jueves, 6 de noviembre de 2014

Andrés Calamaro, "Me pierdo"


No quiero olvidarte/ pero pasa el tiempo

Si, hay un nuevo Música Cretina. Después de casi dos meses, de regreso. Y no podía faltar un tema de Honestidad Brutal. Un álbum al que también siempre se vuelve, y del que nunca se sale con las manos vacías. Este es un hermoso tema perdido en el primer disco, que acusa letra de Calamaro junto al Bebe Contepomi. Fue el Bebe el que me dijo, cuando Andrés nunca terminaba de grabar el sucesor de Alta Suciedad, que había que caer con alguna letra, que como no paraba de grabar, en algún momento de la noche te pedía alguna. Así que cuando el yugo periodístico me llevó hasta Madrid, aproveché para caer una noche por aquel cuarto piso de la Calle del Pez, convenientemente provisto de un papelito con algunos versos que consideré calamarescos. Si mal no recuerdo, aquel viaje fue para ir a entrevistar a Manolo García, y el Bebe formaba parte de la delegación periodística. Ambos escapamos de Las Ventas cuando terminó el show, sin ir a saludar a nuestro anfitrión al camarín, lo que motivó que el recontrabotón de Manolo elevase sus quejas a la discográfica. Pero eso es otra historia. La cuestión es que, algunas noches más tarde, subí aquellos cuatro pisos de trasnoche para encontrarme con Gringui Herrera y Andrés en un hogar en penumbras, con el pequeño estudio que era como el corazón del departamento en plena actividad. Había pasado unos días antes en horario diurno, y Andrés me había hecho escuchar unos temas que había grabado con Andy Chango, uno de los cuales se me quedó en la cabeza durante varios años, y eso que nunca lo volví a escuchar y jamás fue grabado. Se llamaba De pipas por ti, y para mí integra el mismo limbo de Graciela –un descarte de Honestidad--, los himnos pegadizos prohibidos, los mejores temas de Andrés que nunca nadie ha vuelto a escuchar. Aquella noche yo penaba de amor por una madrileña, pero cargaba con versos de corazón roto escritos para desencantos anteriores. Con la computadora encendida, Andrés revolvió mis infames papelitos garabateados con apenas una o dos líneas, y eligió una de ellas. Decía así: No quiero ser el estúpido que llama/ para acusarte a las tres de la mañana. Durante años había cargado ese verso, incapaz de continuarlo con frases que estuviesen a la altura, y Andrés aquella madrugada lo copió en una página en blanco computada, lo corrigió, y empezó a escribirle cosas antes y después, sin detenerse. Lo vería hacer esto en mil y una oportunidades después, ya en Deep Camboya, sobre cuadernos espiralados repletos de canciones escritas a toda velocidad en una letra imprenta enorme, lista para ser grabada apenas terminase de ser redactada. Gringui estaba sentado con su guitarra, al lado de la pequeña torre que sostenía la computadora. Me acomodé del otro lado, y con Andrés repasamos la letra, atreviéndome a proponer --de cararrota total-- alguna pequeña corrección. Andrés y Gringui se pusieron a grabar el tema durante el resto de la noche, y juro que ya no me acuerdo de mucho más. Recuerdo que, con la luz de la mañana filtrándose por las persianas, Andrés tocaba el hammond que estaba fuera del pequeño estudio, agregándole su sonido al tema, y yo disfrutaba como un marrano y le pedía que sonase más y más fuerte, imaginando que era un tema perdido de Blonde on blonde. Las idas y venidas de mis días madrileños con Calamaro durarían toda una semana, e incluyeron un viaje a las afueras de Valencia para verlo tocar con su grupo, y una entrevista publicada en Página/12 en la que Andrés aseguraba enigmáticamente que no quería adelantar el nombre de su próximo disco, pero que el sucesor de Alta Suciedad ya había sido grabado y se llamaba Blood on the tracks. Cuando finalmente apareció Honestidad brutal, mas o menos un año después de esta anécdota, recuerdo haber salido del edificio del rulero, que está en la 9 de Julio y Libertador, donde estaban en aquel entonces las oficinas de Warner, abriendo el plástico que recubría el disco mientras caminaba por la calle, buscando mi nombre en el librito interno. Ahí estaba Negrita, el tema que grabamos aquella noche, en el segundo de los dos discos. Pero yo apenas aparecía acreditado como uno de los músicos. Después de todo, era el tema más personal del disco, uno que creo que Andrés jamás tocó en vivo, y era injusto que luciera algo más que su firma. Pero durante años nos divirtió el hecho que la frase del llamado de madrugada, que muchos podían asociar a su polémica de aquellos años con Charly García y sus llamados telefónicos extemporáneos, la hubiese escrito yo y no él, y refiriéndome a pecados personales y nunca ajenos. La firma de Contepomi, en cambio, ahí estaba y sigue estando, acompañando a este Me pierdo, perlita en la que estuve atrapado todo este tiempo y recién ahora salgo y me asomo a este jueves cretino de hermoso sol de mediodía, cuando el mundo parece todo entero y no hecho de partes, y el presente es un licor para beberse de un trago. Como el Música Cretina que está acá, listo para ser escuchado sin prisa y sin pausa, a un play de distancia.   

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