La primera vez que pensé en hacer un reportaje, todavía ni
siquiera me había imaginado que iba a terminar siendo periodista. Simplemente
necesitaba saber más sobre un tal Hector Germán Oesterheld y sus historietas, y
como era algo sobre lo que no podía leer en ningun lado, pensé que bien podría
ir a preguntar yo mismo lo que queria saber. Por entonces tenía apenas unos 16
años, y había empezado a ir regularmente a la Asociación de Dibujantes de la
Argentina, que tenía su sede al lado de Tribunales. Viajaba hasta allá una vez
por semana casi al final de la jornada, desde mi hogar en Saavedra o desde el
lugar en Capital donde me hubiese dejado el día, y volvía a mi casa en
colectivo, siempre tarde. A la misma hora en que, por ejemplo, Juan Salvo y sus
amigos jugaban su truco nocturno, mientras escuchaban las parejas solitarias
que apuraban en paso por la calle, o los colectivos acelerando unas cuadras mas
alla, en la Avenida. Empecé a ir a la ADA a cursar un taller de humor gráfico,
con un joven docente llamado Miguel Repiso --entre mis compañeros estaban
Roberto Perinelli, Adrián Franco (Pati) y varios mas--, pero enseguida encontré
una excusa para quedarme dando vueltas por el lugar a pesar de mi escasa
capacidad para el dibujo, como bibliotecario de la entidad. Semejante título
rimbombante significaba en realidad apenas el mucho mas prosaico derecho a
tener acceso a las llaves de un armario donde se amontonaban revistas y libros
que los que ya no querían en su casa dejaban ahí, y también pasar a formar
parte de alguna manera del mobiliario del lugar, tener permiso para conocer
gente y hacer preguntas. Ahi conocí a Jorge Luis Lepera (Jorh), Maicas, Tito
Spataro, Massarolli, entre tantos otros nombres que se me vienen aleatoriamente
a la cabeza. Una de todas esas preguntas que le hice a alguno de ellos fue
sobre Oesterheld, obviamente. Creo haber confesado en voz alta mi deseo de
entrevistar a ese guionista cuyas historietas seguían apareciendo por entonces
en las revistas del género, y la respuesta que me llegó me dejó helado. Mi
interlocutor me informó que eso iba a ser imposible, porque Oesterheld estaba
desaparecido. Esa respuesta funcionó como una bomba: en mi recuerdo de
aquellos años formativos, que el autor de mis historietas preferidas hubiese
desaparecido hizo estallar la burbuja en la que había crecido. Si Oesterheld
había corrido ese destino, lo que había sucedido en el país había sido más
terrible de lo que hasta entonces yo me había enterado. A partir de entonces
empecé a escuchar y preguntar sobre muchas cosas mas que las historietas, a
leer con curiosidad e interés la Humor mas allá de los chistes e historietas y
Las Páginas de Gloria, y apenas pudieron volver a existir los partidos
políticos --la gente variada que pululaba por la ADA, me di cuenta muchos
despues, lo hacía porque era la unica actividad social posible en aquel tiempo,
y se desbandaron cuando regresó la militancia-- terminé acercándome a uno de
ellos, el Partido Intransigente, y a su sede de Riobamba, no muy lejana a la
ADA. Y también comencé a ingresar lentamente y de varias maneras a un mundo que
recién cuando empecé a cursar en Ciencias de la Comunicación pude ponerle un
nombre: el de la cultura popular y masiva. Pero aquella entrevista que nunca
pude realizar siempre estuvo en mi cabeza, y de hecho la primer nota publicada por la que me pagaron fue sobre El Eternauta. Salió en la etapa
dirigida por Marcelo Figueras de la primer Fierro, la firmé como El Gavilán
Pollero --el seudónimo radial con el que se me conocía por entonces-- y se
trataba de una minuciosa investigación sobre los embrionarios y frustrados
intentos de llevar al cine la historieta de Oesterheld y Solano López. Desde
entonces y hasta ahora, siempre que encontré una excusa, seguí la pista de
Oesterheld y sus historietas en todos los trabajos que he tenido. Pero nunca
pude olvidar esa entrevista que no fue, y tal vez por eso es que el trabajo de
Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami me pega tan de cerca. Porque reconstruye al
Oesterheld que deambulaba por la misma ciudad en la que de niño y adolescente
yo leía sus historietas. Porque investiga y rescata ese mundo que yo desconocía
entonces, cuya súbita aparición en mi vida reordenó el fin de mi infancia, de
una manera terrible pero también liberadora. Y además, al decidirse a
investigar la historia y la tragedia no solo de Oesterheld sino también de sus
hijas, y a partir de esa historial familiar completar el retrato de una
sociedad, mas de una generación y su militancia --y también una minuciosa
reconstrucción de la represión y el exterminio-- lo que hacen Nicolini y
Beltrami es permitirme leer algo que hasta entonces había mirado de costado, o
siempre había leido subdivividiendo sus partes. Por primera vez en Los
Oesterheld está todo, y ese todo, toda esa información y esas voces, permiten
revivir y enfrentar tanto la vida y la pasión como la muerte y el horror. Por
eso es que esperé su edición con ansias, desde que me enteré de la existencia
del proyecto. Y estuve atento ante la inminencia de su publicación, para llevarlo
a la tapa de Radar, editando con cuidado un adelanto que desplegase las
virtudes del libro y al mismo tiempo funcionase como una lectura independiente,
y escribiendo también un entusiasta recuadro/reseña para presentarlo como
corresponde, aún cuando sabía que iba a salir sin firma --como todo el resto
del suplemento y el diario, salvo casos puntuales-- por la lucha gremial que
estamos llevando adelante para pelear por nuestros sueldos. Porque si bien
nunca pude encontrarme con Oesterheld para conseguir las respuestas a mis
intrigas de fan adolescente, al menos Los Oesterheld me permite ser testigo de
su vida justo en la época que yo quise empezar a hacer preguntas.
Música Cretina es un no-programa online que intenta mantener cierta regularidad. Sus últimas entregas musicales se pueden escuchar en los players que se encolumnan aquí debajo. Además, hay muchos más no-programas listos para escuchar en nuestra página de Mixcloud. También disfrutamos mucho de explayarnos sobre los temas incluidos en cada emisión: son las historias que contaríamos al aire de ser, efectivamente, un programa.
Idea, conducción y textos: Martín Pérez
musicacretina@gmail.com
martes, 5 de julio de 2016
jueves, 30 de junio de 2016
Don Covay, "I was checking out, she was checking in"
Quise decirle algo/ pero no había nada que decir
El tipo acaba de salir del hotel con su amante. Después de
dejar la llave de la habitación y pagar la cuenta, se demoran besándose y
abrazándose dentro de su auto, aprovechando la oscuridad del estacionamiento.
Justo entonces entra otro auto, del que se baja una pareja, a la que en la
recepción les ofrecen la misma llave que el tipo acaba de dejar. Y entonces él
se desespera, porque la mujer de esa pareja es en realidad su mujer, que ha
llegado al hotel con su propio amante. Se suponía que debía estar cuidando a
los chicos, se lamenta el tipo, y agrega: los dos nos estabamos engañando. Y
ahí viene el estribillo, que es también el título de la canción, y se puede
traducir así: Cuando yo estaba haciendo el check out, ella estaba
haciendo el check in. El que canta, o más bien recita, se llama Don
Covay, y es algo así como una leyenda del soul, al menos para los conocedores,
ya que es nada menos que el autor, entre otros, de --de pie, señores-- Chain of fools, el tema que inmortalizó Aretha Franklin. Al empezar
a desgranar la lista de este Musica Cretina, confesé que un par de elegidos
habían sido casi sugerencias de ese gran dilettante musical que es Peter Wolf,
todas pistas que fueron apareciendo cuando empecé a leer sobre su último disco,
el que Covay aparece como coautor de un tema que Wolf siempre soñó con hacer
junto a Bobby Womack. Pero Womack ya no está con nosotros, y tampoco lo está
Covay, a quien Wolf conoce en realidad desde hace mucho tiempo atrás, ya que
fue justamente un grupo de canciones que co escribieron juntos y rechazaron los
de J Geils Band, algo que desencadenó la salida de Wolf del grupo, hacia
comienzos de la década del 80. Cuando Covay falleció, en enero del año pasado,
fue Wolf el que se encargó de su necrológica en la Rolling Stone, donde
recuerda que Covay abría los shows de Little Richard mientras se hacía un
nombre propio como compositor, de la misma manera que Womack hacía lo propio
para Wilson Pickett. Y revela que Keith Richards le comentó alguna vez que, si
alguien comparase en una gráfica la onda sonora generada por la voz de Mick y
la de Don, estas serían practicamente inéditas. Hay una anécdota genial con la
que Wolf termina su necrológica, en la que dice que Don le contó alguna vez que
justo cuando Chain of fools estaba al tope de las listas, y Atlantic estaba
feliz por haber conseguido finalmente un éxito para Aretha, llamó desde su
hotel a Jerry Wexler diciendole que tenía una canción que era mejor que Chain
of fools. Wexler lo invitó a su oficina, para que se la hicera escuchar, y él
le dijo que no, que la tenia en su cabeza, y que como estaba en un hotel,
necesitaba que le mandase un teclado que había visto en tal negocio. Volvió a
llamar a Wexler unas horas después, diciéndole que necesitaba una guitarra. Y
después hizo lo mismo pidiendo un equipo de bajo. El cuento que Wolf le escuchó
contar a Covay no terminaba con un nuevo tema escalando aun mas alto en las
listas que Chain of fools, sino con todos los instrumentos y equipos enviados a
su hotel por Wexler a cuenta de Atlantic convenientemente vendidos al mejor
postor. ¿Por qué? Porque Covay sabía, le explicó a Wolf, que cuando llegase el
momento de cobrar sus regalías como autor de la canción, lo iban a estafar,
como siempre hacían. Así que él había decidido pagarles con un poco de la misma
medicina. "Típico de Don", escribe Wolf para cerrar su necrológica, y
en Musica Cretina también dejamos sonar este tema típico de Don, que asoma al
promediar el Lado A, después de lo nuevo de John Doe y justo antes de la versionaza
de Velvet Underground que Paula Trama hace al frente de Los Besos. Pasen y
escuchen, en un jueves luminoso, justo antes de que llegue la tormenta perfecta
del fin de semana que todos andan anunciando.
lunes, 27 de junio de 2016
Música Cretina 2016 #6
17-6-2016
Lado A
"No me fío de los buenos/ mucho menos de ti"
1.- Oscar, Sometimes
2.- Los Fabulosos Cadillacs, Juan
3.- John Doe, Sweet reward
4.- Don Covay, I was checkin' out, she was checkin' in
5.- Los Besos, Soy tu ventana (The Velvet Underground)
6.- The Jayhawks, The devil is inside her eyes
7.- Nadine Shah, The gin one
8.- Lichis, Dinero por nada
Lado B
"Prefiero morir joven/ antes que envejecer sin vos"
9.- Señor Coconut & His Orchestra, Kiss (Prince)
10.- Mi Amigo Invencible, Mas desorden
11.- Shawn Colvin & Steve Earle, Tobacco road (The
Nashville Teens)
12.- Otis Clay, Trying to live my life without you
13.- Zeca Baleiro, Era domingo
14.- Johnny Cash, I'd rather die young
15.- Texas Tornados, She never spoke spanish to me (Butch
Hancock)
16.- El Estrellero, Medicamentos
jueves, 23 de junio de 2016
Texas Tornados, "She never spoke spanish to me" (Butch Hancock)
Sus poetas preferidos están todos de acuerdo/ el español es la lengua del amor/ Pero ella nunca me habló en español
No hay nada más lindo que cuando los amigos o conocidos se
prenden en el juego que propone cada Música Cretina y se largan a preguntar o
comentar sobre los temas que van apareciendo en cada no-programa. ¿El artista
que abre el Lado A es tal o cual? ¿De que disco es tal tema? Y así. Por eso es
que suelo demorar la aparición de la lista de temas, porque quiero darle tiempo
a los posibles oyentes para que se sumen, y puedan apretar play sin saber qué
es lo que viene, sin tener un mapa a mano que les explique cada curva, cada
bache en el camino, para que puedan disfrutar del no-programa tal como me
esfuerzo en hacerlo: para sorprender al que lo escucha tema a tema, buscando
tanto en el aficionado a la música como en el coleccionista, la sorpresa de lo
inesperado, del salto de un mundo a otro, del recuerdo de algo familiar pero
olvidado y que no debería aparecer en ese lugar, o de sorprenderlo con algo que
no conoce pero igualmente suena familiar. Y eso último justamente fue lo que el
amigo Strass me confesó que le sucedió esta semana con este tema de los Texas
Tornados, que asoma al final del Lado B, casi cerrando el no-programa.
"¿Viste que hay temas que apenas los escuchás, aunque no sepas nada de
ellos, sabés inmediatamente que son clásicos? Bueno, este es uno de
ellos". Y lo que le pasó a Strass fue lo mismo que me pasó a mi cuando
descubrí She never spoke spanish to me, este clásico del supergrupo de Tex Mex
que integran Freddy Fender, Doug Sahm, Augie Meyers y --last but not least-- el
Flaco Jiménez, que es la razón por la cual yo llegué hasta ellos. Fue Ry Cooder
(al que creo que conocí gracias a una nota de Rosso en el Expreso) durante sus
aventuras Tex Mex el que en su momento me hizo conocer al Flaco Jiménez, al que
con el Rafa Hernández amamos cuando sacó su disco solista Partners, en
el que mezclaba con muy buen tino su tradicion chicana con diversos intérpretes
del rock norteamericano, y se hizo un clásico del Piso 93. ¿Cómo no pensar que
esa misma nota de Rosso, que esos mismos discos de Cooder, que ese mismo
respeto por el Flaco es lo que llevó a Calamaro detrás de sus primeras
canciones chicanas? Al menos creer eso fue lo que me hizo embanderarme antes
que nadie detrás de temas como Adios amigos adios o No tengo tiempo. Es que por
ese entonces si te creias rocker era difícil darse el permiso para ir mas allá
de la obviedad anglo, por eso las puertas que abrió para nosotros el buen Ry, y
también Tom Waits, fueron tan importantes en esos tiempos formativos,
demostrando que había otro camino posible, que escuchar podía ser mas libre que
esa simple palabrita de la que presumía --e incluso se apropiaba-- cierta
cultura rock, pero que en realidad no hacía mas que encorsetar y plantear
rigurosos clasismos estilisticos. El Flaco y el Tex Mex fueron la demostración
práctica de que se podía ser rocker y chicano, y mirado desde el rock donde a
uno le gustaba pararse entonces --generacional y esteticamente-- descubrir eso
fue apenas el comienzo. El fin de una inutil guerra del cerdo, y el comienzo de
un camino lleno de tesoros, si era que se podia abrir las orejas. Y cómo no
abrirlas para los Texas Tornados, ¿no es cierto? Porque, tal como le sucedió a
Strass, yo también apenas escuché este tema de su primer disco de 1990 me di
cuenta que era un clásico. Es más: lo supuse apenas leí su título, antes
incluso de escucharlo. Internet ahora hace todo fácil, y enseguida me entero
que es un tema de un tal Butch Hancock, que formó parte de los Flatlanders
junto a Joe Ely y Jimmy Dale Gilmore, y enseguida también puedo escuchar en You
Tube la hermosa versión --¡esas maracas!-- que grabó Ely en su debut como
solista, de 1977. Suena como un clásico apenas uno lo escucha, tal vez por esa
referencia en su estribillo al clasiquísimo Spanish is a loving tongue que
grabaron desde Bob Dylan hasta Marianne Faithfull (mi version preferida es la
de Emmylou Harris), y por eso suena tan bien --como dije-- casi al final del
último Música Cretina, del que aún queda mucho por descubrir. O al menos
comentar. Así que pueden empezar por apretar play y dejar que sea la banda de
sonido de lo que queda de esta mañana soleada de jueves, en que el invierno nos
engaña un rato, como siempre y como todos, hasta que llega la noche. O el final
del no-programa, cuando confesamos que, si para ella el español era la lengua
del amor, bueno, ella nunca nos habló en español.
martes, 21 de junio de 2016
Sr. Coconut y Su Orquesta, "Kiss" (Prince)
Dejamelo todo a mi/ te voy a mostrar de qué se trata
Sol de lunes después de la noche mas larga, y con el frío
renovado ante la llegada del invierno. Por eso hay que sacudir las cachas, y
nada mejor que el amigo Uwe Schmidt, alias Atom Heart, y también alias Sr
Coconut, haciendo una versión cha-cha-cha de Kiss, el temazo de Prince, que
abre el Lado B del nuevo no-programa honrando al genio de Minneapolis. De
hecho, este tema me lo recordó un compilado de la Rolling Stone alemana en su
honor, pero data de uno de los tantos discos en serie del Sr Coconut y Su
Orquesta, que parece no tener limite para su cretinismo. Según recuerdo, lo
conocimos por su disco Pop Artificielle, donde versionaba mas bien en formato
trip hop y via vocoder temas como Angie o Jealous Guy, bajo el muy poco descriptivo
apodo de LB. Pero enseguida se reconvirtió a Sr Coconut y regresó con aún mas
fuerza, con un disco dedicado a temas de Kraftwerk en formato latino. ¡Un
aleman haciendo kraftwerk escondido detrás de unas maracas! Era irresistible.
Creo que este Kiss llegó ya para el enésimo disco con Su Orquesta, pero no deja
de ser algo, ¿no? Por lo menos alcanza para descongelar el lunes, arrancar el
invierno y empezar la semana. Demasiado para un país donde la bandera ahora no
se jura sino que se puede, corruptores denuncian a los corruptos, y ahora todos
se desayunan con que la obra publica se paga con sobreprecio y se desgarran las
vestiduras. No tenés que ser rica/ para ser mi chica, canta Uwe
mientras tanto, moviendo sus cocos al ritmo del cha-cha-cha, y es hora de
ponerse a bailar, porque no hay otra cosa que se pueda hacer hasta que lleguen
las antorchas.
lunes, 20 de junio de 2016
Otis Clay, "Trying to live my life without you"
Pensé que cambiar mi forma de vida/ era algo dificil de hacer/ pero el hábito más difícil de romper/ fue mi amor por vos
Tengo que confesar que un par de temas del nuevo Musica Cretina son algo así como sugerencias de Peter Wolf, que cerró de la mejor manera posible --con uno de los temas de su último discazo, A cure for loneliness-- el no-programa anterior. Lo que sucedió es que buscando información sobre el buen Peter para lo que primero iba a ser un post cretino y luego terminó siendo una caprichosa nota en Radar, descubrí que siempre me terminaba distrayendo detrás de pistas musicales de todo tipo, algo en lo que el ex lider de la J Geils Band no sólo siempre es prolífico sino ademas demuestra su muy buen gusto. Después de todo, además de la contundencia rocker de su show en vivo, aquella mitica época inicial del grupo con el que se hizo famoso es deudora en gran parte a un repertorio basado en su colección de discos. Y no parece haber perdido ese toque, al punto que A cure for loneliness es un álbum construido como si fuese la impecable lista de temas de un programa de radio, heterogénea rítmicamente, pero homogénea en términos de, digamos, onda. Eso que le sobra a Wolf, y que despliega en cada una de las entrevistas con las que me fui encontrando en internet donde, casi sin hacer esfuerzo, deja caer una oscura referencia musical tras otra. Una de ellas hacía referencia a Otis Clay y su disco Trying to live my life without you, que Wolf traía a cuento como ejemplo del placer perdido de perder el tiempo curioseando en las bateas de eso que se solía llamar disquería. Porque de pronto te podías encontrar con una tapa como la del disco de Clay, y saber que tenías que llevártelo a casa, aunque no tuvieses idea de qué era. Y la verdad que apenas lo busqué en internet me pasó lo mismo: esas letras gorditas del título, clásicas de los 70, la foto con el tipo sentado en un sillón enorme mirando el teléfono en una mesita al lado del retrato de una mujer que no está, pero se ha dejado el perrito faldero que es su única compañía pero no llega a ocupar el espacio libre en el sillón, y como remate el nombre --Tratando de vivir mi vida si vos-- fueron un combo irresistible. Solía fumarme cinco paquetes de cigarrillos por día/ fue lo más difícil dejarlos de lado/ Bebía cuatro o cinco botellas de vino/ tenía siempre un vaso en la mano, canta Otis desde la entradora primera estrofa del tema que bautizó su debut a comienzos de los 70 para el sello Hi Records, de Memphis, donde grababan por entonces Al Green y Ann Peebles. Nacido en Waxhaw, Mississippi, y afincado en Chicago, Clay --según la siempre confiable All Music Guide-- nunca tuvo un mega hit, pero supo ser un visitante periódico de las listas de rhythm'n'blues y una presencia perdurable en el blues y el soul vintage, encontrando tambien su lugar en el mundo del gospel. Murió muy en silencio en enero de este año, a la más que respetable edad de 73 años, y lo más lejos que llegó en la busqueda de ese hit consagratorio que nunca alcanzó fue este Trying to live my life without you, cuya letra sigue así hasta encontrar su estribillo: Romper esos hábitos fue algo difícil de hacer/ pero nada me preparó para los cambios/ que a los que me obligaste/ Tratar de vivir mi vida sin vos, Nena/ Es lo más difícil que alguna vez tuve que hacer. Gracias Peter y gracias Otis, entonces. Por estar siempre ahí, porque si no fuese por gente como ustedes bien podría terminar sentadito en mi sillón, al lado de una mascota ajena, esperando noticias de una música más cretina. Por eso es que vale la pena parar la oreja, hacer play, y esperar la llegada de Otis promediando ese Lado B todavía por estrenar de un no-programa que parece hecho para este lunes que es domingo, que es feriado y, como si fuese poco, un feriado bien cretino.
Tengo que confesar que un par de temas del nuevo Musica Cretina son algo así como sugerencias de Peter Wolf, que cerró de la mejor manera posible --con uno de los temas de su último discazo, A cure for loneliness-- el no-programa anterior. Lo que sucedió es que buscando información sobre el buen Peter para lo que primero iba a ser un post cretino y luego terminó siendo una caprichosa nota en Radar, descubrí que siempre me terminaba distrayendo detrás de pistas musicales de todo tipo, algo en lo que el ex lider de la J Geils Band no sólo siempre es prolífico sino ademas demuestra su muy buen gusto. Después de todo, además de la contundencia rocker de su show en vivo, aquella mitica época inicial del grupo con el que se hizo famoso es deudora en gran parte a un repertorio basado en su colección de discos. Y no parece haber perdido ese toque, al punto que A cure for loneliness es un álbum construido como si fuese la impecable lista de temas de un programa de radio, heterogénea rítmicamente, pero homogénea en términos de, digamos, onda. Eso que le sobra a Wolf, y que despliega en cada una de las entrevistas con las que me fui encontrando en internet donde, casi sin hacer esfuerzo, deja caer una oscura referencia musical tras otra. Una de ellas hacía referencia a Otis Clay y su disco Trying to live my life without you, que Wolf traía a cuento como ejemplo del placer perdido de perder el tiempo curioseando en las bateas de eso que se solía llamar disquería. Porque de pronto te podías encontrar con una tapa como la del disco de Clay, y saber que tenías que llevártelo a casa, aunque no tuvieses idea de qué era. Y la verdad que apenas lo busqué en internet me pasó lo mismo: esas letras gorditas del título, clásicas de los 70, la foto con el tipo sentado en un sillón enorme mirando el teléfono en una mesita al lado del retrato de una mujer que no está, pero se ha dejado el perrito faldero que es su única compañía pero no llega a ocupar el espacio libre en el sillón, y como remate el nombre --Tratando de vivir mi vida si vos-- fueron un combo irresistible. Solía fumarme cinco paquetes de cigarrillos por día/ fue lo más difícil dejarlos de lado/ Bebía cuatro o cinco botellas de vino/ tenía siempre un vaso en la mano, canta Otis desde la entradora primera estrofa del tema que bautizó su debut a comienzos de los 70 para el sello Hi Records, de Memphis, donde grababan por entonces Al Green y Ann Peebles. Nacido en Waxhaw, Mississippi, y afincado en Chicago, Clay --según la siempre confiable All Music Guide-- nunca tuvo un mega hit, pero supo ser un visitante periódico de las listas de rhythm'n'blues y una presencia perdurable en el blues y el soul vintage, encontrando tambien su lugar en el mundo del gospel. Murió muy en silencio en enero de este año, a la más que respetable edad de 73 años, y lo más lejos que llegó en la busqueda de ese hit consagratorio que nunca alcanzó fue este Trying to live my life without you, cuya letra sigue así hasta encontrar su estribillo: Romper esos hábitos fue algo difícil de hacer/ pero nada me preparó para los cambios/ que a los que me obligaste/ Tratar de vivir mi vida sin vos, Nena/ Es lo más difícil que alguna vez tuve que hacer. Gracias Peter y gracias Otis, entonces. Por estar siempre ahí, porque si no fuese por gente como ustedes bien podría terminar sentadito en mi sillón, al lado de una mascota ajena, esperando noticias de una música más cretina. Por eso es que vale la pena parar la oreja, hacer play, y esperar la llegada de Otis promediando ese Lado B todavía por estrenar de un no-programa que parece hecho para este lunes que es domingo, que es feriado y, como si fuese poco, un feriado bien cretino.
sábado, 18 de junio de 2016
Oscar, "Sometimes"
Sólo cuando te miro/ me doy cuenta de las cosas que quiero hacer
Sábado de sol y Música Cretina, y entonces hay que abrirle
paso a Oscar Scheller, la cara nueva del pop británico, que acaba de sacar un
irresistible álbum debut, Cut and paste. Como para su música Oscar se presenta simplemente
así, como Oscar, sin apellido, es dificil googlearlo, porque uno termina
siempre en el consabido premio, estatuillas y alfombra roja. Sin embargo,
parece que su debut era bastante esperado, después de un EP y algunos simples
que habían ido preparando el camino. Aunque tengo que confesar que me enteré de
su existencia recién cuando leí una reseña de la NME en donde parecían quejarse
de que todos lo venían comparando con Blur y Elástica, pero enseguida
agregaban: "y está bien". Asi que allá fui, entonces, y confieso
haberme entregado con el primer redoble de batería y la primera vuelta de la
infecciosa melodía de Sometimes, en el que suena realmente muy
Blur, pero hay otras capas de influencias por ahí, hijito como es del pop y la
new wave de los ochenta, pero literalmente, ya que sus padres estaban al frente
de un grupo llamado The Regents. Pero basta de trivia, y dejemos sonar al
veinteañero y londinense Oscar en este sábado que parece levitar al sol y en
medio de una finde extralarge, ideal para dejar sonar completito un nuevo y
flamante no-programa, que abre tal como como abre el disco de Oscar, anunciando: Soy lo peor que vas a conocer/ Siempre, siempre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
