Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.

Idea, conducción y textos: Martín Pérez

musicacretina@gmail.com

domingo, 15 de mayo de 2016

Hindu Love Gods, "Raspberry beret" (Prince)


Estaba ocupado haciendo algo cercano a la nada/ pero diferente que el dia anterior 

Domingo lluvioso, bien para quedarse en casa, dejando sonar --¿por qué no?-- Música Cretina. Y el que lo deje sonar hasta el final, descubrirá la cereza sobre la torta-despedida del genio de Minneapolis, este sorprendente cover del encantador Raspberry Beret. Ella tenía puesta una boina color frutilla/ de las que se encuentran en una tienda de segunda mano, canta Warren Zevon, al frente de los Hindu Love Gods, que son nada menos que REM, menos Michael Stipe. Según cuenta la leyenda, el disco se grabó en 1987, durante las sesiones de Sentimental Hygene, el gran disco de regreso de Warren, en el que semejante plantel aparece como su banda de acompañamiento. Zevon y los REM se conocieron mucho tiempo antes, via Andrew Slater, manager de Zevon durante 8 años, y compañero de universidad de Peter Buck. Así fue como Warren se sumó muy temprano a los Hindu Love Gods, que funcionaba como banda paralela/ broma privada de los REM, nacida en algún hueco de la agenda del grupo, durante la primera mitad de los 80, y que Zevon empezó a utilizar como refugio en sus sucesivas recaidas de la fama o de rehab. Lo que finalmente se terminó editando como un disco hecho y derecho, fue en realidad apenas una improvisacion de borrachos --salvo Warren, que por entonces estaba limpio-- que descubren que el trabajo ha terminado y tienen un estudio a disposición. Y así quedó archivado. Pero cuando, tres años mas tarde, el ambicioso nuevo disco de Zevon ya había demostrado ser un sonoro fracaso --merecido, ya que con Transverse City borró con el codo todo que había escrito, y muy bien, Sentimental Hygene--, sello o management debe haber pensado que se podían compensar las perdidas desempolvando aquellas cintas grabadas junto a tres cuartas partes de un grupo que ya no era indie, sino que había firmado un contrato millonario con Warner. Robert Johnson, Willie Dixon y Muddy Waters son la base blusera de un repertorio grabado sin ningún ensayo previo --"Warren decía en qué tono era el tema y arrancabamos", contó alguna vez Bill Berry-- y de primera o segunda toma, entre el que resalta con luz propia la versión rocker del tema de Prince, que acompaña muy bien la lluvia de un domingo que merece una boina color frutilla. Y también Música Cretina para todos.

viernes, 13 de mayo de 2016

Christina Rosenvinge, "La absoluta nada"


No es la eterna adolescencia/ no es el tiempo ese cabrón

Como Nicole Kidman tocando al frente de los Pretenders. Así fue como conocí a aquella larguísima Christina Rosenvinge rockeando enfundada en sus pantalones de cuero. Todo gracias a MTV Latino, ese sueño rocker bolivariano hecho realidad en los 90, al menos hasta que sus responsables se dieron cuenta que no era negocio hacerle escuchar la misma música a toda Latinoamérica unida, y se vieron obligados a segmentar la señal. El tema de ese primer video era tan irresistible como ella, se llamaba Pálido, y tenía un innegable parecido con el sonido del grupo de Chrissie Hynde. Creo que alguna vez Christina me confesó incluso que el tema era mas lento, y bromearon durante la grabación con su productor Steve Jordan haciéndolo al estilo Pretenders, con ella imitando el fraseo de la Hynde, y al final así fue como quedó. Aunque vengo de una epoca en la que entre los periodistas del rock no era muy bien visto celebrar cantantes de rock femeninas, y mucho menos en castellano, siempre defendí a capa y espada ese segundo disco de Christina y Los Subterráneos, y cuando mas femenina la canción, mucho mejor. Mi preferida, de hecho, no es Pálido, sino Días grandes de Teresa, el tema varias veces Cretino de aquel Mi pequeño animal. Christina nunca se lo hizo fácil a nadie dentro del mundo musical, hay que decirlo. Cuando abrazó por primera vez un sonido mas rocker, por ejemplo, pasando de ser parte de Alex & Christina a estar al frente de Los Subterráneos, su incrédula discográfica le fue soltando la mano, y al mismo tiempo el publico mas rocker tampoco creyó demasiado en ese cambio. Y los indies españoles tardaron en perdonarle el colmo de que Lee Ranaldo se fijase en ella y no cualquier otro grupo o solista a la hora de producir un disco. Esa fue la época en que la entrevisté, en Madrid, junto a Ray Loriga, su pareja durante mucho tiempo. La volví a ver recien hace unos pocos años, cuando pasó por Buenos Aires para tocar en el Samsung, ya en esta última etapa de su carrera, después de haber sido indie junto a Lee Ranaldo y cantado en inglés, haberse separado algo estrepitosamente de Ray y grabado junto a Nacho Vegas, volviendo a cantar en español. Y siendo ahora una diva extraña, tan flaca y palida que parece transparente, y al mismo tiempo contundente canción a canción. Desde su separación, sus canciones huelen a sexo en todas sus formas, tanto frágil y confesional como desafachatado y atrevido, pero siempre guardando las formas, como escondiendo la daga antes de dar el estiletazo. Este La absoluta nada es de Lo nuestro, su último disco, del año pasado, que la muestra en plena forma. No es el hambre, ni el deseo/ Ni el enésimo pataleo/ No es el fin del sueño europeo/ Lo que hizo esta canción, explica la rubia de ascendencia danesa, alta y transparente, yendo hacia la nada, o viniendo de, en este mediodía de viernes, tan cerca del fin de semana. Y tambien es posible encontrarla casi al final del Lado A de un Música Cretina que se puede dejar sonar enterito, tomando envión hacia una noche bien merecida. Como todas, claro.

jueves, 12 de mayo de 2016

Darren Hayman, "When you're lonely, don't be"


Me estoy volviendo viejo/ ¿Por qué simplemente no nos quedamos en esta edad?/ Con pequeños dolores y la cantidad exacta de gris

Después de una mañana de café con leche y hornallas encendidas leyendo diarios en la cocina, llega el momento de Darren Hayman. Sí, mejor hacer play y escucharlo, en vez de tararearlo tontamente sin parar como vengo haciendo desde hace ya varias semanas, incluso antes de encontrarle un lugar en el último Música Cretina. Leo en su site que el buen Darren ya lleva 15 años de carrera, y me doy cuenta que yo me subí a su tren casi en el comienzo, cuando apareció al frente de un grupo llamado Hefner. De hecho, para mi Darren en realidad es Hefner, ya que como solista creo que nunca regresó a la altura de discos como Breaking God's Heart, el debut, o esa obra maestra que es el segundo, The Fidelity Wars, con sus himnos al cigarrillo y el alcohol. Aprendiz de Billy Bragg, no se por qué Hayman siempre me pareció que era un Morrissey con sexo, y del heterosexual. Pero ahora me doy cuenta que eso significa, ni mas ni menos, ser un Ray Davies. Es el viaje en el que estaba embarcado Hayman recientemente, editando discos conceptuales sobre Essex, hasta que a fines del año pasado apareció Florence, cuyo título obedece simplemente a la ciudad italiana donde lo grabó, solo y de manera bien casera, en el cuarto de unos amigos que lo hospedaron. Sin concepto al que seguir, es un disco en el que regresa sobre los tópicos a través de los que lo conocí, chicas y amores, ya sin cigarrillo y alcohol entre sus celebraciones. Se ve que ya estamos grandes. Al tiempo que celebran esta nueva ligereza y casi indulgencia, leo por ahí que Florence parece lleno de canciones que prometen, pero sus promesas parecen no ser concretadas plenamente, y algo de eso hay. No son esbozos de canciones, pero a todas parece faltarles un golpe de horno. No alcanza con títulos como Monjas dirigiendo la farmacia o ¿No te dije que no te enamores de él? Por alguna razón es que me quedé para el no-programa con la canción con el título menos ingenioso, casi de autoayuda, pero con una melodía irresistible. Congelemos el presente, pausemos la imagen/ no cambies nunca jamás/ te juro con sangre que seguiré igual, ruega y promete Hayman, y después tarareamos todos, por supuesto que si. Está a un play de distancia de sonar en el frío sol de este jueves, y también se la puede buscar casi al final del Lado A de un Música Cretina que sigue siendo nuevo, y todavía merece estrenarse.

martes, 10 de mayo de 2016

Robert Forster, "Songwriters on the run"


Y tenían sus canciones para cantar/ y no tenían tiempo que perder

A pesar de que cuando me preguntan qué estilo de musica me gusta suelo contestar que lo que me gustan son las canciones, tengo que confesar que nunca fui fan de unos consumados autores de justamente esa materia prima como los australianos The Go-Betweens. De hecho, el unico disco de ellos que realmente conozco es apenas el mas famoso, 16 Lovers Lane, y ni siquiera en su versión oficial, sino que en una versión demo que compré --si mal no recuerdo-- en alguna revista y que es uno de los tesoros menores de mi discoteca. Por la misma razon, jamás seguí demasiado de cerca la carrera solista de sus integrantes, Grant McLennan y Robert Forster, el primero considerado el McCartney del dúo, melodista y optimista, ante ese Lennon que siempre fue considerado el segundo. Separados durante los 90, con el cambio de siglo dúo volvio a reunirse, hasta el sorpresivo fallecimiento de McLennan. Y sucede que, si dentro del rock todos los grupos felices pueden ser ignorados por quienes no los conocen o creen que lo hacen, cuando llegan esos momentos de infelicidad que cada grupo o sus restos atraviesan como pueden es imposible no quedarse mirando, como quien pasa cerca de un accidente. A pesar del innegable atractivo del título del primer disco solista de Forster después del triste fin de la reunión con su amigo de toda la vida, The evangelist, empecé a prestarle especial atencion recién cuando conseguí el libro que compila sus artículos periodísticos. Especialmente por sus 10 reglas del rock'n'roll, lista que titula su libro, y que tiene items como: "Ningún grupo hace nada nuevo sobre el escenario después de los primeros 20 minutos", "La banda con la mayor cantidad de tatuajes tiene las peores canciones" o "Los grandes grupos no tienen miembros haciendo discos solistas". La última de esas reglas es casi una confesión: "La banda de tres integrantes es la forma mas pura de la expresión del rock'n'roll". Y así es como suena --puro y rocker-- su último disco, el arrebatador Songs to play, que musicalizó mi fin de año, y fue especialmente la banda de sonido de un lluvioso y eterno viaje en micro de regreso a casa. Y esa huida que es todo regreso terminó siendo encarnado por estos cantautores que esgrimen sus canciones como crímenes, y que protagonizan esta perla de Songs to play, que brilla en la mitad del Lado B de un no-programa que todavía tiene muchos tesoros por descubrir. Y ya no tiene tiempo para perder.

martes, 3 de mayo de 2016

Dan Stuart with Twin Tones, "All over you"


¿Tu sueño se hizo realidad?/ Estoy prestándote atención

Así como hay un nuevo día de mayo, también hay un nuevo Música Cretina. Ayer lunes les conté que el no-programa arranca con Prince (y también termina homenajeándolo de una manera muy particular, deberán hacer play hasta el final para descubrir cómo), así que hoy martes toca compartir el otro comienzo, el del Lado B. Vengo ordenado y casi programático, como pueden ver. Pero vayamos al responsable de abrir el nuevo telón, un tipo que reconozco haber tenido totalmente olvidado. Se trata de Dan Stuart, que supo ser la voz cantante de Green On Red, tal vez el grupo más postergado del llamado Nuevo Rock Americano de los '80. Postergado porque en su momento los Green On Red fueron los pioneros de un movimiento que apareció entonces como una isla de guitarras en un océano de sintetizadores, pero con el tiempo cayó como grupo irremediablemente en el olvido y la intrascendencia. La puerta hacia la indulgencia musical que resultó ser la era del download me puso sobre la pista de la carrera de Chuck Prophet, su guitarrista, algo que celebro porque en el último tiempo la ha venido rompiendo, sacando discos extraordinarios, muy Cretinos todos ellos. Pero confieso que sus brillos me hicieron dejar de lado al resto de los integrantes de Green On Red, como Dan Stuart, nada menos que su cantante. Ayudó el hecho de que --leo en la biografía que acompaña el lanzamiento de su flamante Marlowe's revenge-- Stuart dejó de lado la música, abandonó Nueva York en la segunda mitad de los 90 y se instaló en Oaxaca, y recién una década y media mas tarde reapareció con un disco y un libro, The deliverance of Marlowe Billings (2012). Según parece, el tal Marlowe es un alter ego o personaje creado por Stuart, y este segundo disco solista vendría ser el de su revancha. Stuart lo grabó con un grupo de la capital de Mexico, donde vive actualmente, integrado por naturales del lugar y bautizado como Twin Tones, que cuando se los cruzó se dedicaban a hacer un surf instrumental pleno de guiños ital-mex. Por ahí hay un bandcamp donde se puede escuchar --y comprar-- el disco, pero en YouTube sólo encontré esta deliciosa versión acústica de su contagioso primer tema, que es como debe haber sonado originalmente, en los demos que Stuart grabó en Oaxaca, antes de mudarse a la capital, a tentar su destino musical. Ah, y la traducción literal del segundo verso del estribillo que funciona como epigrafe de estas líneas, sería Estoy encima tuyo. Pero me tomé la libertad de anclar un poco más el significado, sepan disculpar. Y elegir su versión preferida. Los Cretinos somos así. Te compre un cucurucho de chocolate/ pero tenés que atender el teléfono/ ahora depende de vos arranca el tema del ex Green On Red, actual encarnación de Marlowe, y también apertura del Lado B de un flamante Música Cretina dispuesto a legislar sobre nuestra felicidad, que bien nos la merecemos, y no hay cinismo presidencial que valga.    

lunes, 2 de mayo de 2016

Prince, "The truth"


Si la mitad de las cosas alguna vez dichas/ resultaran ser una mentira/ ¿Cómo sabrías la verdad?

Buenos dias lunes, buenos días semana, buenos días mes de mayo. Acá estamos otra vez con musiquita, eso que no importa, minucias que palidecen ante lo importante. Pero mientras lo importante siga siendo tan poco importante, al menos siempre habrá un nuevo Musica Cretina para compensar, y el que inaugura mayo arranca con el tema que Prince eligió a su vez para comenzar The Truth --"La verdad", ni mas ni menos--, un disco que regaló como bonus del triple Crystal Ball. Y desde su primer verso nos anuncia que la verdad nunca es tan clara --ni tan verdad-- como parece. La única verdad es la realidad, se dijo siempre por ahí, y la realidad es que Prince la rompe durante todo The Truth, un disco casi acústico, donde aparece despojado, y demuestra el pedazo de músico que fue. Editado en 1998, Crystal Ball fue el segundo triple consecutivo de un Prince que se había emancipado, se había liberado de su contrato con Warner, y estaba abriendo las puertas de legendaria bóveda. Por un rato, al menos. Justo entonces, después de dos triples dos, fue que se escondió (o pudo asomar, depende de cómo elijamos verlo) semejante discazo, injustamente ignorado. Escucharlo en estos días de repasar las noticias que hablaban de su vida y de su muerte, fue una liberación. Y por eso abre este Música Cretina que casi se podría decir que es en su honor. Lei por ahí, creo que en la respetada biografía de Matt Thorne sobre Prince, que al escuchar The Truth --que tuvo su arte de tapa listo como para salir por las suyas, no escondido en Crystal Ball-- junto con otros temas acústicos que dejó afuera, que tiraban mas para el lado del blues, un allegado le dijo que tenía que sacar un disco así, de puro blues. La respuesta de Prince fue que podia ser, pero que lo haría sólo cuando tuviese la edad para hacerlo. Para Prince el blues era música para el final de una vida, para la vejez, para el ocaso. Pero realmente es a partir de temas como estos que se puede volver a pensar en Prince, reconstruir la idea que uno podía tener de él, darse cuenta que era un musico con todas las letras, que era un portento: extraordinario cantante, instrumentista virtuoso, gran compositor, melodista imaginatico, letrista talentoso, productor extraordinario. Difícil encontrar otro que le llegue a los talones, ni siquiera a esos taquitos que usaba todo el tiempo. Brindemos por él, entonces. Redescubrámoslo, pensemos en otras formas de acercarnos a su música, que escapen del disco a disco, de las obviedades que nos hemos acostumbrado a leer, a pensar incluso, sobre él. Brindo por vos, Prince, en esta mañana de lunes que por ahora sólo es de café con leche, Cretino eterno, no somos dignos. Y, si, todo el mundo tiene derecho a decir la verdad. Y, también, todo el mundo tiene derecho a mentir.

viernes, 15 de abril de 2016

Andre Williams, "Put that skillet away"


Cuando vuelvo a casa no huelo ningún pollo friéndose/ pero, nena, estás con la sartén en la mano/ ¿qué estás pensando?

Algo así como el cazador cazado. Esa es la fábula de esta fascinante bola de ritmo y rock'n'roll en la voz de otro cazador cazado como Andre Williams, el último gran borracho empedernido del viejo rhythm'n'blues aún en actividad. Aunque, ¿lo seguirá estando? Estuve fuera toda la noche, e incluso tal vez toda la semana/ Sé que parece lápiz de labios, pero eso es sangre en mi mejilla, va farfullando excusas imposibles el cantante, pero la mujer no parece dispuesta a darle ni una oportunidad. De ahí el título del tema, traducible como: "Dejá a un lado esa sartén". Algunas de las viejas canciones del rhythm'n'blues son como chistes de Verdaguer, con la ventaja que no hace falta reirse al final de escucharlos una y otra vez, sino simplemente seguir el ritmo entre la mugre que exudan. Y sí que chorrea mugre de cada tema que interpreta el viejo Andre, un sobreviviente de otros tiempos, algo así como el hermano sin calavera y de traje blanco --al menos así luce en la portada de Bait and switch, el disco para el que hizo propio este tema-- del aún mas mugriento Screamin' Jay Hawkins. Esto que ya nadie llama ciberespacio sino internet tiene su sincronía, y leo en un post de Fabián Jolivet que Andre Williams supo tener la dudosa fama de siempre evitar a los músicos después de cada show, huyendo con el dinero hacia el dealer mas cercano. Lo primero que me celebró Andrés Calamaro al ver la lista de temas del último no-programa fue justamente la aparición de Williams, que tiene cierta fama en Europa donde suele hacer giras regularmente, con bandas puestas a su servicio que lo esperan en cada destino. Calamaro lo conoce, además, porque Williams también se ha sumado al ejército justiciero que ha ido convocando la cruzada musical de Jolivet, cuyo tema mas difundido ha sido una suerte de rap interpretado por este Moris crepuscular, pero hay mas nombres fascinantes --cretinos todos-- en esa particular peregrinación online liderada por el baterista, productor y activista argentino radicado en Los Angeles. Pero volvamos a Williams, que por estos pagos es poco menos que un ilustre desconocido. Puede serlo tranquilamente, su nombre es apenas una nota al pie de la historia del blues y el rock'n'roll. ¡Pero qué nota al pie! Supe de su existencia cuando salió este Bait and switch, y una reseña en la Pulse intentaba hacerle honor a un disco en el que cada tema es un tesoro. Contrabandeado y falso, como corresponde. Ronnie Spector canta con Andre un tema de Ike Turner, hay himnos como Detroit-Michigan y hasta lamentos despojados como Soul brother in heaven and hell, que en su momento lo hicimos sonar insistentemente en Lo Que Más Me Gusta Hacer, en Supernova. Según recuerdo haber leido entonces, Williams fue construyendo su fama durante los 50 y 60, pero termino víctima de sus adicciones, llegando a mendigar y vivir en las calles de Detroit durante los 80. Para cuando apareció este Bait and switch en el 2001, el tipo ya había vuelto en forma, gracias a la mano que le dio el grupo canadiense The Sadies, y desde entonces ha estado en activo, sacando discos cada tanto e incluso ha publicado un libro, que no dejo de buscarlo pero se me escapa. Le he seguido con ganas la pista gracias a internet, pero siempre termino regresando al unico disco que tengo de él en mi discoteca, de donde siempre sale una nueva gema, como este Put that skillet away, que firman Bill Peitsch y Jon "Sugarboy" Chalmers. Me acabo de enterar gracias a google que la dupla tenía un grupo llamado The Church Keys, que apenas deje de entretenerme tipeando esto no voy a parar hasta encontrar algún disco de ellos. Internet es un camino de ida, en donde hay mil rutas que salen de Roma y una de ellas me lleva hasta un página en la que se comenta que el baterista y cantante Peitsch era el tipo que, cuando faltaban cinco minutos para el recital y Williams no aparecía, mágicamente sabía cómo encontrarlo y ponerle los dientes postizos en su lugar para que el show pueda empezar. Supongo que debe haber mucho más ahí para husmear, pero ya es hora de poner play, dejar sonar la música, y que la sartén vuelva a amenazar la cabeza del cantante. O sino esperar pacientemente hasta llegar al final del Lado B del último Música Cretina, cuando después de Mi Amigo Invencible aparezca la voz del gran Andre, haciendo que la lluvia deje de ser melancólica y adquiera también algo de su gracia y su mugre rocker.