrazo y todo.. Nando es fuego puro. Me rompió la cabeza ver a Cienfuegos. Ojalá se repita...

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