Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

domingo, 25 de mayo de 2014

Tres veces Cristina


Tres veces tres le preguntan hoy por Cristina Fernández de Kirchner a Andrés Calamaro en un reportaje publicado en la contratapa del diario El País de España. Es uno de esos reportajes presuntamente ocurrentes, espontáneos y graciosos, de –justamente- contratapa. Supongo que a la gente de El País le parecerá ocurrente, espontáneo y gracioso preguntarle a Andrés por Cristina. Si son muy puntillosos los de El País a la hora de reclamarle a sus columnistas que incluyan ciertos datos cuando escriben de Argentina –lo sé de (casi) primera mano—no me quiero ni imaginar cómo serán con sus periodistas de la redacción. Pero tal vez estoy viendo fantasmas donde no hay. Tal vez tanto bla bla hizo bien su trabajo, y todos piensan así solos, sin que nadie ya les diga qué pensar. La cuestión es que en este reportaje –que aún no está online—las tres preguntas sobre Cristina tienen pequeñas variaciones. Esta es la que abre el cuestionario: “Si tuviera que escribir una canción a Cristina Fernández, ¿cómo empezaría?”. Respuesta uno de Andrés: “Todas las canciones empiezan por principios. Es como empezar a construir una casa por el techo”. La que cierra el cuestionario tiene una variante –digamos-- conceptual: “Si tuviera que escribir una canción a Cristina Fernández, ¿cómo terminaría?” Respuesta tres de Andrés: “El año que viene, respetuosos de la armonía democrática”. Pero la que aquí nos ocupa es la respuesta dos. Entre el comienzo y el final, la pregunta del medio consulta al Salmón por el estribillo de esa canción, si tuviera que escribirla. Y esta es su respuesta: “Idéntico al Christine de Garland Jeffreys. Sin necesidad de traducir la letra, después de todo no todos hablamos inglés, fluido”. Nada mejor, entonces, que compartir el estribillo de esa canción que –según le cuenta a El País-- Calamaro le escribiría a Cristina. Se trata de un hermoso reggae, tema 2 del lado A del disco Escape artist (1981), que repite en su estribillo, simplemente, Christine. Nada que traducir, realmente. Su autor es un amigo de Lou Reed, un músico al que supieron escuchar muy bien ciertos músicos melómanos porteños durante los ochenta. Y es una canción que habla de una chica que le roba el corazón a quien canta, una chica que es de verdad, dice, que lo hace sentir como un hombre. Hasta que se da cuenta que ella tiene otro amor en París. ¿Nada que traducir? Vaya uno a saber si Calamaro incluirá algún mensaje en clave para los muchachos de El País, o cada respuesta fue sólo una elegante forma de sacárselos de encima. Por lo pronto, en este dominguero sol invernal, nada mejor que escuchar al amigo Garland, que anuncia al presentar el tema: Esta canción es para vos, Christine.  

miércoles, 21 de mayo de 2014

El show imposible, por Martín Pérez


Algunos de ustedes deben saber quiénes somos. Así saludó Greg Dulli anoche, casi al final del recital de sus reformados Afghan Whigs, ante un Niceto semivacío. Apenas si había unas cincuenta personas debajo del escenario, mientras que arriba media docena de músicos –incluyendo al cantante—llevaban una hora casi sin descanso, metiendo un tema tras otro, sin dejar ni una pausa por la que se cuele el silencio de un lugar vacío. Aún no llegamos a mitad de año, pero ya me siento en condiciones de afirmar que, cuando se hagan las listas de lo mejor del 2014, el de los Afghan será –por lejos—el show internacional que mejor pagó dividiendo calidad por cantidad de público presente. Es que, si la música fuese oro, cada uno de los presentes anoche nos llevamos casi todo el tesoro solitos a casa. Pero, claro, eso nunca sucederá. Y no sólo porque no es la clase de cálculo con la que se califica a un concierto, ni porque la música no es oro (aunque eso soy capaz de discutirlo, yo me fui rico a casa). Sino porque entre el escaso público no había ni un periodista ni tampoco algún músico curioseando. No era uno de esos shows en los que había-que-estar, y no habrá nadie para comentarlo. Lo siento, ustedes se lo perdieron. Porque fue uno de esos shows de los que –con permiso, Patricio Rey—te vas rico gratis.
Anoche, es cierto, no era una de ésas que invitan a salir a ver qué pasa. Llovió como si estuviesen filmando una película de serie negra –o la escena debajo del puente de Tango Feroz—durante toda la noche. Ya le había pasado esto a Dulli la primera vez que pisó Buenos Aires, cinco años atrás, acompañando a Mark Lanegan en formato acústico. A pesar de que el calor del hogar llamaba, desafié entonces al agua y me fui igual hasta La Trastienda a verlos, y no me arrepentí. Poca gente, pero fue un show íntimo y fascinante. De esos que estás orgulloso de formar parte. Por eso es que me había prometido no fallarle tampoco a Dulli esta vez. Aunque me esperaba que, con o sin lluvia, otra vez no hubiese nadie. Porque los Afghan Whigs por estos pagos no sólo nunca fueron un grupo popular, sino que ni siquiera llegaron a ser protegidos por los periodistas. Ni siquiera  fueron de culto. Así que vaya uno a saber las razones por las cuales tocaron anoche en Buenos Aires. Pero el fan –y yo lo soy—no pregunta sino que disfruta. Lo hice muchísimos años atrás viendo nada menos que a Los Lobos en un estadio vacío, no iba a dejar de hacerlo anoche en Niceto.
Aunque al comienzo había tan poca gente que invitaba a la duda, por cómo se lo podía tomar el grupo, salieron a matar con el primer tema. Y vaya que mataron. Son raros los Afghan. Tienen una formación con dos guitarristas y un multinstrumentista que toca teclados, violín y cello. Dulli es como Buzz Lightyear, ancho de hombros y con cuello de toro. Vestido de negro, con una Gibson –negra, por supuesto—colgada al cuello, es el único cantante de los 90 capaz de citar a Jim Morrison y a Curtis Mayfield con la misma propiedad. La cita a People get ready llegó para los bises, pero el inesperado recitado de The Endthe killer awoke before dawn...—fue uno de los grandes momentos-rock no sólo de anoche, sino de muchas otras noches. Incluso Dulli –que tiene la voz impecable-- agregó el piano a su repertorio, al que se sentó para hacer un sentido It kills, que agradeció al final con un “gracias” en castellano. Lo que siempre me gustó del grupo fue la forma en que versionaron a los clásicos del soul, pero fue justo de lo que menos hubo anoche. Lo que más hubo fue mucha música, música ambiciosa y contundente, con un sonido trágico y al mismo tiempo sensual, soul pero con dos guitarras eléctricas. El bajo sonaba como tenía que sonar –el bajista sabía cómo cargar su Rickenbaker--, y el batero parecía Bobby Gillespie y le pegaba como Dave Grohl. El sonido era impecable, pero estaba un poco fuerte, hay que decirlo. A matar o morir, así salieron. Como hay que hacerlo en estos casos.
Aquella frase de Dulli con la que abro esta nota llegó después de que preguntó si los presentes entendíamos inglés, y contó entonces que con ese tema que acababan de tocar terminaba su show. Ellos se iban, la gente aplaudía, y volvían para hacer el bis. No iban a hacer eso, explicó. Y ahí fue cuando preguntó si alguien sabía quiénes eran, para invitar a que pidiesen temas para los que supuestamente serían los bises. Alguien gritó Summer’s Kiss, y Dulli lo pescó al vuelo. “Usualmente, no lo hacemos solo”, dijo. “Sino que hacemos los tres temas finales del disco Black love. Suena mejor así. Confiá en mí”, agregó  con una sonrisa, y lideró al grupo en veinte maravillosos minutos más de música, tocada y cantada apasionadamente, completando un show milagroso, que no debería haber sido capaz de presenciar jamás. No sólo porque los Afghan Whigs estaban separados, sino porque a quién se le iba a ocurrir que, reunidos, tocasen en una Buenos Aires que jamás se enteró que existen. Pero es que uno siempre se olvida que esto no es rock ni amor, sino pura suerte.

Afghan Whigs en Niceto, martes 20 de mayo 2014.

martes, 20 de mayo de 2014

PJ Harvey, "Send his love to me"


Mis brazos demasiados débiles para aferrarme/ Mis ojos demasiado secos para llorar

Uno sabe que ya está grande cuando lo que todos piensan que es la vieja PJ uno la recuerda como la nueva PJ. Porque la PJ Harvey de To bring you my love, la que luce vestido y lápiz de labios en el arte de su tercer dfiscvo de estudio, es la PJ peinada y bien vestida, que ocupó el lugar de la que mostraba el sobaco peludo y amenazaba con su sexo. Aunque en realidad nunca una nunca le haya dejado el lugar a la otra, sino que conviven. ¡Y vaya que conviven! Meet za monsta. PJ nunca hizo un disco malo. Antes de los White Stripes, ya estaba rockeándola como si viniera de otro tiempo, sólo que cargada del sexo que todos los que vinieron antes que ella tenían que ocultar. Más que del sexo, en realidad, de las preguntas sobre él. Pero claro, era minita. La loquita. Gracias que todavía la dejamos rockear. Como nos pasó a todos, con el tiempo las preguntas importantes de la vida dejaron de ser los cómo y por qué y llegó el turno de los cuándo y dónde, y las canciones cambiaron de intensidad. Pero queremos igual a PJ, la queremos sexuada, la queremos rockeando, la queremos llorando, queremos a todas, punto. Este amor se convierte en una tortura/ este amor, mi único crimen. Por eso suena mejor que nunca en este martes nublado de un invierno que aún no se atreve a mostrar su cara descubierta. Y también casi cerrando el Lado A del último Música Cretina, entre Patricio Rey y Jorge Pinchevsky. Consortes cretinos.  

lunes, 19 de mayo de 2014

Elliott Murphy, "Benedict's blues"


Escribí una canción, tuve un éxito/ Ella me hirió, lo que me hizo/ Es lo mismo de siempre/ ¿Es todo lo que una canción puede ser?/ Pensé que una canción podía liberarte/ Pero tal vez estaba equivocado

Supongo que todos los que conocimos a Elliott Murphy lo hicimos gracias a un libro con letras de editorial Espiral, que anunciaba: Los Poetas Malditos del Rock. Le teníamos confianza a la editorial, ahí habíamos leído las letras de Jim Morrison. Y después las de Dylan, o las de Nick Cave. Era mejor que El Juglar, sin dudas. Al menos sus libros no se deshacían al abrirlos, como sucedía con los de Los Beatles, por ejemplo. En tiempos pre internet y pre todo, esos libros de letras traducidas, que además solían tener antes alguna información, resultaban indispensables. El de los poetas malditos venía con John Cale a la cabeza, pero el segundo era ya un desconocido: Elliott Murphy. Recién con internet pude empezar a seguirle la pista al buen Elliott, asentado desde hace años en Paris. Sus mejores años fueron los primeros, con discos celebrados en Rolling Stone, el cartel del nuevo Dylan bien colgado, y cosas así. Pero al final terminó demostrando ser más el Scott Fitzgerald del rock, y después de drogarse en la costa este, pasó a hacerlo en la oeste. Y finalmente se perdió en Francia. Desde su sede parisina se ha ido reinventando en los últimos años, y no para de editar un disco tras otro, todos muy buenos. Cada vez que su amigo Springsteen pasa por su ciudad lo invita al escenario, y unos años atrás hasta se dignó atender un llamado de un periodista porteño, que nunca publicó la nota en ningún lado (debería desgrabarla y al menos ponerla online, si encuentro el cassette lo hago). Todo un caballero, el sr Murphy, que acaba de editar un disco pequeño y hermoso, que arranca con este tema, ideal para cualquier lunes nublado, o para empezar el Lado B del último Música Cretina, que ya vamos terminando de presentar como corresponde... 

domingo, 18 de mayo de 2014

Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota - "El regreso de Mao"


Con la granada/ entre las tetas/ mi amor se arrastra/ y se espina allá arriba

Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota son el grupo al que más veces debo haber visto en vivo. En el Stud Free Pub, en la Casa Suiza, en Palladium, en Cemento, en todos los reductos donde el permanente deambular porteño de Patricio Rey llevase a sus huestes. Mas que huestes, entonces éramos como un club. Debo haberme enterado de la existencia –y el mito-- del grupo por Las Páginas de Gloria y los escuché por primera vez –recuerdo aquella noche, cuando pasaron un tema del casette que hoy se conoce como el Demo de RCA-- en 9 PM, el mítico programa que conducían Lalo Mir y la Negra Vernacci. Pero mi ingreso al club se lo debo a Alfredo Rosso, que desde su disquería Tabú iba señalando el camino. Siempre había un flyer de los próximos shows pegado en la vidriera. Alguno terminó en casa y aún lo guardo, un par ilustraron primero el libro de los Redondos de AC Editora y después los especiales de La Mano. Un amigo me acompañó a verlos la primera vez (creo que habrá sido al Stud), pero a partir de entonces siempre fui a ver a los Redondos solo, porque sabía que dentro me encontraría con las caras conocidas de siempre. Conocidas del pogo, conocidas de corear los temas que nadie conoce. Como decía el cantito: Somos todos redonditos, redonditos de ricota. Entre el primer disco y Oktubre, debo haber ido a ver casi todos los shows que dieron en capital. También le fui comprando a Rosso todos los cassettes con shows en vivo que ya empezaban a circular por entonces. Ahí estaban los temas habituales del repertorio de entonces que no llegaron al disco, y mis preferidos del show: Mi genio amor y El regreso de Mao. Con el tiempo me enteraría que la música de ambos era obra de Tito Fargo, y aún hoy lamento que nadie los haya versionado como corresponde. En un domingo soleado como este, nada mejor que adelantar el regreso de Mao. Cada vez que escucho aquellos temas de los Redondos, la letra, los cambios de ritmo, hasta el momento de cada solo, se me aparecen desde no se qué recóndito lugar de mi memoria. Ahora están, ahora no están. Es algo mágico. Pero ahora sí están, y suenan a un click de distancia tanto acá como en el Lado A del último Música Cretina, entre Leon Russell y PJ Harvey. Todos cretinos de lujo.

sábado, 17 de mayo de 2014

Música Cretina 2014 #9

ESTO NO ES UN PROGRAMA

10-5-2014

Lado A

“Este amor/ mi único crimen”

1.- Eli Paperboy Reed, Shock to the system
2.- El Orgullo de Mamá, Hormigón armado
3.- Mama Roisin, Story of love and hate
4.- Leon Russell, Fever (Davenport/ Cooley)
5.- Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, El regreso de Mao
6.- P J Harvey, Send his love to me
7.- Jorge Pinchevsky, Fuera de mí

Lado B

“No es justo/ que a un adicto a la piel le duela el alma”

8.- Elliott Murphy, Benedict’s blues
9.- Las Diferencias, Quiero saber
10.- William Onyeabor, Heaven and hell
11.- Tim Maia, Salve nossa senhora
12.- Compañero Asma, Ni frío ni calor
13.- Judy Clay, It ain’t long enough
14.- Fricción, Amar con lástima

viernes, 16 de mayo de 2014

Judy Clay, "It ain’t long enough"


Todo el tiempo que te estuve amando/ no es tiempo suficiente

Un viernes con sol se merece todo. Se merece, por ejemplo, una canción que haga que no te importe que aún no haya comenzado el fin de semana. Se merece ese redoble de batería, claro que sí. Enseguida ese golpe de bajo entrando, y los coritos femeninos anticipándolo todo. Ya llega el llamado, que afirma: Toma toda una vida/ construir un futuro. Y la respuesta del coro, que repite: Futuroooo. Irresistible. Judy Bell –nacida como Judy Guions, en Carolina del Norte-- nunca fue una luminaria del soul, pero sin dudas es un tesoro para conocedores. Como todos y todas, comenzó cantando en una iglesia, pero como pocos y pocas, terminó en las huestes evangelistas y lejos de los escenarios o estudios de grabación. Su decisión la tomó en 1979, cuando ya las mejores posibilidades de su carrera habían pasado de largo. Operada con éxito de un tumor cerebral, cuenta All Music Guide que prometió nunca más volver a cantar fuera de los ámbitos religiosos, e incluso en 1990 se convirtió en evangelista. A pesar de tantas precauciones, murió luego de un accidente de auto, en 2001. Tenía sólo 62 años. Este temazo es ya del arco final del mejor momento de su carrera, que comercialmente nunca estuvo a la altura de sus logros artísticos. Fue el último de sus apenas seis simples como solista para Stax, es de 1969 y lo firman Isaac Hayes y David Porter. Y sabe cómo sonar fresco y vital un viernes de sol 45 años más tarde. Así suena, también casi al final del Lado B del Música Cretina de esta semana que ya se va. Pero aún sigue sonando.