miércoles, 22 de mayo de 2019

Dan Stuart, "A killer now"

Se los presento: este tipo se llama Dan Stuart, y es el que abre el Lado A del nuevo, flamante Música Cretina, y que pueden ya mismo escuchar al sol de este invernal miércoles en el link que dejo en los comentarios. Stuart se llama en realidad Daniel Gordon, leo por ahí que hoy vive en Mexico pero se crió en Tucson, Arizona, y si estamos hablando ahora de él es porque se mudó a Los Angeles con la banda de su pueblo, que por entonces se llamaba The Serfers. Al año de aquella mudanza el grupo se rebautizó como Green On Red, y entonces es cuando todo comienza a hacerse familiar. Porque aunque hoy en día sólo recuerden su existencia algunos memoriosos, el grupo que lideró Stuart como vocalista —y del que también formaban parte Chuck Prophet y Chris Cacavas— terminó siendo la punta de lanza de lo que supo llamarse Nuevo Rock Americano. Son aquellos que en el diluvio de los teclados de los ochenta se mantuvieron aferrados a sus guitarras, sobreviviendo la inundación hasta que hubo un nuevo líder, que se llamó R.E.M. O algo así. Pero aún quienes sólo sepan de la existencia del grupo de Athens, Georgia —que recorrió toda aquella rama evolutiva hasta la dominación mundial— podrán suponer que hubo otros espermatozoides buscando ese óvulo del éxito al que fecundar. Uno de ellos, el primero, fue el grupo de Dan Stuart, amén. Tengo que confesar que al que primero le seguí la pista post Green On Red fue a su guitarrista, Chuck Prophet, y no fue en vano. En los últimos años ha venido editando un disco tras otro, y uno mejor que el otro. Pero mientras estaba hipnotizado por la creatividad del buen Chuck, cretino honorario hace tiempo, por el rabillo del ojo comencé a ver moverse algo que resultó ser Stuart, que ya lleva tres discos contando la historia de una suerte de alter ego loser, llamado Marlowe Billings. El tema que abre nuestro flamante no-programa también abre el último disco de esta trilogía, titulado The Unfortunate Demise of Marlowe Billings, que salió el año pasado junto a un libro, que no he tenido la oportunidad de leer. Pero alcanza con la foto. Stuart/ Billings aparece acá como un Marlowe en las últimas o sino un Orson Welles que sigue protagonizando Touch of Evil. Bueno, tal vez no sea para tanto. Pero es la imagen de un habitué a mostradores varios, capaz de cantar un tema que es una invocación a alguien que se ha perdido y se ha transformado. Oh, pibe/ ¿qué es lo que hiciste?, canta Stuart. Y si hacemos play en Música Cretina tal vez empecemos a darnos cuenta si esa pregunta ya tiene su respuesta, o habrá que seguir esperando para comprender el significado de aquello que supimos hacer.

domingo, 28 de abril de 2019

Música Cretina 2018 #4

ESTO NO ES UN PROGRAMA

19-4-2019

Lado A

"Todo bien si te estas enroscando/ pero por favor no me lleves ahí"

1.- The Wombats, White eyes
2.- P.DeCaro, Fede y Barbie
3.- Nightmare On Wax c/Sadie Walker, Deep shadows (Little Ann)
4.- Horace Andy, Child of the ghetto
5.- Calexico c/Depedro, Flores y tamales 
6.- Santa Cruz, The pilot is me
7.- Case/ Lang/ Viers, The best kept secret

Lado B

"La gente está loca/ y los tiempos son extraños"

8.- Kate Nash, Drink about you
9.- Joe Crepúsculo, Toda esta energía
10.- Robert Finlay, Medicine woman
11.- Bettye Lavette, Things have changed (Bob Dylan)
12.- Chaton, Pas le feu
13.- Curumin, Prata, ferro, barro
14.- Angelique Kidjo, Crosseyed and painless (Talking Heads)

sábado, 27 de abril de 2019

Hambre en Buenos Aires

Mirate las manos/ la sangre en las manos. Pavada de verso de un tema bautizado Hambre, que además titula el disco que Ernesto Tabárez junto a sus Problems estarán presentando esta noche Buenos Aires. Hambre. Justo. Al final será el hambre lo que nos salvará, anuncia otro verso del mismo tema, y otra vez, imposible no buscarse en el espejo. Pero la sangre en las manos, ese Macbeth cotidiano que merecidamente cargan y deberán cargar los porteños, es la mención más impensada y al mismo tiempo apropiada del tiempo que estamos viviendo. Malditos banquetes, Vil, El éxodo y ahora Hambre, una sucesión de discos que hablan su propio idioma, y al mismo tiempo nos hablan a todxs. ¿El muñeco creerá que le pone voz al ventrílocuo?  Pavada de muñeco este Ernesto, el querido Ernesto, nuestro amigo Ernesto, que siempre le puso el cuerpo a lo que escribe y también garganta. Uno de los gestos que amo de Ernesto en escena es cuando cierra la botellita de agua de plástico y la tira por el piso, entre los cables. Su particular bomba con el seguro en su lugar. No se por qué recuerdo eso, tal vez porque he visto ya muchas veces en vivo a Ernesto, con o sin sus Problems. De hecho, la primera vez que tocó en Buenos Aires –si no me equivoco-- fue invitado a un Martes de Poesía y Música, a dúo con Ana Fornaro, ni más ni menos. Y como si fuera poco, según recuerdo fue en ese viaje que nos dejó en los labios el nombre Ismael. Desde entonces nos han pasado muchas cosas, los benditos problems –así, con minúscula—de todos los días (y mas también), pero también cosas de las otras, de las que importan, de las que cambian vidas y también las elevan. Lo que sigue ahí, siempre, son las canciones. Son las que cantaremos esta noche en el Xirgu, donde Ete y Los Problems presentan esta noche a las 21 su disco Hambre para todxs nosotrxs. Ja, hambre para todxs. Malditos banquetes. Nos vemos --y nos alimentamos—ahí. Como dice mi amigo Diego Trerotola: ojalá les pase.
...
Ah, la foto que acompaña estas líneas tiene ya unos ocho (¿ocho?, ¡ocho!) años, y la saqué en el camarín de un antro montevideano que ya no existe, llamado Espacio Guambia. Fue en la presentación del poemario de Ana, De a ratos. Esa noche Ernesto estaba con fiebre, pero vino y cantó igual. Lo dicho, el tipo nunca deja de poner el cuerpo y la garganta. Por eso lo queremos. Y por la charla también.

viernes, 26 de abril de 2019

El corazón sobre todo

La sensación de anoche se mantiene. Un par de cacerolas y esto se cae. Como bien sabe cualquier lector de Monterroso, cuando despertemos Macri seguirá ahí. Entonces no hay que dormirse. No dejo de pensar en el 2001, en esa angustia de los saqueos transmitidos en directo reconvertida en una sensación de posibilidad con la gente en la calle, marchando a la plaza, encontrando en el otro un cómplice en vez de una amenaza; exigiendo algo, lo que sea, pero que no fuese esto. Perdón, "eso". Pero es que mi recuerdo también habla de "esto", obviamente. En estos días, por obligaciones laborales, interactué más que de costumbre. Todos con los que hablé --desafortunados o afortunados dentro del estado actual de las cosas-- dejaban en claro que esto no da para más, que se acabó la cuerda, que tiene que venir otra cosa. Pero cuando le contaba esta percepción a algunos amigos mas cercanos, que sé positivamente que nunca quisieron esto y no la están pasando muy bien que digamos, se mostraban escépticos. Se han quemado tanto con sus deseos, que siguen temiendo que, a pesar del páramo que nos rodea, este gobierno encuentre una forma de perpetuarse. Pero la sensación se mantiene: un par de cacerolas a la calle y esto se cae. Esta mañana un extranjero de visita me preguntó qué iba a pasar. Le respondí que estábamos para cualquier cosa, pero que al menos yo ya había vivido ese abismo antes, asi que sabía que había que esperarlo. En mi caso, me sucedió por lo menos dos veces. Esas veces, mi refugio fue el cine. La primera vez con L'Atalante en la Lugones y segunda con La mamain y la putain en una destartalada Hebraica. Hoy el refugio de muchos parece ser un libro. De tapa azul, titulado Sinceramente. Antes de la súbita epifanía literaria colectiva de ayer, "Sinceramente" remitió para mi siempre al comienzo de una canción. Una cuyo primer verso confiesa: Sinceramente, hace tiempo que nadie espera en la vereda de enfrente. Esa canción tiene un nombre que realmente encaja en el clima de todos estos días. Ese nombre es: El corazón sobre todo. Alguien muy sabio y muy perdido al mismo tiempo, dijo alguna vez --y yo ya lo vengo repitiendo bastante en este tiempo-- que las canciones lo saben todo antes que uno. Aquella canción hablaba, y sigue hablando aún hoy, de que quedan pocas cosas, y de no saber si es posible curarse de ésta. Pero también dice que lo que aún no se ha roto, está guardado y se lleva bien en el pecho. Tal vez con eso alcance. Quién sabe. Tal vez sea posible que, con películas, libros y canciones, el mundo se pueda reinventar nomás. Pero tratemos de hacerlo esta vez sin pegar un ojo. Porque, bien lo sabemos, cada vez que despertemos, los dinosaurios siempre estarán ahí.

lunes, 22 de abril de 2019

P.DeCaro, "Fede y Barbie"

Se los presento, justo en el centro de este hermoso grupo de gente —con barbita y buzo Adidas— está Pablo De Caro. Es el compositor y cantante de Cosmo —ellos son los de la foto— y también de los reformados Mataplantas, toca la guitarra en El Hipnotizador Romántico y, tal como le gusta presentarse, hace música solo como P.DeCaro. Uno de los temas de Mapache, su primer EP bajo ese nombre está casi al comienzo del Lado A del último Música Cretina, que en realidad lo armé en la segunda mitad del año pasado y fue quedando y quedando, pero finalmente acá está. Y acá está también el recuerdo de Mataplantas, a los que conocí allá lejos y hace tiempo, cuando se hacían llamar Bárbara Feldon, y les gustaba más que nada el rock tirando a retro. Tenían un hitazo que nos sabíamos todos, llamado Navidad y año nuevo, y que recuerdo que alguna vez cantamos a pura guitarra acústica, justamente, en navidad o año nuevo. Lo de Barbara Feldon era por El Superagente 86, la morocha de faldas y pelo corto, y así era como sonaba el rock del cuarteto hasta que pegaron el estirón. Como los Beatles pasando del trajecito de diseño y la porra taza a la ropa de bambula, y bigote, barba y pelo laaaaargoo; pasando de las anfetas y al alcohol a la meditación y el LSD, de Be Bop a Lula a Strawberry Fields Forever. Así fue como los Barbara Feldon se convirtieron en Mataplantas, sumandole lisergia a su rock, y comenzaron un viaje que los terminó depositando en un futuro multiplicado, de Cosmo, El Hipnotizador Romántico y Pablo Malaurie, y —finalmente— el regreso de Mataplantas. Hoy aquella propuesta tiene varios rostros, y en varios de ellos está Pablo, y todo ese mundo sigue estando como estaba al comienzo, un poco al costado de la realidad musical local, como en un universo paralelo. Y si utilizo un nosotros en el que me incluyo al recordar aquellos inicios y también sus mutaciones es porque yo estuve ahí, claro. Yo también tuve necesidad de mundos paralelos, y en una de esas caminatas por los mismos terminé ingresando en el universo de los Bárbara Mataplantas, si mal no recuerdo gracias a la generosidad de Laura Lobov y sus ciclos en la Casa de la Poesía de Honduras —esa casa de Evaristo Carriego hoy destruida por el Macrismo—, y los salones de Pablo Dacal y Manu Loop. Pero todo eso es otra historia, y de lo que hablamos en este lunes nublado es de De Caro y su nueva música solista, apenas seis temas en un EP que se puede escuchar y disfrutar via Bandcamp, y también casi abriendo el nuevo no-programa de un abril que sin santidad empieza también a mostrar su rostro de otoño. Entonces qué mejor que abrir una puerta a un Música Cretina con pasado, presente y futuro listos para visitar, apenas a un play de distancia. Pasen y vean (y escuchen, claro), que en este mundo paralelo hay lugar para todxs. Al menos para todxs lxs que quieran abrir la puerta para ir a jugar.

domingo, 21 de abril de 2019

Kate Nash, "Drinking about you"


Yo me veo tan divina/ pero también asusto un poco

La que canta es Kate Nash, y en este caso alguien debería presentármela mejor porque no es precisamente de mi generación, aunque de alguna manera nos conocemos. La buena Kate forma parte de una pandilla del norte de Londres, de donde salieron Lily Allen y también Jamie T. Son hijos de las redes sociales, especialmente la Allen, que a su vez gracias a un post hizo famosa a Kate, y con su primer disco fue cuando empecé a seguirle la pista. Lo hermoso de la Kate, la otra Kate del pop britanico (Kate The First es Kate Bush, de pie señorxs), es que sus canciones son como novelas de iniciación adolescente, con lo mejor que tiene para dar semejante estilo: la honestidad y crudeza, la inmediatez e identificación. Acá en Música Cretina decidimos que uno de los temas del primer disco de la entonces pequeña Nash era uno de los nuestros, lo pueden buscar por ahí, se llama Birds, y es una deliciosa historia de amor entre un pibe soñador que le dice cosas lindas y una piba con los pies en la tierra que no termina de cazarle la onda (¿de qué estas hablando?), que se cuelan en el tren con sus cervezas. De hecho, Lily Allen aún es relativamente pendeja, pero acaba de sacar una suerte de autobiografía que la rompe, por todo eso que decía de la honestidad, crudeza e identificación. Pero volviendo a Kate Nash digamos que es un buen ejemplo de cómo lxs chicxs de las redes se fueron perdiendo en los caminos de las discográficas o similares, digamos que detrás de la zanahoria del negocio, y cuando pensábamos que efectivamente la habíamos perdido (anduvo actuando por ahi), acá está de vuelta con su primer disco en cinco años, una enormidad si tenemos en cuenta que su debut salió apenas doce años atrás. Con 32 años que cumple dentro de dos meses, la buena de Kate decidió volver a las fuentes, se alejó de las discográficas y grabó su cuarto disco con el aporte de sus fans. Lo bautizó apropiadamente como Yesterday was forever, y de ahí sale este sencillo y arrebatador Bebiendo por vos (Cuando los otros pibes dicen que terminamos/ yo solo bebo por vos), que no por nada fue el primer single del disco y también abre el Lado B de un flamante Música Cretina tan lleno de descubrimientos y novedades que necesitábamos una cara amiga. Pero en un domingo santo que se empeña en seguir con sol y cielo celeste los invito a que hagan play para que su vía sea menos crucis y mas cretina. Y amén para todxs, qué tanto.

jueves, 18 de abril de 2019

Liliana Herrero c/Fernando Cabrera, "Mariposa tecknicolor" (Fito Páez)

Jueves santo y soleado, casi como si a los santos los hubiese agarrado la también santa inquisición y quisieran hacerles confesar algo. Lo que yo tengo para confesar es que aún hay un Música Cretina que tiene mucho para compartir, como por ejemplo el diálogo entre los dos protagonistas de esta foto. Uno es Fito Páez, y no hay mucho para presentar: será siempre el que puso las canciones en nuestro walkman. Lo acompaña una entusiasta y feliz Liliana Herrero, a quien conocimos desde el walkman del rosarino, ya que —al menos en mi caso— entró en el mundo gracias a aquel Cachilo Dormido tan despertado a puro sintetizadorazo de la desfachatada producción de Fito para ese debut revulsivo de la Herrero, decidida a poner el folklore patas arriba de la mano de su ahijado. ¡Vean esa sonrisa, esos brazos bien arriba! Apenas una muestra del entusiasmo que se genera cuando Páez se sienta al piano entre amigos, lo sé porque estuve ahí y puedo contarlo. De hecho, una noche en La Habana terminamos codo a codo en el living de la casa de Pablo Milanés, presentándole Charly García al anfitrión, cantando cosas como Desarma y sangra. Bah, Fito cantaba, yo intentaba coros, todo muy en familia. Cubana, claro. Recuerdo que por ahí estaba Jorge Perugorría, por ejemplo. El amigo Aloras puede salirme de testigo porque también estuvo ahí. No sé cómo pero también recuerdo que Pablo derrochaba generosidad con su Johnnie Walker, pero yo me abrazaba al Habana Club etiqueta azul. Y entonces sí que ya no recuerdo más. Perdonen, parece que me fui de tema, pero esta indulgencia en la memoria viene al caso como ejemplo cabal de que donde está Páez y hay familia siempre hay diversión, los brazos, la sonrisa y los ojos cerrados de Liliana en la foto sirven como prueba, como quien grita un gol de su equipo. ¡Qué digo gol: un campeonato! Pero que sirva la foto —hermosa foto de Nora Lezano, dicho sea de paso— para testimoniar los lazos entre los dos retratados, no lo que suena apenas empezado el Lado A del no-programa, ya que se trata de una de las versiones que la Herrero hace de Páez en esa proeza en forma de disco que es Canción sobre canción, en donde repasa un repertorio que de tan conocido casi que funciona como reflejo pavloviano. Así como el siempre tan apurado y algo perezoso cerebro nuestro no necesita al ojo para completar ciertas imágenes, y podemos pasarnos gran parte de la vida viendo cosas que ya no están ahí, lo mismo sucede con ciertas canciones de Páez, que están en nuestro walkman desde hace tanto que ya no se las escucha, simplemente se las celebra (o condena). Por eso resulta fascinante el trabajo que hace Liliana Herrero con un puñado de canciones que conoció desde el primer momento, estuvo prácticamente al lado de ese fueguito en el que fueron forjadas. Completando un arco de tres décadas, que va desde aquel primer disco de sus temas producidos por Fito a este álbum en el que ella desarma y sangra un cassette tan gastado hasta lograr el milagro de que suene como si fuese nuevo, Canción sobre canción es un repaso a cara de perro. La celebración es interna, o posterior, pero mientras los temas suenan no hay lugar para fiesta alguna, ni brazos arriba ni goles gritados, porque el partido todavía se está jugando y la Herrero y sus músicos desactivan cualquier posible tarareo, la miel del fraseo previsible, el azúcar del canto colectivo. Si bien es cierto que los ríos una vez cruzados no se vuelven a cruzar, Canción sobre canción es un disco en el que las mejores canciones de Páez, las que lo hicieron ser justamente Páez, pueden ser vueltas a escuchar, tal vez no como si fuese la primera vez, pero sí como quien desea escuchar realmente qué es lo que canta. Y lo que cantamos son canciones desnudas y que nos desnudan, retratos de un pasado que está siempre con nosotros, abismos en los que mirarse y descubrir cosas nuestras, la posibilidad de darnos cuenta por qué y cómo era que esto era. Volver a confiar en la percepción, saber que no todo se nos da masticado, que estas son canciones que mordimos nosotros entre el ruido, las elegimos entonces y nos las quedamos y apropiamos. La magia de la relectura profunda de Liliana Herrero sobre la obra de Fito Páez —al que se atreve incluso a corregir, y pese a que precibimos la ausencia de alguna que otra palabra (¡decadrón!) al mismo tiempo no la extrañamos—, llega a su momento cumbre al visitar el tema tal vez más injustamente menospreciado de su obra, ese Mariposa Tecknicolor que nuestro oído acostumbra a asociar con Elvis Costello y la calesita del Circo Beat que supo ser la música de la vuelta olímpica del campeonato ganado por Páez un disco —y una vida— antes, y reinventarlo al punto de que cuando entra Fernando Cabrera encarnando una segunda voz que no estaba ahí, pero que nos damos cuenta instantáneamente que está donde corresponde, el abismo de lo escuchado renueva todo, como un Rashomon auditivo que completa la historia décadas después. De pie señorxs, que Liliana Herrero canta Páez y nos canta a todxs. La pueden escuchar apenas empieza en Lado A de un Música Cretina que les dejo acá, apenas a un play de distancia. Para el sol de todos los santos jueves que abren la fiesta de un fin de semana largo.