martes, 12 de marzo de 2024

Adiós Jumbo

Uno de los mejores monólogos de la disquería Tabú era el de los animales en las tapas de discos que anunciaban: “¡Garompa!” No recuerdo cuántas veces presencié el despliegue de Alfredo Rosso, recorriendo las bateas señalando, revolviendo y exhibiendo aquellas portadas que, según aseguraba, confesaban de esa manera su verdadero contenido. Resultaba tan convincente y tan divertida su argumentación que se extendía hasta que más de un disco ingresaba injustamente en la lista, como el del burro de una banda llamada Timbuk 3, cuyo Lado A comenzaba con un tema cuyo título hacía que te lo llevases a tu casa sin necesidad de escucharlo antes, a pesar de cualquier posible garompismo: El futuro es tan brillante que necesito usar anteojos oscuros. Desde este futuro que brilla tanto que pronto ni los lentes oscuros nos salvarán de la condena de vagar ciegos por este infierno, la noticia de la muerte de Karl Wallinger me trae desde el pozo de la memoria la hermosa portada de su segundo disco como World Party, cuyo título bien podría titular también esta triste novedad: Goodbye Jumbo. Obviamente que aquella tapa lleva la foto de un elefante, aunque en realidad sea apenas un disfraz de puras orejas enormes y una máscara de gas como trompa. Teniendo en cuenta que Wallinger se destacaba por ser un multinstrumentista, y había grabado casi en soledad el debut de su grupo, encargándose de tocarlo y cantarlo todo, no me sorprenderia que sea quien está detrás de esa elaborada máscara apocalíptica que preside la portada de su sucesor. No recuerdo si la tapa de Adiós Jumbo formaba parte del coro que gritaba desde las bateas de Tabú, pero sí tengo en claro que ese disco --que de garompa no tiene nada-- forma parte de la banda de sonido de mis años formativos como hombre de radio y periodista de rock. Que transcurrieron, en la bisagra entre fines de los 80 y comienzos de los 90, principalmente en los refugios que descubría para escaparme tanto de mis estudios como de mis trabajos: la disquería de Rosso, las trasnoches de Piso 93 o la discoteca de FM 100. No se a cual de todos esos ámbitos que siempre evoco con cariño le debo el recuerdo del buen galés Wallinger, que se nos fue el domingo, con apenas 66 años. Repasando la noticia, descubro que había formado parte de los mejores años de The Waterboys, especialmente del disco que contiene el tema que convirtió a Mike Scott en una figura mundial, The Whole of the Moon. Ahora que lo pienso, Wallinger debe formar parte de muchos de los temas incluidos en la flamante 1985, una caja de seis discos que repasa esos años triunfales de The Waterboys, llena de demos, outtakes, versiones diversas y grabaciones en vivo. Había entrado al grupo como tecladista, pero sus dotes de multinstrumentista fueron rápidamente apreciadas por Scott, que le fue dando cada vez mas lugar, hasta que irremediablemente chocaron y Wallinger armó su propio grupo, con el que consiguió un hit inesperado con aquel primer disco como World Party, Private Revolution, lo que le permitió construir una carrera. Leo por ahí que trabajó en esa pesadilla de producción que fue el disco debut de Sinead O’Connor, y la cosa debe haber terminado bien, ya que Sinead aparece como invitada en los dos primeros discos de su grupo, y sigo leyendo y descubro que con el cambio de siglo Wallinger casi la queda por un aneurisma. Le salvó la vida que Robbie Williams poco antes había hecho un cover de su balada She’s The One, el segundo mega hit de la carrera de Robbie, lo que le permitió pagarse todos los cuidados médicos para volver al ruedo. Parece que hace rato andaba en eso Wallinger, que a lo Troilo siempre andaba volviendo, cuando este domingo se supo que había abandonado el edificio. El primero en despedirlo en las redes, como no podía ser de otra manera, fue Mike Scott: “Buen viaje, mi viejo amigo. Fuiste uno de los mejores músicos que llegué a conocer”. En este martes nublado y lluvioso, no hay nada mejor que hacer que dejar que suenen aquellos temas que anduvieron un poco perdidos, es cierto, pero nunca fueron olvidados. Es la mejor manera de decirle adiós a Jumbo, y que lo mejor de aquellos '90, lo más personal, lo que es nuestro y nada más, vuelva a hacerse presente mientras nos ajustamos unos cada vez más indispensables lentes oscuros. Es que esto brilla cada vez más, no hay caso.

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