CARTA PARA KURT COBAIN, por Douglas Coupland
Viernes 8 de abril de 1994
Querido Kurt:
Estaba en Seattle, el 4 de marzo de 1994, cuando escuché las noticias: que estabas en Roma, que habías bebido demasiado champán, demasiados sedantes, Rohypnol, que estabas enfermo. Lo que sea. Estabas en coma. Yo viví en Italia en 1984, y recuerdo que los farmacéuticos de allá venden los sedantes como si fueran caramelos. Así que las noticias sonaban creíbles.
Representantes de la compañia discográfica de David Geffen seguían entregando la misma noticia a los medios, seminoticias: Kurt abrió los ojos, Kurt movió su mano en respuesta a su nombre. Pero nadie en Seattle se sentía como si hubiera alguna noticia real. O estás en coma o no estás en coma.
Todo tipo de rumores y comentarios recorrían la ciudad. Al final era siempre lo mismo: No, Kurt aún está en coma... creo. Reuters admitió que los previos informes sobre tu salida del estado de coma eran incorrectos.
La respuesta reflexiva de todo el mundo era bromear sobre todo el asunto, pero finalmente no podíamos. Dentro de nosotros hay discos de 33 1/3, y hacer una broma sobre vos era lo mismo que pasar una aguja por ese disco, la ironía estaba descartada. Hacíamos bromas, en cambio, sobre las compañías discogr ficas y sobre ambulancias italianas y sobre comida de hospital, pero nunca sobre vos. La radio pasaba tus canciones una y otra vez, siempre con la misma noticia: no hay noticias.
Alrededor de las tres de la tarde tuve que conducir por la ruta interestatal número tres, desde el centro de la ciudad hasta Kent, pasando frente al KingDome, donde una vez en los setenta fui a ver a Paul Mc Cartney y los Wings. Justo entonces en la radio sonó tu tema, "Dumb". Observé un grupo de cerezos que, engañados por alguna primavera temprana, ya habían florecido. Comencé a llorar.
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