miércoles, 4 de septiembre de 2019

Música Cretina 2019 #8

ESTO NO ES UN PROGRAMA

22-8-2019

Lado A

“Hoy todo está empeorando/ por favor mandame chocolates”

1.- Wild Beasts, Big cat
2.- Ruzzi c/Natalia Lafourcade, Mudanza
3.- Eddy de Pretto, Desmurs
4.- Marianne Faithfull, Loneliest person
5.- Chuck Prophet, Post-war cinematic dead man blues
6.- Pablo Dacal, Realmente (Don Cornelio)
7.- Lee Moses, Bad girl
8.- Antolín, Nostalgia del futuro

Lado B

“Aquí entre las nubes/ yo juego a mi mundo”

9.- Roddy Frame, Back to the one
10.- La Costa Brava, Nadie sabía que ya estaba muerto
11.- Robert Plant, Season’s song
12.- Juan Wauters, El hombre de la calle (Jaime Roos)
13.- Hirut Bekele, Almokerkum Nebere
14.- Prince, Manic Monday (The Bangles)
15.- Peter Perrett, The power is in you
16.- Gigio y Los Inquilinos del Tiempo c/Mimi Maura, Atolón

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martes, 3 de septiembre de 2019

Hirut Bekele, "Almokerkum Nebere"

No se si puedo presentarles como corresponde a la señora de la foto, porque apenas si alcanzo a saber su historia. Conozco su nombre, eso sí: se llama Hirut Bekele, y es una de las grandes divas de lo que hoy se conoce como Ethio-jazz. Su voz inconfundible suena promediando el Lado B del que aún sigue siendo el último Música Cretina, cantando en amhárico, el idioma oficial de Etiopía, un país que durante el reinado de Haile Sellassie, a fines de los 60 y comienzos de los 70, supo tener una activa escena musical en la que la tradición local se mezcló con la del jazz, soul y rhythm’n’blues que —según leo por ahí— sonaba desde la radio de la base militar norteamericana instalada en Eritrea. Todo eso se terminó en 1974 gracias a un golpe de estado pro-soviético que durante una década y media instaló un toque de queda en Addis Abeba, la capital, con lo que su escena musical —entre tantas otras cosas— dejó de existir. Pero muchos de los viejos simples, cassettes y discos que testimonian aquella época han sido largamente rescatados en compilaciones varias, entre las que destaca claramente la serie Ethiopiques, que el sello francés Buda Musique comenzó a editar en 1997 y que ya lleva 30 volúmenes. Tal vez el más famoso sea el volumen 4, dedicado a la música de Mulatu Astatke, de donde sacó Jim Jarmusch la banda de sonido de su película Broken Flowers. Pero aunque fue el volumen 3 de esa serie el que rescató por primera vez dos décadas atrás el tema de Hirut Bekele que suena en este no-programa, titulado Almokerkum Nebere, confieso que yo lo descubrí en un compilado mucho más reciente, editado apenas del año pasado, titulado Taitu: Soul Fueled Stompers From 1960s-1970s Ethiopía. Su responsable es un DJ libanés, oriundo de Beirut, llamado Ernesto Chahoud, hijo de una familia militante y comunista, que ganó su nombre, obviamente, en honor al Che Guevara. En la biografía que acompaña la edición de su compilación, Chahoud confiesa que fue un simple de Bekele que consiguió en el mercado de pulgas de Beirut el que despertó su fanatismo por la escena del Ethio-jazz. Tardó diez años, cuenta, en cumplir su sueño de viajar a Etiopía para revolver los mercados de segunda mano buscando completar su colección, pero dice que la espera valió la pena. O al menos valió la antología desde la que suena el tema de doña Bekele incluído en un Música Cretina que merece sonar en este frío sol de un martes de esto que ya es septiembre, un mes que es tan cruel como el abril de Eliot, porque promete primavera pero hasta ahora sólo tiene invierno para darnos.

jueves, 29 de agosto de 2019

Peter Perrett, "The power is in you"


Va a ser así otra vez/ vamos a ver nuevamente esos tiempos

El que canta estos versos de llama Peter Perrett, y aunque en este jueves aún nublado después de la tormenta pueden sonar ominosos, en realidad forman parte de una canción llena de esperanza, en la que el ex líder de The Only Ones recuerda los días en que el futuro era claro y brillante, y las campanas sonaban por la libertad. Bueno, es verdad, a la luz de este verso Parrett se acerca peligrosamente a Carrió, pero tampoco se trata de eso. Mas que nada porque supongo que Lilita andará escuchando otras cosas. Por mi parte vengo escuchando este tema desde que lo descubrí en Humanworld, el segundo disco de Perrett desde su regreso de las tierras del olvido, y no deja de sonar y sonar en mi cabeza. Lo tarareo cuando pedaleo por Buenos Aires, y siempre logra ponerme de buen humor. Y recién ahora, buscando un verso para reproducir para empezar estas líneas, me doy cuenta que es un tema justo para este jueves reperfilado. Un tema que recuerda los días de esperanza, aquellos días balsámicos, el verano de paz y amor, con los chicos en las calles por la libertad. Eso es lo que canta Parrett que va a volver a ser, eso es lo que vamos a volver a ver, y las cuerdas —y los guitarrazos a lo Townshend— hacen que le crea, que durante el tiempo que dura el tema todo eso pueda ser posible, qué digo “pueda”, directamente sea posible, está acá, lo tengo en mis manos. Así de mágica es esta canción de Parrett, un personaje extraño dentro del rock británico actual, que al frente de The Only Ones leo por ahí que pudo haber sido el eslabón perdido entre el punk y la new wave que vino después, pero mas que estabón terminó simplemente perdiéndose, desapareciendo de escena hasta que un par de años atrás regresó con un disco titulado How the west was won. En las entrevistas que se pueden leer por ahi, el buen Peter confiesa que se pasó décadas sin salir de su casa, años sin salir directamente de su cama y mucho menos agarrar una guitarra, y que el que lo rescató fue Warren Ellis, cuando reunió a The Only Ones para tocar en el festival All Tomorrow Parties del 2007. Aunque Perrett recuerda que no estaba particularmente en forma por esos días, aquella fue la primera chispa que lo devolvió a la guitarra primero, y luego a las canciones. Humanworld es un disco de rock claramente humano, celebrado por la prensa musical anglosajona, y el delicioso The power is in you es claramente un tema que habla de la realidad post brexit británica, pero también es una referencia a los años oscuros —y el renovado presente— de un músico que lloró la muerte de Fidel Castro, lo que le valió más de una pelea online. “Vivimos en tiempo interesantes, pero hay que mantener el sentido del humor, aunque sea un humor bien negro”, ha dicho Perrett, que suena con su tema casi al final del último Música Cretina, un no-programa ideal para estos tiempos —perdón por la obviedad— tan cretinos. Como dice el amigo Peter, son tiempos para llorar o reír, y siempre es mejor reírse con ganas. Como en esa frase de Moby Dick que supe convertir en sticker durante mi adolescencia: “No sé todo lo que pueda venir, pero iré hacia eso riendo”. O como canta (y se canta, claro) Peter Perrett: llegaste hasta acá contra todas las posibilidades/ el poder está en vos.

lunes, 26 de agosto de 2019

Lee Moses, "Bad girl"

Lo que mi corazón siente/ mis labios lo deben confesar

Se los presento: el tipo de la foto se llama Lee Moses, y si la foto no les gusta, lo siento, porque creo que es la única que existe. De hecho, aparece en la portada de los únicos dos discos suyos que se han recuperado: el único que editó en su momento, Time and place, y un compilado que reúne sus simples perdidos, entre ellos la perla de la que salen los versos que comienzan estas líneas. Se llama Bad girl, y suena casi al final del Lado A de un Música Cretina que aún podemos considerar como nuevo, así que los invito a hacer play y dejar correr esta mañana de lunes hasta que se den de lleno con el tema de Moses, y los intoxique su groove, su contagioso entusiasmo mezclado con melancolía e incluso podríamos decir desesperación. Bad girl es un tema irresistible y memorable, tanto que cuando la gente del sello dedicado a las reediciones Light In The Attic rescató hace un par de años Time and place, el único larga duración que editó Moses mientras su carrera aún tenía atisbos de poder efectivamente ser algo parecido a eso, los buscadores de su música en vez de agradecer el esfuerzo sólo preguntaban por qué no estaba incluido Bad girl. La consideran una chica mala/ sólo porque quiere ser libre, canta un Moses con el corazón en la mano, que es como siempre canta en todas sus grabaciones, donde también se destaca su sonido bien crudo de guitarra. Nacido y criado en Atlanta, Georgia, la llamada Motown del Sur, el buen Lee compartió escenarios en su ciudad natal con su contemporánea Gladys Knight, y cuando fue a probar suerte a Nueva York —entonces fue cuando grabó ese único disco— supo compartir bandas con otro contemporáneo, Jimi Hendrix, antes de su salto a la fama. De hecho, dicen los que saben que Moses aparece en el álbum Moods, uno de los tantos descarados piratas que salieron intentando capitalizar la fama del mítico guitarrista, en este caso rescatando viejas cintas de mucho antes de que Jimi se convirtiera en Hendrix. Moses, en cambio, nunca dejó de ser Lee, y los pocos datos de lo que nunca llegó a ser una carrera —algunos simples y un disco, ninguno de ellos exitosos en su momento— escasean luego de que arroja la toalla, deja Nueva York y se vuelve a Atlanta. Se sabe que siguió tocando ocasionalmente, y también que murió a mediados de los 90, pero poco más. Lo que también se sabe es que sus discos fueron rescatados por los coleccionistas del llamado Deep Soul, convirtiéndose con el tiempo en una figura de culto, a la manera de Baby Huey, que con un sólo disco perdido con el tiempo se convirtió en mito. Claro que el disco de Baby Huey fue póstumo, mientras que Lee Moses sobrevivió dos décadas en el olvido —y el limbo de la adicción— hasta que empezaron a reconocer su música luego de su muerte. Es posible, incluso, que aquellos discos perdidos hayan comenzado a ser rescatados cuando él seguía olvidado en las calles de Atlanta, de alguna manera muerto en vida. Nunca la dejaré sola/ no me importa si la llaman mala, canta Moses en esa canción que lo mantiene vivo y en el pico de su gloria, incluida finalmente en una compilación de simples y rarezas titulada How much longer must I wait?, o sea ¿Cuánto más debo esperar? No tenés que esperar nada más, Moses. Sos un Cretino honorario ahora mismo y para siempre, te lo aseguro. Y cada vez que suena la batería con la que arranca Bad girl haces que todxs nos sintamos, mal que le pese al lunes, un poco más vivxs.

domingo, 25 de agosto de 2019

Ruzzi c/Natalia Lafourcade, "Mudanza"


Voy a intentar llevarme/ sólo lo que necesito

Sale el sol, es domingo, y hay un nuevo Música Cretina que ya suena sin que aún hayamos hablado algo del asunto. Así que hablemos nomás. Hablemos de Marian Ruzzi, por ejemplo, la nueva promesa musical mexicana, como alcanzo a leer por ahí. Nativa de Chihuahua, flanqueada en su flamante álbum debut por Meme del Real, Natalia Lafourcade o Javiera Mena, entre otros, Ruzzi cambió su ciudad natal por el DF buscando una beca que le abriese las puertas de Berklee. Lo que encontró fue un lugar como tecladista y acordeonista en la banda de Julieta Venegas, una universidad musical en sí misma, que fue alternando con períodos en la legendaria casa de estudios de Boston. Luego saldría de gira con León Larregui, el cantante de Zoe, y también con Café Tacuba, pero cuando después de grabar los bajos en un disco de Lafourcade recibió la lógica invitación a sumarse a la gira presentación, decidió que era el turno de dedicarse a ese disco debut que venía postergando, y se concentró en Nave espacial, el demorado trabajo con el que finalmente se presenta en sociedad, y muy bien acompañada. El tema que suena casi al comienzo de este nuevo no-programa se llama Mudanza, y es el que cierra el álbum. Marian dice que fue uno de los últimos que alcanzó a componer para un disco que destila amores y desamores, y si lo cierra es porque su sonido despojado está bien a tono con el espíritu de aceptación de sus versos. Compuesto y cantado junto a Natalia Lafourcade (que aportó el verso Tal vez extrañaré/La margarita, el sol y el mezcal), al menos a mí me sirvió como puerta de entrada a la música de esta cantante y compositora chihuahuense amiga de mis amigos, pero que hasta aquí aún no tenía presente. Ahora que lo pienso, tal vez me la hayan presentado el año pasado Joselo y Quique en el backstage del Colón, cuando tocaron allí con Tacuba. Fue tan al pasar que no lo recuerdo, pero convengamos que no es ajena Ruzzi a Buenos Aires: leo también que estuvo por aquí componiendo canciones con Rosario Ortega, y terminó grabando demos con Ale Sergi de Miranda. Caótico cantar/ que me acompaña al caminar/ por las calles de esta ciudad, cantan Natalia y Marian en el tema que cierra un debut firmado simplemente como Ruzzi, que suma 11 temas, y que salió en noviembre, el 11 para ser mas exactos, el 11 del 11 siendo específicos, una precisión que se completa al saber que sumando los números de 2018 el resultado también da 11. Para Marian el 11 es su madre, la que siente presente cada vez que mira el reloj y sus números anuncian 11:11. Y luego de esta perlita para obsesivos, volvamos al domingo y volvamos al sol. Volvamos a Ruzzi, y a esta Mudanza que prácticamente abre el Lado A de un Música Cretina aún por estrenar, y que pronto se estará yendo, dejándonos casi todo. Salvo eso que necesita. Sea la parte de la música o la parte cretina, siempre algo queda.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Mauricio Redolés y Los Ex-Animales Domésticos, "Amor carretiao"

Volveré a sentir/ a mi amor carretiao

Lo presenté mil veces, hace rato que es un Cretino honorario, es más: tal vez sea posible considerarlo como el Cretino original. Por eso es que no podía faltar en el último no-programa, programado exclusivamente con tesoros de mi discoteca: pasen y búsquenlo, suena casi al final del lado A. Se llama Mauricio Redolés, es chileno, y tengo la suerte de que sea mi amigo. Pero además es algo así como el heredero natural de Nicanor Parra, poeta y músico, cantante popular y también rockero, fan de Dylan y Los Lobos, sobreviviente de las catacumbas del pinochetismo y de su posterior exilio londinense, orgulloso comunista que renegó públicamente del partido en un himno inmortal y épico como ¿Quién mató a Gaete? ("los cuetes, los cuetes"), arqueólogo del presente e incansable buscador de tesoros en el lenguaje popular, algo que lo ha convertido en un héroe inmolado en largas batallas con la paspada massmedia chilena, y que también sabe ser prohibido no sólo en televisión sino también en las inmaculadas bibliotecas por culpa de unos versos que hablan de ‘viejos culiaos’. ¿Les suena? Son esos que no creen en nuestro amor, en la rebelión punk o que en un poema se pueda decir viejo culiao. Sí, cretinxs míxs: el amigo Mauricio es el que cada tanto —o cada mucho— aparece desde hace tiempo recitando sus poderosos poemas entre lado y lado de cada no-programa. Me encanta programar sus temas, mostrar sus discos, y también exhibir como condecoraciones fotos como ésta de acá arriba, en la que estamos en su casa en Cueto, en el barrio Yungay, algo así como el San Telmo de Santiago de Chile. Ahí estoy luciendo un corte de pelo que se parece al que estrené ayer, pero unos 20 años atrás, recién cortado también entonces, pero en la mítica Peluquería Francesa, que no se si aún existe, que exhibía enmarcado en su pared un histórico recorte de diario que detallaba un accidente que sufrió el negocio, cuando un auto se estrelló en su portal, noticia que fue memorablemente titulada como “Peluquero se salvó por un pelo”. Entre Mauricio y yo disfruta como loca Beta Pictoris, la entusiasta perra de aquel hogar, y el que sacó la foto seguro que fue el Sebas, su hijo, un pequeñín entonces que autografió junto con su padre mi compact del Gaete. Además de ser hoy un músico por derecho propio, Sebastián por estos días asiste con ternura y cariño a Mauricio en la milagrosa recuperación del ACV que casi lo saca de la cancha un par de años atrás. Una resurrección que en mi último viaje a Santiago compartí con Alvaro y la Carla, esperando ver los restos de un Mauricio recién recuperado y feliz si sólo se tratase de ello. Lo que vimos en cambio fue a un rocker de bastón pero que comandó un show vibrante, que fue una auténtica fiesta de comienzo a fin. Fuimos a saludarlo con Bisama, pero el hueón estaba tan emocionado que no soportó esperar a que Mauricio terminase de firmar y sacarse fotos con todos y cada uno de los que habían comprado sus discos o libros, para que pudiese presentarlos como corresponde. Yo me quedé, claro, y entonces hubo abrazos, hubo presentaciones, recuerdos y también promesas, todo sazonado con el humor redolesiano de siempre. Me fui cantando sus temas, como siempre me pasa cada vez que voy a Santiago y hay disco nuevo o algún show, y entonces me divierto mencionándolo ante el chileno de turno con el que me cruzo en mi viaje a ver cómo reacciona. A esta altura todos ya me conocen, y también lo conocen a Redolés, así que no hay polémicas como la que alguna vez me hizo decirle a un chileno que no podía considerarlo como tal si no sabía quién era Mauricio. No se si durante la (tras)noche de un año atrás en el Club Comercio Atlético del barrio de San Diego, donde se presentaba la reedición en vinilo de Gaete, sonó este Amor carretiao, pero qué importa, qué interesa. Bailamos todos y todo, lo que sea, y Redolés bailó con nosotros. Para horror de los viejos culiaos de siempre, y celebración de nuestros culos sucios que disfrutan a rabiar de sus versos y sus canciones auténticamente chilenas, mal que le pese a los defensores de la castidad del idioma. Y la economía, claro. Porque de eso se trata. Siempre.

viernes, 16 de agosto de 2019

Alejandro Ferradás, "Nombre de bienes" (Eduardo Mateo)

Se los presento: el tipo de la foto es uruguayo, se llama Alejandro Ferradás, y hace dos años se mandó un disco extraordinario que —al menos hasta donde yo se— nunca fue celebrado como se merece. Estoy hablando de Canciones aferradas, un álbum de versiones que funciona como un catálogo de lo mejor de ese milagro que supo ser la canción urbana montevideana de fines del siglo pasado. El bautismo del disco, justo es decirlo, lejos de honrar el trabajo se parece más a una broma resignada, que mira para adentro en vez de invitar a pasar a los de afuera, pero su contenido es admirable. Acompañado por una banda que incluye la guitarra de Santiago Peralta, de Eté & Los Problems, Ferradás logra rockear por un impecable repertorio que termina resultando contundente y mágico, reinventando los temas elegidos y amalgamándolos alrededor de un sonido poderoso, homogéneo y seductor. Antes de que llegase este disco a mis manos Ferradás ya merecía un monumento, por haber sido casi el responsable del último disco del Darno, ese El ángel azul tan crepuscular que, sin embargo, lejos de ser apenas una sombra de lo que había sido su autor aún hoy funciona como una despedida con toda su estatura y gloria. Lo sabía, también, como parte de Los Kafkarudos, pero googleando antes de escribir estas líneas —una de las cosas que más disfruto, tanto que a veces pienso que hago todo esto sólo para tener la excusa perfecta para perderme link tras link— acabo de descubrir que formó parte de un grupo llamado Séptimo Velo, que a pesar de ser apenas una nota al pie del rock uruguayo de los ochenta, en mi ranking personal forma parte del glorioso Lado A del compilado Rock Uruguayo Vol. 2, que tuve en cassette y supo ser mi kilómetro cero en esto de hurgar en el rock montevideano. Aún hoy recuerdo como Estamos mal, de Neoh 23 —pero la versión del compilado, eh, no la del debut del grupo, que llegué a comprar en vinilo y resultó no ser la misma—, me hizo creer que eran los mejores punks del Río de la Plata. Muchos de mis primeros abanderados orientales formaron parte de aquella "ensalada" (compilado, en uruguayo), como Los Traidores y sus noticias nacionales o La Tabaré de sigue siendo rocanrol (creo que incluso llegaron a sonar, sino en Piso 93, seguro en Resaca, aquel inaugural programa diario de FM La Tribu), y recién hice play en Usando mis pies de Séptimo Velo (gracias You Tube por todo lo que nos das), y descubrí que puedo cantar toda una letra que, como la música, lleva la sola autoría de Ferradás. Pero volviendo al disco que nos ocupa, es posible que tema por tema Canciones aferradas sufra de esa enfermedad degenerativa que son las comparaciones mano a mano. Porque algunos de los temas elegidos no son precisamente desconocidos, sino que tienen su bronce. Por eso es que es un disco que se pone con cuidado, casi con desconfianza, pero escucha tras escucha va cambiando la cara excesivamente atenta de su ocasional oyente hasta, primero, generar un leve asentimiento y relajamiento casi imperceptible de las facciones, para que, cuando no se puede dejar de volver a poner el disco una y otra vez, uno se termine descubriendo como fan entusiasta. Porque es posible que la versión de Entonces no sea mejor que la que hizo Dino hace no tanto, que parece digna de David Gilmour, y también que Nombre de bienes haya perdido toda esa locura mateística que —al menos en mi caso— aquí convocaba al dolor de cabeza para pasar a ser una canción rocker y de guerra. Y también por fin hay puño cerrado en Andenes, que en la versión de su autora sólo mostraba el comprensible autismo del shock ante un final inesperado. Todas decisiones estéticas que, individualmente, pueden ganar o perder según los gustos o los recuerdos de cada uno. Pero que, colectivamente, solo invitan a volver a hacer play y escucharlo de punta a punta. Decía antes que se trata de un disco que resume lo mejor de la cancion urbana de Montevideo del siglo pasado, pero también seguramente honra el recorrido y los gustos del propio Ferradás, un integrante de la generación del rock de los 80 que terminó formando parte de la guardia pretoriana del Darno, recorrido que le permite una mirada musical de 360 grados, al menos durante aquella época. Brindo por eso, y por el discazo que nos regaló, que rescata a Galemire, Ubal, Nasser y Dino, poniéndolos al lado de Jaime, Cabrera y Mateo, enhebrando a una generación que siempre fue más rocker que lo que la época dejó entrever, y que Ferradás logra unir en un puño cerrado con el que se puede amenazar a un tiempo que nos va carcomiendo poco a poco. Como corresponde y no queda otra, como piedra que rueda. Como un nuevo siglo que hasta ahora, y en todo lo que importa, no ha hecho mas que presentarse como más viejo que el anterior. Recuerdo un chiste de Mafalda en el que su protagonista se acercaba a un Miguelito perfumado, vestido de fiesta, y con flores en la mano, y le señalaba que el año nuevo venía por el otro lado. Hay que estar en todo, pensaba Mafalda. Y sí, hay que estar en todo. Y mientras esperamos que lo nuevo venga de una vez, sigamos disfrutando de la música que siempre nos ha hecho compañía. Música Cretina, claro. ¿De qué otra música podemos estar hablando?